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opinión

 

 

 

 

LA PEDAGOGíA
DERROTADA

 

Humberto Santos Bautista

 

 

 

 

La derecha neoliberal ve a la escuela como uno de los lugares más peligrosos de la sociedad, como un lugar de batalla contra la privatización de la sociedad. Esperan descapacitar a los docentes y convertir a la escuela en una cultura corporativa que eduque a los chicos como consumidores y segmente la vida pública. Como la escuela es uno de los pocos lugares que quedan donde las preguntas pueden ser formuladas abiertamente, y como la escuela es un lugar donde se resiste la idea de que «democracia» y «mercado» son lo mismo, por eso mismo se convierten en lugares de batalla, junto con los medios.

Henry Giroux

 

 

 

 

La lucha por defender a la escuela pública en contra de la mal llamada reforma educativa y de las agresiones del capitalismo neoliberal, pasa por la capacidad de entender, por parte del magisterio, que la educación es el último espacio público que nos está quedando para hacer viables las posibilidades de vivir en el marco de un estado de derecho en el que se garantice plenamente el ejercicio de la ciudadanía en la cosa pública.

En ese contexto, el magisterio tiene que trascender los marcos de la protesta y pasar al plano creativo de las propuestas para repensar el proyecto educativo que se necesita para poder responder a los problemas emergentes de la sociedad contemporánea. Ahora que ya se ha demostrado que  la llamada reforma educativa no es más que una reforma laboral que atenta contra los derechos de los trabajadores y que su implantación ortodoxa, sería aceptar la desaparición de la educación pública, es más urgente que nunca desplegar el potencial pedagógico que subyace en la experiencia desarrollada en las aulas por miles de maestros, sobre todo, por aquellos que asumen que así como la educación es un derecho social es también, en consecuencia, un compromiso social; es decir, que los derechos que se exigen son también correlativos de obligaciones, y que si el pueblo de México ha conquistado en luchas históricas el derecho a educarse, la tecnocracia neoliberal que gobierna al país no puede cancelar ese derecho del pueblo; y que la exigencia de tener una educación de calidad es una de las aspiraciones más sentidas no sólo del magisterio, sino también, y sobre todo, de la sociedad mexicana; y que la burocracia que administra los servicios educativos confirmó que su discurso de «elevar la calidad de la educación», era, en esencia, demagógico, porque no tuvo la capacidad de presentar un proyecto educativo al pueblo y al magisterio como el eje de la reforma educativa, y solo en la recta final del sexenio empezó a hablar de un nuevo modelo educativo, mismo que pretende imponer sin haberlo sometido a consideración de los maestros y maestras que son quienes conocen los problemas de las escuelas. La imposición del modelo educativo de la SEP en lugar de promover un diálogo serio por la escuela pública, lo inhibe y, con ello, empobrece el discurso de la educación, lo cual va a impactar de manera negativa para el mejoramiento de la educación.

La SEP y la SEG tienen un modelo educativo descontextualizado, lo cual desnaturaliza los fines de la educación pública y se pierde la oportunidad de convertirla en una estrategia formidable para potenciar el desarrollo de los pueblos. El proyecto de la SEP gira alrededor de un sólo objetivo: convertir a la escuela en una empresa. ¿De qué otra forma se puede entender la tendencia a que todo el trabajo pedagógico se organice alrededor del llamado «modelo de competencias», que no es precisamente un paradigma pedagógico? La resistencia magisterial tiene que trasladarse al campo de la pedagogía, presentando propuestas que puedan trascender la sordera y la ceguera de las autoridades, de tal manera que las iniciativas de los maestros y maestras estén a la altura de los desafíos que enfrenta la escuela pública y la diferencien de la visión tecnocrática de la SEP y la SEG, porque serán propuestas sustentadas en la cultura Pedagogica desarrollada en las aulas y legitimadas por la opinión de los alumnos, de los padres y madres de familia, en un diálogo abierto sobre la naturaleza política de la educación.

En esa perspectiva, me parece que el proyecto educativo que se diseñe desde las escuelas y, para el caso del estado de Guerrero, tendrá que abordar los puntos nodales siguientes:

1. El Rezago Educativo, que debiera estar en el corazón de cualquier proyecto de reforma educativa, porque es el talón de Aquiles de la educación, pues si no hacemos propuestas para transformar a las escuelas y terminar con el rezago que actualmente tenemos, de nada servirá cualquier reforma que se instrumente. La reforma educativa del gobierno no toca para nada este problema. Para los maestros, en cambio, este problema debiera ser una prioridad y no se puede seguir soslayando, a riesgo de condenarse a repetir el mismo discurso demagógico de la burocracia oficial.

2. La educación indígena y la interculturalidad, que es otro tema ausente en el modelo educativo del gobierno. Para la SEP y la SEG, los pueblos indígenas no existen, porque tienen una visión racista y elitista. Los maestros indígenas, desde el año 2008 propusieron la creación de la Subsecretaría de Educación de los Pueblos Originarios, como una instancia académica que se encargara de atender los grandes rezagos educativos que existen en las zonas indígenas, derivadas de la pésima política educativa que se ha implementado para atender a las etnias. La burocracia de la SEG desapareció en los hechos la exigencia de hablar la lengua a los que ingresaran como docentes en zonas indígenas, y en contubernio con el SNTE incorporó a egresados monolingües de las normales, quienes por desconocimiento de las lenguas, hicieron más grande el rezago. Hoy la propuesta de la Subsecretaría, como una instancia que tiene que atender prioritariamente este problema, está sustentada en el Convenio 169 de la OIT, en los artículos 2o. y 4o. de la Constitución General de la República y en la Ley 701. Los pueblos indígenas tienen el legítimo derecho a una educación de calidad, pero que esté sustentada en nuestra cultura, porque sólo de esa manera se podrá trascender el atraso y la miseria en nuestros pueblos.

3. La equidad, sobre todo, en un estado que es de los más desiguales del país. Necesitamos una educación que conciba la equidad como el derecho a recibir la mejor educación para todos. Y para eso, necesitamos que los conceptos que se argumentan en la reforma de la SEP, se contemple lo que realmente debiera incluir cuando habla de permanencia, pues debiera dotar de mecanismos institucionales a las escuelas para que ningún niño deserte. La equidad consistiría también en que la evaluación tendría que empezar por los altos funcionarios, sometiendo a examen de oposición todos los cargos de la SEP y la SEG, empezando por el titular de la secretaría.

4. Es la SEG la que ha violentado una y otra vez la normatividad existente, empezando por los propios parámetros que se establecen en los documentos normativos de la reforma educativa, y han sido las propias autoridades de la SEG las que han obstaculizado la buena marcha de la educación, porque no tienen el perfil y tampoco son idóneos, así como tampoco lo son ninguno de sus subalternos.

5. La mal llamada reforma educativa está muerta; y la defensa del derecho a una educación digna y de calidad pasa por repensar en serio a partir de una cuestión básica: ¿para qué educar?

Guerrero, por toda su historia, lo merece, y México también.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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