Distribución espacial e identificación de la población afromestiza de Coatepec, Ver., Según el padrón de 1791

Citlalli Domínguez Domínguez

INTRODUCCIÓN

 

El presente trabajo tiene como interés fundamental desarrollar un primer acercamiento a la distribución espacial e identificación de la población de origen africano en el pueblo de Coatepec, Ver., hacia el año de 1791. Esta distribución espacial, identifica el patrón de asentamiento de los afromestizos en el espacio protourbano, y los oficios desempeñados por ellos, como instrumento que nos permite establecer la complejidad que se estaba dando en el pueblo, producto de una demanda cada vez más insistente de los habitantes de la zona rural, que demandaban del pueblo de Coatepec servicios y productos que no podían adquirir, por no poderse trasladar a la villa de Xalapa. También ahondamos en la conformación histórica de la región de Coatepec, basándonos en el modelo solar y de los anillos concéntricos propuestos por Erick Van Young, para comprender la dinámica de los mercados regionales y la ciudad principal. Para este caso, decidimos enfocar a la región como agromanufacturera dedicada al cultivo de la caña de azúcar y dominada por hinterland agrícola constituido por unidades productivas, como los ingenios y haciendas azucareras. La producción azucarera de los ingenios de la región de Coatepec estaba enfocada al consumo de los mercados regionales de la ciudad de México y de Puebla.

Por último, decidimos considerar el sistema de las dos repúblicas (república de españoles y república de indios), impuestas tempranamente como medidas de segregación racial para reglamentar los asentamientos y, con ello, impedir que la población se mezclara. Sin embargo, si observamos el proceso histórico seguido por las ciudades y pueblos novohispanos, desde una perspectiva de larga duración, nos daremos cuenta que dicho sistema fue poco factible, ya que en varios pueblos considerados jurídicamente como pueblos de indios no se mantuvieron como tales; prueba de ello es el pueblo de Coatepec, el que, hacia el año de 1791, estaba conformado por una sociedad mestiza. Así, los pueblos circunscritos por unidades agrícolas reprodujeron dentro de sus espacios relaciones sociales complejas, que no precisamente estaban enmarcadas por una polarización racial.


 

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

Para los fines del estudio que realizamos, el Padrón de 1791 presenta ciertas limitaciones para analizar en su conjunto a los tres grupos socio-raciales que conformaron el pueblo de Coatepec, en 1791, ya que los indígenas del pueblo y de la región no fueron contabilizados, porque el padrón respondía a intereses militares. Pese a ello, dicha fuente resulta imprescindible para conocer la distribución espacial e identificación de la población afromestiza de Coatepec, grupo social que resultó de vital importancia dentro de la conformación económica de la región y que ocupa el interés de nuestro estudio. Con base en el análisis del Padrón de Revillagigedo (1791), establecemos las siguientes preguntas:

De acuerdo con la legislación indiana, las leyes de poblamiento instituidas desde inicios del virreinato dividieron el orden social colonial en república de indios y república de españoles. Esta estrategia utilizada por el gobierno virreinal para garantizar el control espacial de dos sociedades claramente polarizadas mostró tempranamente su fracaso como medida de segregación racial, ya que la incorporación de un tercer grupo socio-racial (esclavos africanos), en la segunda mitad del siglo XVI, trastocó la reglamentación jurídica de las dos repúblicas. Hecho que posteriormente derivaría en el surgimiento de grupos de individuos mezclados.

Resulta conveniente problematizar en torno al espacio protourbano del pueblo de Coatepec hacia 1791. A partir de un proceso de larga duración, donde la población de mezcla —en este caso me refiero a los afromestizos— constituían la mayor parte de la población del pueblo, observamos como existe una distribución espacial de los afromestizos, con base en el oficio desempeñado y su relación con los productos demandados por el mercado regional circundante. Es decir, oficios tales como el del zapatero y el carnicero se localizaban en la calle principal, que conducía a la villa de Xalapa, que era el principal demandante de estos productos.

Por último, el padrón surgiere las siguientes cuestiones: el crecimiento del pueblo de Coatepec se debió a la demanda del mercado urbano de la villa de Xalapa y también fue estimulado por la demanda de los habitantes de las haciendas e ingenios azucareros, que demandaban bienes y servicios inmediatos, para no tener que trasladarse a la villa xalapeña.

 

 

HIPÓTESIS

a).- Demostrar que el fracaso del sistema de repúblicas duales dio como resultado el surgimiento de pueblos y sociedades mestizas. Hecho comprobable a través del padrón de 1791 , donde se observa que el pueblo de Coatepec está habitado por los tres grupos socio-raciales de la región (indígenas, españoles y afromestizos); ello nos lleva a pensar que existió una convivencia social importante, lo que se ve reflejado en la distribución espacial de los grupos. Por otro lado, a diferencia de la villa Xalapa, donde la escala espacial refleja una jerarquización social basada en la pertenencia de grupo, en el pueblo de Coatepec no existió una relación directa entre el patrón de asentamiento de los afromestizos y su calidad socio-racial.

b).- La conformación de un espacio protourbano en el pueblo de Coatepec, caracterizado por relaciones sociales más complejas y por el dominio de los pueblos sobre las haciendas e ingenios de su hinterland, produjo un surgimiento de oficios diversos enfocados a satisfacer la demanda local de ciertos productos y servicios. Aunado a ellos, existió una movilidad espacial interna, es decir, localizamos trabajadores afromestizos libres, viviendo en el pueblo, pero trabajando en las haciendas e ingenios, los cuales se trasladaban cotidianamente del pueblo a la zona rural.


 

ENFOQUE TEÓRICO-METODOLÓGICO

Primeramente, partamos de la idea de región: para los historiadores, la región posee un ritmo y una alternancia periódica de los elementos de un proceso. Tanto en el espacio como en la región, existe un orden en donde se articulan hechos en el tiempo, mediante una sucesión periódica de acontecimientos y coyunturas, articuladas con las estructuras sociales. Existe un espacio ocupado, percibido, interpretado y realizado históricamente por sus habitantes, el cual adquiere un significado y, a la vez, mediante él, se tejen relaciones y códigos sociales que permiten relaciones integracionistas y no de conflicto; ejemplo de lo anterior es el pueblo de Coatepec, en 1791. Así, habitar, usar y experimentar un espacio lleva a un conocimiento acumulado en torno al mismo, y a una planificación cotidiana que origina, tanto continuidades, como cambios.

En la formación del espacio novohispano, el tributo impuesto por los indígenas a sus vasallos mesoamericanos jugó un papel importante dentro de la conformación de la estructura colonial. La distribución y concentración de bienes, así como la constitución de redes comerciales y centros de mercado mesoamericanos fueron igualmente útiles para determinar la distribución de las encomiendas. Las encomiendas y sus sedes territoriales se establecieron como ejes de pueblos y barrios, ello ayudó al establecimiento de las redes articuladoras de los incipientes centros urbanos que, posteriormente, derivarían en la conformación del sistema de ciudades novohispanas y los mercados regionales. Dicho sistema de ciudades con sus mercados regionales derivó en una especialización de las regionales, en cuanto a la producción; sin embargo, hacia 1759, con la implantación de las Reformas Borbónicas, algunas regiones perderán dinamismo. Por ejemplo, el estanco del tabaco: instaurado para las regiones de Córdoba y Orizaba en Veracruz, éstas se empezaron a conformar como regiones especializadas en el cultivo de la hoja, lo cual derivó en que regiones como Coatepec y Xalapa no pudieran seguir sembrando tabaco y, por lo tanto, limitaran su producción al cultivo de la azúcar y el café.

En la historia de América Latina y México, se destaca la naturaleza de la gran propiedad rural y la evolución histórico-geográfica de regiones que cuentan con ciudades centrales. Con base en esto, en los estudios sobre la ciudad y su región en el periodo colonial se plantea la necesidad de identificar ciudades centrales que dominan su hinterland y que, a su vez, garantizan su preponderancia y hegemonía a través del control del mercado urbano. Resulta trascendente, según nos advierte Van Young, identificar la geografía histórica de la zona que provee de alimentos a la ciudad central para garantizar el abastecimiento del mercado urbano y regional, a través de su hinterland agrícola; por medio de ello podemos considerar la integración regional de la ciudad principal y sus unidades productivas, configurándose una relación espacial y de interdependencia. De lo anterior, podemos derivar en una conceptualización de la región, en función de dos ejes: 1) funciones nucleares y 2) anillos concéntricos, para identificar el papel que juega el principal núcleo de población, ya sea una función económica, eclesiástica, o política. Este tipo de esquema, propuesto por Van Young, tiene como base principal la teoría de Von Thünen, que desarrolló la relación que existía entre las ciudades y su hinterland con respecto a la producción agrícola. Con los círculos de Von Thünen se daba una geografía de la producción, en función de las distancias y el tamaño de los centros de consumo.

Para poder esquematizar el espacio colonial novohispano, podemos atender a la aplicación del modelo solar, que toma como base la teoría del Lugar central. Dentro del modelo solar, aplicado a la realidad regional y económica novohispana, el espacio se concibe como un espacio polarizado caracterizado por una complejidad en la jerarquización urbana y en la estructura social, identificado por la presencia de flujos comerciales internos. También se advierte la evolución de núcleos urbanos a partir del crecimiento demográfico de su población. Dentro de una región conformada por una ciudad central y su hinterland se advierte el surgimiento de mercados internos que dotan de productos al mercado urbano. Los mercados internos, a su vez, se encuentran vinculados a los espacios internos (unidades productivas y pueblos), dando paso a un proceso de regionalización como espacio económico, que se subdivide en áreas de especialización y una rudimentaria división del trabajo.

Debemos considerar que cuando aplicamos este tipo de modelos al espacio colonial existen rasgos económicos, sociales y culturales concretos; uno de ellos es que nos encontramos ante un proceso de protoindustrialización del espacio y las regiones, en donde advertimos la influencia del crecimiento demográfico de la población mediante ciclos seculares que manifiestan un crecimiento relativamente continuo. El análisis regional, basándonos en el modelo solar, con su inevitable énfasis en los elementos económicos, las relaciones espaciales y cierto tipo de interacciones sociales, pueden dejar de lado otros aspectos importantes de la estructura y el cambio, como la etnicidad y el conflicto étnico.

En cuanto, al concepto de espacio protourbano, lo retomamos del estudio hecho por Manuel Miño Grijalva, con respecto a la población, ciudades y economía del siglo XVII y XVIII en México. El autor señala que el espacio protourbano debe ser concebido como aquel que poseía los componentes esenciales de una ciudad o villa, como son: una ««iglesia, hacendados, propietarios rurales y comerciantes», además de los oficios propios de los espacios urbanos, como lo fueron: los milicianos, zapateros, sastres y plateros, etc. Otra de sus características residía en que los ««pueblos como núcleos protourbanos adquirieron, en el siglo XVIII, fuerza en torno al mundo agrario dominado por los haciendas y ranchos; se observa que su presencia alteró profundamente la constitución de la propiedad agraria, pues hacia 1800 los pueblos retenían la mayor parte de la población».

  • Número 114. Año III. 10 de febrero de 2020. Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.

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Del 10 al 16 de febrero de 2020

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