Por: Eduardo Añorve

Recula Evodio:
que siempre sí, la
feria de La Nao sí va

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Comentaba con alguien el domingo 1 en la mañana que si algún grupo podía resquebrajar severamente la imagen del perredista Evodio Velázquez Aguirre, el presidente de Acapulco, sería la comunidad de cultureros y gente de los medios de comunicación interesada en el arte, la cultura y la creación o creatividad, ello, con relación al asunto del sí o del no, o de la posposición de la feria La Nao, la que tradicionalmente organiza el Ayuntamiento del puerto. No es echarse un trompo a la uña el enfrentarse con una comunidad tan aguerrida ni tan susceptible (sensible-sensitiva, díganmelo a mí) como la conformada por la gente interesada en lo que se llama cultura en Guerrero. Por la tarde, en Ometepec, tuve la oportunidad de escuchar a Evodio asegurando enfáticamente que no había tal suspensión, que nunca se había planteado tal suspensión, que la feria de la Nao sí iba a realizarse y que solamente se posponía por aquello de que él y su gobierno, en un gesto que había que aplaudir (lo del aplauso no lo dijo él, lo agrego yo, malpechoso que a veces soy), habían decidido posponerla hasta noviembre como muestra de su solidaridad con los damnificados del país a raíz de los recientes acontecimientos naturales, sismos y huracanes.

En Ometepec, Evodio se refirió al asunto como una mera confusión y reiteró que nunca se planteó la suspensión de la feria, que, en realidad, todo fue un malentendido, porque se interpretaron erróneamente las declaraciones que su gobierno dio inicialmente sobre el asunto. «No se cancela, sólo se pospone un mes –dijo–, y puso el dedo en la llaga (o, como dicen: el burro mata’o, solito se apandea): «y lo haremos con muchísima fuerza, fortaleciendo a la comunidad cultural, y… decirlo con toda claridad… el alcalde no se prestará a ninguna duda, ni a ninguna condición de algunos actores que quieren contaminar una declaración que se hizo con toda transparencia». Repito una parte de su declaración, porque en ella se cifra el poder que lo hizo recular: «el alcalde no se prestará a ninguna duda, ni a ninguna condición de algunos actores que quieren contaminar una declaración que se hizo con toda transparencia». Vuelvo a repetir, para ubicar al enemigo al que Evodio no le da cara ni rostro ni siquiera máscara (me gusta más que ese enemigo ande enmascarado, dado mi talante dramático y dado al juego de máscaras), el alcalde lo enmarcó en «algunos actores que quieren contaminar», etcétera. Antes, había nombrado a una tal «comunidad cultural», la de los impolutos, la de los que –presume este escribano– se contrapone a la de los malvados que se enmascaran y quieren polutar el «tema». De los polutos no dijo nombre ni apellidos ni apodos ni apelativos ni vocativos ni apedillos, pero son ellos, los cultureros, artistas, creadores, etcétera, que lo criticaron, que lo han criticado antes, etcétera. El problema es que Evodio plantea el punto como si hubiera gente buscando declaraciones públicas deficientes, de su gobierno, se entiende, para atacarlo, y no quiere aceptar que las declaraciones y las acciones o inacciones de su gobierno son la causa de esos ataques o críticas.

De buena fuente sé que la realización de la feria de La Nao iba a posponerse un mes, de fines de octubre a fines de noviembre, toda vez que los daños causados por los fenómenos naturales de septiembre golpearon al país y a Guerrero, y como la secretaría de Cultura federal decidió que iba a disminuir el apoyo a los proyectos ya aprobados para dirigir ese dinero hacia los damnificados por sismos y lluvias, la dirección de Cultura de Acapulco (obviamente con la aprobación del presidente Evodio) anunció que se alineaban y que se pospondría un mes la feria. Sin embargo, al día siguiente, en una conferencia de prensa, el titular de Desarrollo Social, Octavio Olea, y Julio Zenón Flores, director de Cultura, salieron a anunciar: «Hemos decidido que el Festival Internacional La Nao, hasta el momento, se suspende, derivado de los acontecimientos que hemos tenido, de los desastres que hemos tenido, tanto el sismo de la semana pasada como el paso del huracán Max de hace dos semanas, y en solidaridad con la ciudadanía», dijo el primero.

Antes de esta conferencia de prensa, Julio Zenón Flores había justificado la decisión de suspenderla o posponerla, con dos argumentos, el dinero y la solidaridad: «…el presidente Enrique Peña Nieto dio la instrucción de destinar todos los recursos posibles a una bolsa que tienen que reunir, de 39 mil millones de pesos, para destinarla a 11 estados. (…) Al presidente municipal le preocupa mucho esto y, lo más lógico, es que los acapulqueños nos mostremos solidarios con nuestros hermanos mexicanos que sufrieron». Este tecleador oficioso cree que pesó más el asunto de los dineros y que lo otro es mera justificación. Ya se sabrá.

Y fue en este momento, cuando se tuvo noticia de la suspensión, en que comenzó a actuar el poder de la comunidad que ahora llamo ‘cuarto poder’, el de los cultureros y comunicadores en las redes sociales, para censurar que Evodio hubiese decidido suspender la realización de La Nao, asegurando que se trataba de una artimaña electorera, que, los aprovechados y oportunistas, el alcalde y su equipo, con el pretexto de que los dineros de cultura se habrían de utilizar para ayudar a los damnificados de septiembre, podrían dedicarse a hacer campaña y proselitismo político con miras a la obtención de un nuevo cargo en el aparato de gobierno por parte de Evodio, es decir, que esos dineros se invertirían justificadamente en la lucha de éste por una senaduría de la República, enmascarada en solidaridad para con los afectados. También le reprocharon profusamente a Evodio en las redes sociales que nunca antes se había tomado la decisión de suspender este tipo de actividades en Acapulco, incluso en momentos tan aciagos y emblemáticos como el paso de Manuel e Ingrid o con la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, precisamente en el mes de septiembre, en Iguala. Y le volvieron a recordar que su gobierno no sólo era neófito en materia de cultura, sino, además, ignorante e insensible. Y nulo, porque no hacía nada.

Y es después de ello, de amargas discusiones en redes sociales, de punzantes críticas, de diatribas y defensas apasionadas (incluso se acusó a algunos periodistas de informar y criticar para ser incluidos en el presupuesto, etc.), que el presidente de Acapulco reculó, y fue la dirección de Comunicación Social la que, en redes sociales también, informó que no había tales suspensiones, tanto de La Nao como de la feria del libro de Acapulco. A partir de allí, los funcionarios y el presidente mismo comenzaron a hablar de que se había mal interpretado una declaración y de que no habría realmente suspensión, sino que la feria se pospondría un mes. Claro que nunca dieron, ni han dado, un argumento claro de por qué posponer la feria un mes ayudará a que los mexicanos damnificados con los que supuestamente se solidarizan.

Pero el ahora llamado cuarto poder de cultureros y medios de comunicación no se detuvo ahí, sino que llamaron a una reunión en el fuerte de San Diego, la tarde del sábado 30 de septiembre, donde discutieron estos asuntos y acordaron elaborar una carta para exigir a las autoridades de Acapulco la realización de La Nao en noviembre, transparencia del uso de los recursos etiquetados para las actividades culturales y cuestionar la capacidad organizativa de las instancias encargadas de materializarla. Esa carta se entregaría el lunes 2 de octubre, pero ese lunes, los estos activistas culturales se encontraron con la desagradable noticia de que los habían dejado sin materia: el Ayuntamiento (o sea Evodio) avisaron públicamente que reculaban, que siempre sí habría Nao en noviembre. Al respecto, Misael Habana de Los Santos posteó en su muro de Facebook: «En un acto de deshonestidad, característico de la cleptocracia que desgobierna Acapulco, “nuestras autoridades” enviaron orejas a la reunión celebrada la tarde-noche al Fuerte de San Diego y quisieron darle madruguete a los ciudadanos inconformes y emitieron un boletín donde reculan y descaminan su proyecto de destrucción de la Nao». Misael ha sido un crítico exacerbado de este vaivén de las autoridades, aunque los defensores del presidente lo han agredido en redes sociales y han pretendido descalificarlo.

Es obvio que Evodio –y quien le aconsejó la no suspensión de La Nao para desarmar el movimiento que ya no sólo pide ello, sino que cuestiona ahora la pertinencia de las políticas culturales del Ayuntamiento de Acapulco, la eficiencia y eficacia de los funcionarios del área, la falta de transparencia en la información sobre los escasos dineros que se manejan en el área y hasta la falta de pagos a varios proveedores también de esa área– pensó que reculando y anunciando que siempre sí se hará La Nao iba a desarmar el conflicto, pero parece que estas manifestaciones y la falta de tacto de las autoridades para tratar el asunto y las fallas acumuladas en esta administración están haciendo posible y probable que las exigencias y las medidas de presión, el rejuego mediático y las publicaciones en las inmediatas redes sociales harán que este conflicto crezca y que hasta la cabeza del director de Cultura se ponga en la picota, como señal de la hecatombe ofrecida para aplacar tales iras bien fundadas, sin que el fuego de La Nao-Fénix siga incendiando al alcalde o, tal vez, no lo alcance.

Al inicio de este artículo había pensado en que sería suficiente con que Evodio reculara públicamente, pero ahora pienso que tal vez ello no sea suficiente, y no es que crea que le cortarán la cabeza –políticamente hablando–, pero sí han de mancharle más el amarillo plumaje de la soberbia con que suele vestirse, y ello no ha de ser bueno para su campaña política, claro.