O P I N I ó N

La izquierda y
el desperdicio
de la historia

Por: Humberto Santos Bautista

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, tiene la boca abierta y además las alas desplegadas. Pues este aspecto deberá tener el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciencio hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad.

Walter Benjamín, El Angel de la Historia.

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El mes de octubre es emblemático en la historia mundial y también en la historia de México. Lo es porque en este mes –en distintas fechas y lugares– se dieron hechos que cambiaron la historia del mundo y también sacudieron la conciencia nacional. El 25 de octubre se cumplirán cien años de la revolución rusa, que terminó con el imperio de los zares y despertó las esperanzas de cambio de los pueblos del mundo, porque  millones de marginados de la tierra tuvieron la certeza –partir de ese momento– de que la posibilidad de tomar el cielo por asalto, era posible. La utopía libertaria, se pensó, era realizable. La revolución sería la gran partera de la historia.

El 8 de octubre se cumplen también 50 años del asesinato de Ernesto Che Guevara, y el fin de su experiencia guerrillera en Bolivia, y con este hecho, la tesis de la «vanguardia» y del «foquismo» guerrillero entran en crisis. De hecho, después de la revolución cubana, sólo la revolución nicaragüense logrará triunfar –en julio de 1979–, aunque en circunstancias muy distintas.

El 2 de octubre también es una fecha histórica para los mexicanos por la noche de Tlatelolco, cuando el gobierno autoritario de Gustavo Díaz Ordaz, reprimió sin miramientos a un movimiento estudiantil que sólo pedía libertades democráticas. La represión del movimiento estudiantil mostró la verdadera cara del poder, autoritario y antidemocrático, y cambio también para siempre la faz del país.

El mes de octubre es, o ha sido, un mes de grandes acontecimientos históricos y, al mismo tiempo, de grandes lecciones de historia; pero paradójicamente, estás experiencia históricas no han tenido la dimensión didáctico-pedagógica que se supone debieron haber tenido, particularmente en los sectores que se reivindicaban de izquierda, y sobre todo, en la mal llamada «izquierda mexicana».

La forma en que se desperdiciaron todas estas páginas brillantes de la historia mundial y nacional, por parte de la llamada «izquierda mexicana», pareciera deberse a tres cuestiones fundamentales:

1. Una lectura descontextualizada de la historia.

2. La reducción a mitos, que no permitió una interpretación sería de estos hechos históricos, lo que los convirtió en  dogmas, en lugar de volverlos espacios de aprendizaje crítico, donde abrevaran las nuevas generaciones.

3. El haber inhibido la reflexión y la crítica sobre el significado de estas mismas experiencias, sobre todo, a partir de 1989, con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del llamado socialismo o real, que se tradujo en la desaparición de la URSS.

En lugar de estudiar críticamente los cambios que se estaban dando en el mundo y cómo impactaban en el país, la llamada «izquierda mexicana» (la guerrerense no existe) buscó la comodidad de refugiarse en los dogmas y seguir repitiendo consignas que ya no significaban, no significan nada. Eso fue lo que posibilitó la adopción del llamado neoliberalismo (pensamiento único) casi sin resistencia, porque los movimientos antisistema se redujeron a movilizaciones (marchas, plantones), pero sin un debate de ideas que profundizara las fisuras del nuevo dogma neoliberal. En esas circunstancias, la única salida que miró la «izquierda» fue la vía democrática, pero el problema fue que la concibió solamente en lo electoral. Esa cultura electorera de la «izquierda» fue también la que propició que la derecha accediera al poder en el año 2000, con Fox, y con ello, se agudizaran los problemas del país, cuyas consecuencias seguimos pagando.

Si la izquierda no hubiera renunciado a la crítica, tal vez habría comprendido que la esencia del pensamiento en el cual ha podido abrevar durante poco más de dos siglos, y que ha sido precisamente lo que se supone que la ha diferenciado de sus adversarios (conservadores y liberales) ha sido precisamente, su esencia crítica, porque ha sido el pensamiento crítico lo que ha permitido desarrollar la capacidad ideas de propuesta. También habría aprendido que ningún movimiento es homogéneo y que la disidencia silenciada al interior de los propios movimientos de izquierda es más feroz que la que se supone organiza la derecha. En ese sentido, la izquierda termina siendo tanto o más dogmática que la derecha.

El propio Che Guevara advirtió de los riesgos de quedarse atorado en los dogmas y en las consignas, lo cual le permitió ser de los primeros en advertir el peligro del fracaso del socialismo en la URSS y de que podía regresar al capitalismo. Así lo consigna cuando escribe: «Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez más de forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo». La historia, como se pudo confirmar, le dio la razón (Ernesto Che Guevara. Apuntes críticos a la economía de la URSS).

En las circunstancias actuales, podemos ver, que la izquierda mexicana desperdicio estas lecciones y en el caso de Guerrero, de plano no aprendieron nada.

Tal vez todavía estemos a tiempo se hacer una generosa relectura para aprender a desaprender y como decía el Che, aprender algo simple: «Hay que endurecerse, sin perder la ternura».