La última batalla de un educador

Humberto Santos Bautista

Luego fuimos a la conferencia y presentación del libro en el CAM. Arcángel Ramírez se sentó en primera fila. Unas butacas a la izquierda las autoridades del CAM y Edwin Noel Morales Leguizamo, alto funcionario de la Secretaría de Educación local. Justo detrás de ellos, otro dirigente: Robespierre Moreno Benicio, secretario general de la Sección XIV del Sindicato Único de Servidores Públicos del Estado de Guerrero. Recibí e hice críticas. Hubo debate, más no diatriba. No se trataba de convencer unos a otros. Sin embargo, estuvieron de acuerdo en que las cosas importantes que hacen a favor de la educación de los guerrerenses se oscurecen ante el fulgor de la lucha reivindicativa. Un dilema de difícil solución. ¡El ADN político pesa mucho!»
Carlos Ornelas Disidencia magisterial y proyecto alterno (10 de marzo de 2019).

El sábado 2 de marzo de 2019, nos encontramos en Acapulco para desayunar. Teníamos tiempo limitado, porque había que estar en el CAM Acapulco en las primeras horas de la mañana, donde ya nos esperaba el maestro Fernando Reséndiz, para presentar el libro La contienda por la educación, del doctor Carlos Ornelas, quien un día antes, como gran educador que es, también lo había presentado en Chilpancingo, por la mañana, y por la tarde, dictó en la Unidad UPN-121 una conferencia sobre las reformas educativas. En ambos actos, la asistencia fue numerosa y la contribución al debate sobre la cuestión educativa llenó las expectativas de los asistentes.

La mañana de ese sábado, camino hacia Acapulco, le dije al doctor Ornelas que íbamos a desayunar con el maestro Arcángel Ramírez Perulero, que era el secretario general de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG), filial de la CNTE y con un historial de lucha conocido dentro y fuera del Estado, a lo que él se limitó a responder: «Me parece bien, pues será interesante conocerlo para intercambiar opiniones. Aunque no se te olvide que yo tengo una opinión muy crítica de la CNTE». Cuando llegamos ya nos esperaban; y a la par del desayuno se inició una conversación en la que el doctor Carlos Ornelas, con una gran paciencia pedagógica, les dijo que no compartía las estrategias de lucha de la CNTE y, por supuesto, de la CETEG, porque, en varios casos, no se diferenciaban de los métodos oscuros de los que por muchos años había identificado al sector institucional y que ellos denominaban «charros»; sobre todo, en el largo periodo hegemonizado por Elba Esther Gordillo, desde 1989, cuando Carlos Salinas de Gortari, había facilitado su arribo a la dirección del SNTE, hasta que el presidente Enrique Peña Nieto decidió removerla y meterla a la cárcel en febrero de 2013. En ambos casos –así se los hizo notar–, la debilidad era la misma: tanto el sindicalismo oficial como la disidencia magisterial habían priorizado la cuestión laboral y se olvidaban del problema pedagógico que, se supone, tendría que ser el corazón de las preocupaciones del magisterio. Tratando de mediar en ese diálogo pedagógico que por primera vez yo presenciaba entre la dirigencia de la disidencia en Guerrero y un académico reconocido dentro y fuera del país, me permití hacer una serie de precisiones, en el sentido de que hacía falta repensar a la educación pública, pero que había que hacerlo desde sus propias reservas culturales, sobre todo, cuando la escuela pública parecía encerrada en un laberinto sin salida. Dije que en ese escenario, era absolutamente incomprensible que la disidencia magisterial no hubiera tomado conciencia de la magnitud de la problemática educativa, la cual, era inevitable que tendía a agravarse cada vez más, por lo que ya era imprescindible preguntarnos qué hacer con la educación pública de Guerrero.

Les plantee que desde mi perspectiva, el método que necesitábamos para transformar a la escuela pública pasaba por potenciar la imaginación pedagógica desde las aulas, porque los fines superiores de la educación pública habían sido secuestrados por una burocracia que había confundido la administración de los servicios educativos con la administración del conocimiento, por lo que era incapaz de mirar más allá del espejismo que le imponía los dogmas del mercado, situación que se complicaba, por la subordinación de la SEP, frente a un sindicato como el SNTE, incapaz de pensarse por fuera de los círculos de la corrupción. También mencioné que el problema se hacía más complejo, porque la disidencia magisterial tampoco había podido pasar de la protesta a la propuesta, para plantear alternativas viables a los problemas emergentes de la escuela pública: rezago educativo, calidad educativa deteriorada, infraestructura lamentable de la mayoría de las instituciones de todos los niveles y, sobre todo, un sistema educativo carcomido por los niveles de corrupción que habían desnaturalizado la tarea de educar.

Resalté que era por toda esta complejidad en la que se desarrollaba la tarea pedagógica, que me parecía necesario potenciar la imaginación pedagógica desde la escuela y abierta a todos los sujetos de la relación pedagógica: maestros, alumnos, padres de familia, porque solo a partir de ese diálogo podríamos redefinir los fines educativos y dignificar a la escuela pública. También les advertí de que en ese contexto, la agenda educativa no se podía seguir decidiendo solo entre la burocracia oficial y sindical, porque había sido a partir de esa exclusión de los docentes que hacían su tarea en las aulas, que se había desgastado tanto el discurso educativo y que había quedado reducido a una mera referencia escolar, y se olvidaba que la educación era, quizá, el último espacio público que nos estaba quedando para moderar la opulencia y la indigencia, como aspiraba Morelos en Los Sentimientos de la Nación.

Me extendí tratando de explicar que, en ese mismo contexto, Ignacio Manuel Altamirano –el creador del normalismo y de la literatura nacional– era el mejor ejemplo del papel que juega la educación para trascender la pobreza y para lograr la reconciliación nacional, y era en esa perspectiva que la disidencia tendría que atender los grandes rezagos educativos, armonizando en las aulas los nuevos lenguajes de la ciencia, de la tecnología y del arte.

El maestro Arcángel Ramírez Perulero escuchaba en silencio y, como decía Paulo Freire, los silencios son, en la mayoría de los casos, más creativos que «el verbalismo inoperante», porque fue entonces cuando dijo: «La CETEG tiene el proyecto de la Escuela Altamiranista, inacabado es cierto, pero lo bueno es que ya lo hemos empezado, aunque vamos muy despacio».

De parte de esa conversación y de ese proyecto inacabado se ocupó después el doctor Carlos Ornelas en algunos de sus artículos de opinión, en donde destacaba el carácter civilizado de esa platica con el máximo dirigente de la disidencia y sus colegas –«duros entre los duros», escribió Ornelas para definirlos con precisión–, pero enfatizando que había en ciernes un proyecto educativo, y que ése era, sin duda, un salto cualitativo, aunque también advirtió de que el ADN impregnado que lleva la CETEG, a veces los hacía olvidarse de lo fundamental, y no se entendía que en el contexto actual ya no sirven las tomas de edificios, las marchas, los plantones ni las consignas huecas y vacías que ya no espantan a nadie, porque lo que se necesita para atender los grandes desafíos, son ideas y proyectos.

La muerte ha sorprendido al maestro Arcángel Ramírez Perulero, y el mejor homenaje que le puede hacer la CETEG es precisamente ayudar a desarrollar un proyecto educativo propio; ésa es la única forma en que pueden honrar su memoria y su legado de lucha. Y lo peor que pueden hacer es lo inverso: lucrar con ese legado y reducirlo a bandera de lucha para negociaciones oscuras que son las que han contribuido a hacer más grande la brecha del rezago y al deterioro de la escuela pública. Se espera que no olviden de la tarea que les queda y, sobre todo, que ojalá puedan estar a la altura de poder cumplirla, porque la historia no los absolverá.


Bases para el debate serio

José Francisco García González

En medio de la proliferación de noticias falsas y el desinterés de las nuevas generaciones por profundizar en los temas que les afectan, una regla de oro para hablar y desarrollar un tema de interés social, es contar con la información básica y elemental para plantetar ideas y opiniones apegadas a la realidad y útiles para entender los acontecimientos en su justa dimensión.

Esto es importante porque ahora existe la libertad de hablar de todo y de todos (cual si fuésemos especialistas), sin siquiera medir las consecuencias y los alcances de las opiniones. Pareciera que solo se trata de ser vistos en las redes sociales y en los medios de comunicación. Unos pretenden compartir información de interés para determinado público; otros ejercen una crítica sistemática contra el actual gobierno federal; algunos más lo hacen porque es parte de su actividad y deben cumplir con quien les paga por su «trabajo». Pero también están los que se ubican en una posición ideológica de convencimiento de lo que dicen y hacen, sin otro interés más que influir en algunos sectores de la sociedad en dos vertientes: ya sea para la crítica malsana o por otro lado para inducir a las audiencias a conocer en parte la realidad del entorno sobre el que se habla o escriba.

Utilizando el método inductivo de la ciencia social, se podría comenzar por conocer la definición más simple del concepto de economía. Los griegos la definían no en el sentido estricto de como hoy la conocemos y percibimos, sino como una actividad cotidiana. El origen etimológico divide a la palabra griega oikonomos, que significa administración del hogar: oikos significa hogar, y nomós, que significa administración. Aristóteles la definió como una de las tareas de adquirir lo necesario para el abastecimiento de las necesidades esenciales de una casa o familia.

Desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, las cuestiones económicas fueron adquiriendo mayor importancia y, por lo tanto, se amplió su campo de acción, adquiriendo dimensiones de la economía propiamente dicha. Fue después del periodo renacentista en el que se le definió como la rama del conocimiento enfocada esencialmente a la mejor administración del Estado; pero solo hasta el siglo XVIII ingresa en su fase científica a partir de dos pensadores de la economía clásica: Adam Smith, economista y filósofo escocés, y François Quesnay, economista francés de la escuela fisiocrática y de profesión médico cirujano. Ellos fueron quienes se dedicaron al estudio y análisis de los principios y teorías que rigen los tres grandes aspectos de la actividad económica: producción, distribución y consumo de las riquezas. A partir del análisis de estas tres bases de la economía se fundaron las bases que sustentaron las definiciones clásicas de la economía. Posteriormente se amplió el estudio de los fenómenos económicos y el desarrollo de teorías científicas. Los socialistas, con su principal teórico Carlos Marx, basaron el análisis teórico y científico de la economía en la producción y distribución de las mercancías; sobre dichas bases se descubre que la explotación de la clase trabajadora radica en el excedente del trabajo no pagado, el cual el capitalista se apropia y denomina plusvalía. Así inicia, incluso, el estudio completo de su obra El capital, con el análisis de la mercancía como el origen de la generación de la riqueza de la burguesía.

Los economistas neoclásicos por su parte enfocaron la atención en comprobar el proceso económico tendiente a satisfacer las aspiraciones humanas y sus necesidades materiales, lo que hizo que esta ciencia se abocara a considerar conceptos más extensos para explicar los movimientos de la economía a escala macroeconómica en cuanto a la generación de riqueza y el bienestar social. Federico Engels, perteneciente a la corriente objetiva de la economía la definió como: «la ciencia que estudia las leyes que rigen la producción, la distribución, la circulación y el consumo (valor de uso y valor de cambio de las mercancías) de los bienes materiales que satisfacen las necesidades humanas». La corriente subjetiva representada por L. Robbins la definió como: «la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos que poseen unos usos alternativos entre los cuales hay que optar». Con estas bases, otros autores, como Paul A. Samuelson, la define: «el estudio de la manera en que los hombres y las sociedades utilizan (haciendo uso o no del dinero) algunos recursos productivos escasos para obtener distintos bienes y distribuirlos para su consumo presente o futuro entre las personas y grupos que componen la sociedad», y Mc.Connell Brue, que la definió como: «ciencia social que se ocupa del uso eficiente de los recursos limitados o escasos para lograr la máxima satisfacción de las necesidades ilimitadas de los seres humanos». En resumen, no se puede considerar una definición estrecha y única de economía; sin embargo, las diferentes corrientes coinciden en varios elementos que se convierten en el objeto mismo del estudio y el movimiento de la economía. Para cerrar las definiciones, cabe citar la del Diccionario de la Real Academia Española: «A) la administración eficaz y razonable de los bienes; B) el conjunto de bienes y actividades que integran la riqueza de una colectividad o un individuo; C) la ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades».

Pero para tener una visión más objetiva de la realidad económica, no solo del hogar, la familia, la comunidad, sino de una situación más compleja en el manejo de la economía de una nación y/o ahora en el mundo globalizado, la economía se divide en dos niveles: microeconómico y macroeconómico, en donde la microeconomía es la parte que se encarga del análisis relacionado con el comportamiento de cada agente económico; tiene por objeto estudiar el comportamiento económico de las unidades específicas en forma individual, como consumidores, propietarios de recursos, la empresa, la familia, la unidad productiva propiamente dicha, la preferencia de bienes y servicios, el mercado en que operan, los gastos en que incurren; es decir, todo lo concerniente a la toma de decisiones individuales en empresas y hogares (aquí, el Estado, por lo regular, no ejerce de forma directa el control sobre esa actividad económica). En microeconomía se habla entonces de una industria, del precio de un producto específico, del número de trabajadores empleados por una sola empresa, de la renta o ingreso de un solo negocio o familia en particular; de los gastos corrientes de un gobierno, una entidad. En tanto la macroeconomía se encarga de estudiar agentes económicos de más complejidad, donde los indicadores económicos de medición dependen no solo de factores internos, sino externos, tales como el producto interno bruto, la balanza de pago, los niveles de fluctuación de la moneda, las tasas internacionales de interés. La macroeconomía es la rama que estudia el funcionamiento y los problemas de la economía como un todo y las relaciones existentes entre variables agregadas, tales como el ingreso o producto nacional, el consumo, el ahorro, la inversión, el gasto fiscal, los impuestos, el saldo de balanza comercial, la oferta monetaria, la tasa de interés, el nivel general de precios, el de sueldos y salarios, así como el nivel de empleo, las inversiones privadas o públicas, las importaciones y exportaciones de todos los bienes y servicios. Igualmente estudia las subdivisiones o agregados básicos como los sectores económicos, el gobierno, las familias, las empresas o negocios, las regiones, los consumidores, tratando cada grupo como si fueran una unidad. Es decir, a diferencia de la microeconomía, que los trata de forma individualizada, en la macroeconomía son considerados como un conjunto de grupos que integran y participan en las variables económicas con más dinamismo. Su metodología consiste en definir y analizar las relaciones entre variables macroeconómicas considerando simultáneamente todas las influencias que pueden determinar el comportamiento económico global que no siempre coincide con la suma de las actividades individuales, intenta explicar cómo se determinan estas variables agregadas, y sus variaciones en el tiempo, investiga las causas y soluciones para frenar el desempleo, la inflación, la balanza deficitaria de pagos de un país, el desarrollo económico de los países y efectúa la comparación entre los diversos sistemas económicos.

No obstante, la línea divisoria entre ambas ramas de la economía no significa que siempre se pueda definir con precisión, puesto que todos los temas no pueden ser clasificados estrictamente en uno u otro nivel, muchos de éstos comparten ambos niveles; por ejemplo, el desempleo y la toma de decisiones de un individuo al buscar empleo por todos los medios. En cuanto a la situación interna, se mide la producción de bienes y servicios del país, el ingreso público, el desempleo y la inflación. En general, la macroeconomía se ocupa del comportamiento de la economía como un todo. Se encarga entre otras cosas de medir el impacto que tiene la aplicación de las políticas económicas internas de un país en relación a su proceso productivo, en particular las que se refieren al comportamiento de la política de gasto e ingresos públicos, la política fiscal, la política monetaria y los efectos negativos que causan al presupuesto el pago de interés de la deuda pública. Además, analiza las relaciones económicas de un país con el exterior mediante las políticas económicas pactadas con otras naciones, entre otras, la política de tipo de cambio y en general la evaluación de las relaciones comerciales que pueden ser libres o gravadas por aranceles. En el mundo globalizado, cualquier «estornudo» de un país desarrollado, puede ocasionar un «catarro» a nuestro país, como lo parodiaban los tecnócratas neoliberales de los gobiernos del PRI y del PAN. Y en realidad existe una explicación que tiene sentido, por las relaciones comerciales y en la cadena productiva que existen entre una nación y otra, entre un continente y otro, y de una economía con relación a otra que se mueva en el mismo sistema, que dicho sea de paso, actualmente todas se encuentran operando dentro de las reglas del capitalismo globalizado (es lo que está viviendo el mundo y lo que resta con la crisis mundial por la pandemia), salvo honrosas excepciones, pero estos países están condenados a la marginación. El caso más ilustrativo es la economía de corte socialista de Cuba, con más de medio siglo de bloqueo comercial y su situación empeoró con la caída del muro de Berlín y el bloque socialista.

El estudio de los fenómenos económicos, por su propio dinamismo, se analiza en un periodo de tiempo determinado, puede ser a corto, mediano o largo plazos, utilizando como herramientas las estadísticas históricas y las más cercanas al periodo de estudio para poder realizar predicciones más exactas en la planeación de eventos macroeconómicos para mejorar las condiciones económicas y sociales de una nación. Por ejemplo, lo que se ha vuelto popular y todos mencionan: sobre los niveles de crecimiento económico que en los últimos meses he visto y oído opinar a verdaderos inexpertos en la materia, cuando nunca se interesaron antes y ni supieron durante muchos años a quién o quiénes benefició el famoso crecimiento que se registró en los años noventa. Y quizá tampoco se enteraron del incremento acelerado del precio del barril de petróleo a más de cien dólares en los periodos de Vicente Fox y Felipe Calderón, ni que con ese superávit se hubiera cubierto gran parte de la deuda externa que han ido heredando gobiernos saqueadores. Gobiernos donde se registraron altos márgenes de corrupción e ineficientes en el manejo de la economía. Peña Nieto casi remata al país, dejando una deuda de diez billones de pesos.

Ahora bien, es preciso decir que un crecimiento en la economía no siempre va de la mano con el bienestar generalizado de la población, ni siquiera en el periodo conocido como el Milagro Mexicano. En ese periodo, solo fueron unos cuantos los que se enriquecieron de forma exorbitante, y fueron los monopolios mexicanos y extranjeros los que se fueron consolidando desde principios de los años noventa con la entrada en vigor del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), en el último tramo de gobierno del principal impulsor del neoliberalismo: Carlos Salinas de Gortari. Los gobiernos del PRI y del PAN nunca buscaron un crecimiento económico sostenido para el despegue de México hacia el desarrollo económico, dos factores que van juntos, pero con objetivos diametralmente distintos. El siguiente peldaño del crecimiento económico es llevar a un país hacia el desarrollo económico, pero a esos neoliberales jamás les pasó por la mente sacar del subdesarrollo a México. De lo que se trata era acabar con lo que tuvieran enfrente y embolsarse tantos recursos a su alcance con el desmantelamiento de las empresas paraestatales. No tenían el objetivo de readecuar hacia un proyecto integral de desarrollo en los principales rubros del espectro nacional, en donde todos los sectores de la población se incluyeran en el entramado del eventual progreso que los profesionales de la demagogia institucional anunciaban con bombo y platillo. No obstante, eso no llegaría por el solo hecho de adelgazar al «Estado benefactor», como satanizaba esta generación de tecnócratas neoliberales egresados de universidades extranjeras. Estos incondicionales directos de los organismos financieros internacionales, encontraron la mesa puesta y no tuvieron ni el más mínimo recato ni empacho en hacer y deshacer lo que les vino en gana con el patrimonio de generaciones de mexicanos. Se empalagaron embolsándose ocho pesos de cada diez, obtenidos con la subasta de las paraestatales y abandonando por completo la inversión en las áreas estratégicas de la economía y en su población para el surgimiento de una nación fuerte, como ellos mismos anunciaban. Fue un atraco a todas luces, ya que poco después de Salinas, Ernesto Zedillo cargó la deuda privada a publica (Fobaproa). Incluso, con información de los organismos financieros internacionales, muchas de esas empresas rescatadas eran de origen extranjero, con toda la mala intención los capitalistas especulativos y usureros que tienen bonos colocados en la deuda de Mexico han actuado desde siempre con ventajas en detrimento de la estabilidad económica de nuestro país.

Por ello, causa pena ajena ver que algunos añoran regresar a esos tiempos de rapiña y buena vida para pocos y miseria y marginación para millones.

Remington 12

De la década de 1920.

Del 7 al 13 de seeptiembre de 2020

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