juguete rabioso

Como debe

Mario Luzi (Florencia, Italia, 1914-2005), Honor de la verdad [Onore del vero, 1957], Ediciones Linteo, Ourense, España, 2012 Centro Cultural Tina Modotti, Caracas-

Como debe

 

¿Qué quieres tú que vienes de tan lejos

y en vuelo ciego entras en la niebla

hasta aquí donde aun los pajarillos

se desorientan de una rama a otra?

 

La vida, como debe, se perpetúa,

en mil arroyos se derrama. La madre

entre los hijos parte el pan, alimenta

el fuego; la jornada pasa, plena

o fastidiosa, llega un forastero,

se va, cae nieve, escampa o una llovizna

de fin de invierno apaga los colores,

moja zapatos y vestidos. Llega la noche.

 

Es poco, de otra cosa no hay señales.

 

 

 

Versión de Francisco Deco


Para desnudar las sombras

Federico Vite

La obra narrativa de Amparo Dávila resiste sin problema alguno la relectura. Cuentos reunidos (Fondo de Cultura Económica, México, 2009, 298 páginas) aglutina Tiempo destrozado (1959), Música concreta (1961), Árboles petrificados (1977) y Con los ojos abiertos (2008). Muchos de sus cuentos como El huésped, La celda, La señorita Julia, El espejo o Moisés y Gaspar destilan una juventud inaudita. No envejecen; de hecho, fácilmente podrían considerarlos como material reciente.

Durante su intervención, en 2008, en las conferencias que organizaba la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, Mujeres de letras, Dávila señaló algo que me pareció extraño y esas palabras ahora adquieren otra dimensión: “No creo en la literatura hecha a base de inteligencia pura o la sola imaginación, yo creo en la literatura vivencial, ya que esto, la vivencia, es lo que comunica a la obra la clara sensación de lo conocido, de lo ya vivido, lo que hace que la obra perdure en la memoria y en el sentimiento. Mi obra no es algo que yo fuera pensando, sino que fue saliendo. Y me siento muy afortunada, porque hay otras escritoras que no tienen el mismo reconocimiento que yo. Yo no escribo constantemente. Yo vivo mucho, intensamente; no dejo pasar la vida, sino que la gozo; pienso, medito y hasta que realmente tengo necesidad de escribir, escribo, pero no escribo compulsivamente como muchos escritores, sino que voy rumiando, meditando mis preocupaciones”.

Otro registro vital que ayuda a entender la obra de Dávila se encuentra en la entrevista que la autora brindó al Fondo de Cultura Económica en 2008, cuando esta institución inició la reunión de cuentos en un solo tomo: “Después del fallecimiento de mi hermano, me divertía viendo pasar los muerte”. Ella vivía en Pino, una región fría de Zacatecas, pueblo minero donde tuvo que sobrellevar el duelo por su hermano menor; padeció el ensimismamiento de su madre y la ausencia del padre, pero los sepelios eran su espectáculo predilecto. Atendía con azoro el paso de las carretas que transportaban los cadáveres. Era vecina del panteón regional. No es de sorprender, entonces, que los ejes temáticos de Dávila sean la locura, la soledad y la muerte.

De los cuatro volúmenes referidosel que me parece más atractivo es Árboles petrificados, pues Dávila mantiene esa inquietante certeza que se define muy bien en una palabra alemana: Unheimlich. Es decir: todo aquello que debía permanecer oculto se ha manifestado. Es un término relacionado con la angustia, lo fantasmal y lo pavoroso.

Árboles petrificados tiene la doble fortuna de ser un libro con fieles lectores y de haber obtenido el premio Xavier Villaurrutia en 1977. Los cuentos ahí reunidos no tienen finales explicativos como en Arthur Smith o en Música concreta –donde hay una mención explícita a Acapulco, una postal emblemática en la que el jet-set nacional se reunía en estas playas doradas–; ni mucho menos, cuentos redundantes como Un boleto para cualquier parte o Alta cocina, incluidos en Tiempo destrozado. Con los ojos abiertos reúne el material menos riguroso; debió tener un segundo o tercer tratamiento.

Insisto: Árboles petrificados posee todas la cualidades de una narradora en estado de gracia. El lector se adentra en pesadillas ejemplarmente narradas con elegancia, una virtud insoslayable de Dávila. De los doce cuentos reunidos en este libro, destaco El patio cuadrado, El último verano, Griselda, Óscar, Estocolmo 3 y Árboles petrificados, todos ellos con proximidades a la poesía. Dávila inició como poeta en el continente literario y se nota el oficio de versificadora que posee. Densifica la trama de sus artefactos con la cadencia de la prosa; ejemplifico con el inicio del cuento que da nombre a Árboles petrificados: “Es de noche, estoy acostada y sola. Todo pesa sobre mí como un aire muerto; las cuatro paredes me caen encima como el silencio que me aprisiona. Llueve. Escucho la lluvia cayendo lenta y los automóviles que pasan veloces. El silbato de un vigilante que suena como grito agónico”. Crea atmósferas tenebrosas e inquietantes que van desnudando lo extraño (Unheimlich), aprovecha la escasa luz de los escenarios, pero sobre todo, es de vital importancia enfatizar el valor de su voz narrativa, inusitada en nuestro continente literario. Sus oraciones son cortas, se expanden poco a poco, fungen como generadores de música. Describen una cotidianidad propia del costumbrismo, pero repentinamente presentan los seres que también habitan esos textos, eso tensa el relato. La irrupción de un elemento no realista es lo que detona el misterio –esa historia oculta que se revela lentamente– y genera una opresiva sensación de incertidumbre. Dávila consuma la proposición estética del libro ensamblando dos realidades: una, la valiosa, ignota y espectral; la otra, costumbrista.

Se negó a formar parte de grupos o sectas literarias; no quiso hacer una “carrera”, escribía por necesidad. “La literatura ha sido una larga y terca pasión amorosa en la cual he sido una amante inconstante, pero no infiel. Inconstante porque dejo de escribir mucho tiempo por circunstancias muy especiales, pero infiel no, porque sigo en eso, así como una larga y terca pasión amorosa”, señaló Dávila en aquella conferencia de Mujeres de letras y dejó en claro una idea recurrente en sus entrevistas: “Lograr un cuento es bastante complicado”.

La obra de Dávila me remite a Jesús Gardea, narrador que posee una prosa sumamente plástica, cercana a la poesía. Tampoco hizo “carrera literaria”. Eligió vivir en Chihuahua, lejos de la Ciudad de México y del bluff. Es un autor que también obtuvo el premio Xavier Villaurrutia con un libro de cuentos: Septiembre y los otros días (1980). Dávila y Gardea engrandecen el panorama narrativo. Si no se asoma a las páginas de estos dos escritores de primera línea, comente un error.

Con Árboles petrificados, Dávila muestra un método para dejar sobre el cuento un trozo de lo inefable. Algo arduo y complicadísimo.


De beisbol

Gerardo de la Torre

Estaban dos hombres en un parque, sentados en la hierba, ociosos. En eso se acercó una señora elegante:

--Necesito un jardinero.

--Pues ya se chingó, señora --dijo uno de los hombres--. Mi compadre es pícher y yo soy tercera base.

(Reconozco que soy un patán.)

 

 

 

Diálogo quizá para un
futuro cuento beisbolero
:

 

--Dicen que los Diablos Rojos tienen mucha suerte.

--Le voy a decir una cosa --repuso Cananea Reyes, manejador de los Diablos--, mientras más entrenamos, más suerte tenemos


 


Gato

Charlie Feroz

Han pasado algunos años, no se contar los años como lo cuentan las personas, no sé contar ni las horas, ni los días. Pero sí sé que han pasado años. Una tarde lluviosa, o era de noche, tampoco eso lo sé, lo que sí sé es que lluvia, y cómo llovía, era una tormenta, o a mi eso me lo parecía, aunque no sé realmente mucho sobre tormentas, y sobre lluvia también sé muy poco, solo sé que a veces llueve y mucho, a cantaros he escuchado que dicen, aunque no tengo idea de lo que signifique, pero así llovía esa tarde, o noche.

Alguien me había dejado bajo un árbol, un gran árbol, podría decir que era una jacaranda, o un pino, o un cedro, pero como sabrán tampoco sé sobre los árboles, sólo sé que son árboles, porque he escucha que así los nombran, y sé que aparte tienen otros muchos nombres para los árboles.

Yo por ejemplo soy un gato, pero me llaman Pichicuas, y a otros gatos les ponen otros nombres, como a los árboles, pero los árboles no se mueven, no tienen patas tampoco cola, ni maúllan, son tristes los árboles porque sólo se queda ahí quietos, pobrecitos los árboles.

Yo siempre estoy paseando, me subo a las azoteas y ando por todo el barrio, y cuando tengo pereza simplemente me recuesto y duermo, me gusta dormir, me gusta acicalarme y ronronear, me gusta la luz de la luna, el olor de la noche.

Sí, han pasado muchos años. Lo sé por el cansancio de mis huesos, porque Camila y José, ya no habitan la casa, se fueron a estudiar. Todos en algún momento abandonan la casa. El abuelo de ellos un día se lo llevaron al hospital y no regreso. Todo estaba muy triste. Y de tristeza sí que sé, y mucho. También se ahora de estar cansado, pero no cansado por correr y trepar, no. Cansado de otra manera. Como si algo pesado hubiera decidido vivir en mi lomo. Y pesa mucho. Creo que es momento de recostarse, y cerrar los ojos. Abandonar de pronto este agotamiento. Cerrar los ojos, dejar de maullar.

Sótera Soledad Cruz Rod

Ganadores del Primer Premio de Creación Literaria en Lenguas Originarias

Tlapa de Comonfort, Guerrero; a 25 de mayo de 2020.- Gusanos de la memoria es un proyecto colectivo que invita a creadores a caminar juntos con la “palabra que cuenta”, en la región de la Montaña de Guerrero; a través de talleres de lengua y creación literaria; pensamiento propio y círculos de lectura. Desde este proyecto alternativo, independiente y autogestivo se emitió una convocatoria el 23 de abril pasado, para participar en el Primer Premio de Creación en Lenguas Originarias, Gusanos de la memoria 2020. “En tiempos de la pandemia”, dirigida a jóvenes mexicanos que hablen una lengua originaria, en las categorías de Cuento y Poesía.

La recepción de 26 textos divididos en los dos géneros: doce para cuento y catorce para poesía, manifiesta el gran interés de los jóvenes por su identidad étnica y cultural, así como la vitalidad de las lenguas originarias en que se expresan: chinanteco, ch’ol, diidxazá/zapoteco, maya peninsular, mè’phàà /tlapaneco, mixe, náhuatl, otomí, tutunakú/totonaco y tu’un savi/mixteco con sus respectivas versiones al español. Lenguas y sus variantes lingüísticas que se hablan en diferentes comunidades indígenas de los municipios de Campeche, Chiapas, Estado de México, Guerrero, Puebla, Oaxaca y Yucatán. Sobresale la participación de 16 mujeres y 8 hombres; dos de ellos concursaron tanto en cuento como en poesía. La edad más tierna fue la participación de una niña totonaca con apenas once años.

La recepción de 26 textos divididos en los dos géneros: doce para cuento y catorce para poesía, manifiesta el gran interés de los jóvenes por su identidad étnica y cultural, así como la vitalidad de las lenguas originarias en que se expresan: chinanteco, ch’ol, diidxazá/zapoteco, maya peninsular, mè’phàà /tlapaneco, mixe, náhuatl, otomí, tutunakú/totonaco y tu’un savi/mixteco con sus respectivas versiones al español. Lenguas y sus variantes lingüísticas que se hablan en diferentes comunidades indígenas de los municipios de Campeche, Chiapas, Estado de México, Guerrero, Puebla, Oaxaca y Yucatán. Sobresale la participación de 16 mujeres y 8 hombres; dos de ellos concursaron tanto en cuento como en poesía. La edad más tierna fue la participación de una niña totonaca con apenas once años.

La creación literaria es una herramienta que nos permite pensarnos, repensar el territorio en el que nos encontramos; y las breves narrativas que se presentaron, trazan el espacio vital de la cotidianidad los pueblos mayas, mè’phàà, ñuu savi, tutunakú conocedores de su entorno, de sus cultivos, de la naturaleza que los rodea; recrean la tradición oral, los mitos y leyendas para escribir historias de vida ficcionalizadas donde lo sobrenatural, la dualidad, hombreanimal emerge victoriosa. Tal como lo consigue Pulkincio chu Kiwikgolo’, escrito en tutunakú y español; la pulcritud, fluidez y sobriedad del relato, así como la acertada decisión de dejar el título sólo tutunakú, lo hace merecedor de Primer lugar en la categoría de cuento.

La identidad colectiva indígena, nos referimos al pensamiento y al sentir de los hombres y mujeres que integran los diferentes pueblos originarios, es una permanente construcción de carácter político y social, que se ve reflejada en la escritura de estas nuevas generaciones. De ahí, el posicionamiento crítico donde las mujeres alzan la voz para denunciar la violencia de género y los feminicidios al interior de sus comunidades. Pero también elevan su canto para referirse a la valentía de sus pueblos, a la esperanza; la lengua es un canto en sí mismo que devuelve la presencia del origen, del abuelo o la abuela que trenzó la historia primigenia. Hablan de la melancolía al dejar sus comunidades y trasladarse a la ciudad. Al dejar los amores.

“Bicache’ laa’be”/“Lo enterré” escrito en lengua diidxazá/zapoteco y español; poema que recrea la ausencia luminosa –acaso del amor, y va dejando pistas de lo que no es más. La geografía simbólica: el árbol, la casa, el cerro, la playa Vicente; al fin un territorio propio, el cuerpo. Este poema enuncia, dice sin decir, crea y (re)crea imágenes poderosas sobre las que se sustenta la estructura del poema. Y le dan ritmo. “Lo enterré” es acreedor al Primer lugar en categoría de Poesía.

Los nombres de los acreedores al Primer Premio de Creación en Lenguas Originarias Gusanos de la memoria 2020, “En tiempos de la pandemia”; en las categorías de:

Cuento: Gaudencio Lucas Juárez, 17 años, totonaco de Tuxtla, Zapotitlán de Méndez, Puebla.

Poesía: Sótera Soledad Cruz Rodríguez, 15 años, binnizá/zapoteca de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.

El jurado estuvo integrado por Balam Rodrigo, escritor chiapaneco y Susana Bautista Cruz, escritora de origen mazahua.

 

Semblanzas de los ganadores

Sótera Soledad Cruz Rodríguez, a su corta edad tiene algo muy concreto en mente: ser una destacada actriz y poeta. A los 8 años se encontró con poetas de su tierra natal. Eso la condujo a leer poesía, y más tardé se desencadenó su amor por las letras. En el medio de la actuación ha dado sus primeros pasos con dos largometrajes, el primero fue a los once años como coprotagonista del filme “Guié Xhuba”, película bilingüe que se filmó en Juchitán. A los 12 años audicionó para el papel protagónico de la película “El ombligo de Guié’dani” del director Xavi Sala. A partir de su última película, su trabajo ha sido reconocido con distintos premios, tal cómo la mención especial en la categoría Mejor Actriz en el festival Internacional de Cine de Morelia. Y la reciente nominación, también a mejor actriz, al premio Diosas de Plata 2020, que otorgan los Periodistas Cinematográficos de México (Pecime).

Gaudencio Lucas Juárez, 2003. Es originario de Tuxtla, Zapotitlán de Méndez, Puebla. Le gusta escribir poesía y cuento en tutunakú. Es estudiante de cuarto semestre del Bachillerato General Oficial “Manuel Ávila Camacho”. Bajista en la Rondalla Tutunakú de la misma institución.

Remington 12

De la década de 1920.

Del 25 al 31 de mayo de 2020

#1010

cultura

01 05
V e r
m á s
Menos