Vallecitos de Zaragoza. Desolación.
[Foto: Hercilia Castro]

Vallecitos: entre el dolor y la esperanza

Hercilia Castro

Han pasado más de dos meses y en Vallecitos de Zaragoza apenas han regresado unas cien personas a sus casas. La violencia no ha aminorado y ahora compartirán su comunidad con los desplazados de Zihuaquio, Coyuca de Catalán. Las calles aún lucen vacías, con ese silencio estridente que quiebra los huesos y rompe el alma.

Vallecitos de Zaragoza se encuentra en la sierra de Zihuatanejo, aproximadamente a una hora de la cabecera municipal. Hasta hace unos años, su principal actividad económica era la ganadería y la agricultura. Maíz, frijol, maguey, chiles, eran sus principales productos agrícolas, y sobre todo, la venta de ganado bovino. Sin embargo, la bonanza no duró muchos años para la gente de esa localidad, más, por el incremento de la violencia. Pedro Quiroz, oriundo de Vallecitos (Valle, como le dicen algunos) sostiene que el conflicto de esa comunidad lleva tiempo.

«El caso particular de Vallecitos, cuando empieza el problema, es por situaciones ni siquiera importantes, con algunas diferencias mínimas, comparado con lo que ahora hay. Fueron creciendo porque el problema es que se enfrentan familias nativas de allí; es un problema muy grande, porque … llegaron a las muertes de un lado y de otra, con razón o sin razón. Yo me voy a meter en esa parte de decir quién tenía razón, lo real fue que se fue agravando el problema, endureciendo el problema, hasta que llegaron a ese delito (el asesinato)», explica.

Aclara que la situación de desplazamiento forzado en regiones como Chichihualco y Tierra Caliente, le es desconocido, prefiere hablar de su comunidad.

«Yo lo que intuyo, yo lo que entiendo, es que en el afán de defender, se agarran de los grupos del crimen organizado grandes, que no eran de Vallecitos, pero que fueron puestos para doblegar al otro, y con la fuerza que traían, se toparon muy duro, de manera que los enfrentamientos en Vallecitos y los alrededores y hubo muertos de los dos lados», dice.

Del desplazamiento forzado, considera que lo más grave se dio a inicios del año pasado. «Había el conocimiento en el gobierno, de las autoridades, porque si alguien tenía el conocimiento de lo que estaba pasando, de lo que iba pasando y lo que iba a pasar, eran ellos: el gobierno del estado que encabeza el licenciado Héctor Astudillo, los gobiernos municipales, porque son varios municipios que componen la Sierra, y por supuesto que el gobierno federal, el actual, pudiera haber alguna excusa, se acaba de instalar y no saben cómo entrarle».

Describe que hace año y medio no era el problema las pugnas familiares, sino que iniciaron después. «De lo mínimo a lo increíble, creció, porque no hubo la intervención constitucional».

A Quiroz se le quiebra la voz al decir que el 98% de los pobladores de Vallecitos fueron desplazados, hasta el punto que quedaron solo diez personas. De ser un pueblo de dos mil ochocientos habitantes, quedaron menos del 2%.

Allanamientos, enfrentamientos por más de seis horas y asesinatos provocó que Vallecitos se fuera quedando solo. En junio de 2019, cuando queda la mitad del pueblo, el Ejército les asegura que se quedarían, y los pobladores confían; sin embargo, un día los militares dejaron el pueblo dos meses después.

El 29 de noviembre de 2018, dos grupos de civiles armados irrumpieron a la localidad de Vallecitos de Zaragoza. El enfrentamiento fue reportado poco antes de las tres de la tarde a la policía, donde al menos cincuenta hombres armados irrumpieron y se enfrentaron a balazos con otro grupo de personas armadas. Duró aproximadamente una hora, informaron las autoridades.

El 2 de abril de 2016 se registró un enfrentamiento entre los grupos criminales Los Viagras y Fuerzas Guerrerenses de la Sierra por la disputa de la plaza del municipio de Zihuatanejo, que dejó un saldo oficial de un herido y un decapitado. Los Viagras, al mando de un hombre apodado El Ingeniero, apoyados por el grupo delictivo de los hermanos Tierra Santana, incursionaron en la periferia de la localidad de Vallecitos de Zaragoza, municipio de Zihuatanejo, a bordo de siete camionetas Toyota modelo Tacoma de color blanco y tres camionetas Chevrolet modelo Cheyenne blindadas, decían las notas periodísticas de ese día.

Además, se reportó en los medios que los hombres iban armados y vestidos con uniforme tipo militar para sorprender al presunto jefe de plaza de Fuerzas Guerrerenses de la Sierra en Vallecitos, quien respondía al apodo de El Grande.

«Un hombre decapitado fue encontrado en la carretera Zihuatanejo-Ciudad Altamirano, quien al parecer era El Grande, jefe de plaza en Vallecitos de Zaragoza del grupo criminal Fuerzas Guerrerenses de la Sierra. Reportes de investigación por parte de las autoridades prevén más enfrentamientos para este día en las comunidades de Ocote de Peregrino, El Parotal, Chavetas, Potrerillos y Murga, las cinco pertenecientes al municipio de Petatlán; así como en las localidades de Las Mesillas y Plan del Cuche, ubicadas en Zihuatanejo», publicaban los medios.

Quiroz describe que el pánico era grande en Valle, pues los niños ya no podían oír disparos o tronidos porque se asustaban. Lo peor fue en la caravana de noviembre de 2019, cuando los pobladores que quedaban salen del Valle. «Y junto con esas familias, salen los médicos que había, los maestros que había, las enfermeras que había; el servicio de transporte dejó de circular. Había una línea de la Zinacantepec, Estado de México, y de aquí subía el ómnibus de Petatlán y Dos Costas; siguen sin subir, no hay servicio de transporte; el hospital del IMSS está cerrado, el Colegio de Bachilleres, las escuelas, están cerradas, siguen cerradas», dice.

Externa que hace una semana la secundaria comenzó a funcionar, pero solo con tres alumnos. Sin embargo, todo lo demás está tronado. La agricultura, la ganadería, la economía. «Sólo del ejido de Vallecitos son dieciocho mil hectáreas, trece mil estaban destinadas a la agricultura y la ganadería; pero con la violencia todo decayó».

Quiroz, que es líder ganadero, subraya que los ganaderos de Vallecitos tuvieron que vender a veinte pesos el kilo de carne, cuando el precio normal era de treinta y siete a cuarenta pesos por kilo.

En diciembre, apenas hace dos meses, un poblador publicaba en su Facebook la desolación de Vallecitos, las calles vacías y las tiendas cerradas. Fue de los diez pobladores que se quedaron a documentar lo que pasaba en su pueblo. No quiere que se publique su nombre, pero explica que se quedó porque «no tiene familia» y su situación era diferente, además de que notó que los medios no publicaban más que rumores de Vallecitos de Zaragoza y de la irrupción de grupos armados. «De hecho, lo de Valle era un rumor periodístico ya que no había imágenes ni testimonios, así que nos quedamos y decidimos hacer las notas nosotros», explica.

«Lo que en los periódicos salía era que los que se quedaban en Vallecitos pedían ayuda para salirse del pueblo, que porque la delincuencia los estaba corriendo. Y no era así. Los que se fueron, se fueron por precaución (y miedo), por lo que había pasado el 26 de octubre y el 4 de noviembre», dice.

Recuerda: «De Vallecitos se fueron porque una noche entró un grupo armado que asesinó a tres personas inocentes y aunque había comunicación con las autoridades, no vinieron a ver el suceso. Ocho días después ocurrió otro suceso y las autoridades tampoco vinieron. La comunidad se sintió gravemente amenazada y sin protección. El primer hecho fue el 26 de octubre y el segundo el 4 de noviembre. En el segundo hecho mataron a un adolescente de quince años e hirieron a su padre. Todos inocentes. Y el gobierno, aunque se pedía apoyo y auxilio, no venía. Cundió el pánico y todos se fueron. Quedamos diez personas».

El comunero considera que no hubo la atención mediática ni gubernamental, porque a diferencia de Zihuaquio u otros lugares de la entidad, no hubo éxodo, sino que el desplazamiento forzado fue hormiga; es decir, poco a poco fueron dejando el pueblo la gente, por sus propios medios.

Para Quiroz, la situación de Vallecitos, perteneciente a Zihuatanejo, uno de los destinos turísticos más visitados anualmente y que este 2019 rebasó la ocupación hotelera, según las cifras alegres de la Secretaría de Turismo y su titular, ya es una crisis humanitaria donde los pobladores no tienen la confianza de vivir sin violencia.

Este lunes el director de Salud Municipal, Onasis Pinzón Oregón, dio a conocer en medios, que se reactivarán los servicios de salud en esa comunidad violentada. Reconoció que por la situación que atraviesa la Sierra, la comunidad lleva cuatro meses sin ese servicio. Dijo que ya se restableció el servicio de recolección de basura, y agregó que bajaron pobladores de la comunidad de Real de Guadalupe a solicitar personal para su centro de salud.

«La situación es que desde hace cuatro años, están sin médico. Estaba uno de Vallecitos de Zaragoza, pero por la situación que se vive en la sierra de Zihuatanejo, dejó de acudir», reconoció.

Pinzón Oregón agregó que los médicos son compañeros sindicalizados de la Secretaría de Salud, algunos, y otros de contrato, pero lo que piden es su seguridad personal. «Mientras no demos una seguridad a los Centros de Salud, muy difícilmente podremos mandar personal».

A Quiroz se le quiebra la voz y se le humedecen los ojos cuando explica que la gente del pueblo donde nació, la mayoría tuvo que irse lejos, y sufren las consecuencias del desplazo: desempleo, hacinación, pues viven en pequeños cuartos las familias. Algunos, se fueron a Los Cabos, otros a Ciudad Juárez, en busca de una vida mejor.

«Yo he dicho, lo vuelvo a repetir, lo que les está pasando a las familias, a los niños, las personas, las mujeres que se han venido desplazando, es lo peor que le puede pasar a una persona. Los sacan de su casa; no tiene a donde ir. Los mandan a un lugar donde él no está acostumbrado, no ha sido su hábitat (del campesino), no ha sido su lugar; de los trabajos que hay no se familiariza. Es triste, triste, triste, pues yo conozco principalmente a la gente de Vallecitos, han sido criados ahí, y entonces a veces me los encuentro aquí o allá en otro municipio y lloras con ellos, porque finalmente no hay de otra pues. ¿Qué puedes decirle? Porque me ha pasado: me dicen no he almorzado, no traigo para las tortillas. ¿Qué más? Desprotegidos por el gobierno», describe.

Y cuestiona: «¿Cómo es posible que la autoridad haya llegado a ese grado. Y sabe, sabe que aquí tiene un resto de gente, desplazada, sufriendo, ahí metidos en las colonias. Sabe, el estado sabe, la Federación sabe, y hoy regresando al tema de Vallecitos, el sentimiento mayor, el coraje mayor, no con las personas que están desplazadas, ellas vienen de las mismas condiciones, están viviendo, están viendo que hay una mínima atención, siquiera con los derechos humanos. Ya les llevaron ayuda humanitaria, a los de Zihuaquio que están en Vallecitos, pero cuando se anuncia lo de Vallecitos nada, no hubo poder ni ser humano que les dijera que se les iba a ayudar. Ése es el sentimiento que uno carga», dice Quiroz.

Reclama: «Mira, el gobernador don Héctor Astudillo lo ha decretado en varias ocasiones, que el problema no existe en Guerrero y que el problema no existe en la Sierra. Entonces, para tener un problema primero hay que reconocer lo que hay, que existe, no solo Vallecitos, sino todos los pueblos de la Sierra están en eses problema. Él ha dicho que no hay hambruna, crisis humanitaria, que no hay ningún problema de desplazamiento».

Prosigue: «Igual yo no entiendo por qué esa actitud; porque las familias están en Zihuatanejo… algunas corrieron hacia la Tierra Caliente, otros están en la frontera con los Estados Unidos, buscando asilo de Estados Unidos. Algunos ya lograron pasar. Muchos están allí en la frontera», dice.

Quiroz agrega: «Anteayer me manda un detalle un amigo paisano, me dice: “Amigo, préstame, mándame mil pesos estoy en la frontera no tengo dinero”. Y anda con su familia, con su mujer, todo. Hasta cuándo le va a alcanzar el dinero, no sé, pero algo, que compre tortillas, que compre lo que necesite.

Pero el drama de Vallecitos es mayor. Los pocos pobladores que quedan aseguran que el número de ‘levantados’ y asesinados es mayor, han perdido la cuenta, pero sí creen que puedan existir fosas clandestinas en el municipio de Zihuatanejo.

–¿Hay Guardia Nacional? –preguntamos al poblador

–No, Guardia Nacional no ha llegado, hay Ejército, pero no Guardia Nacional, eso es mentira.

Caminata por la paz en Chilapa. Perseverancia.
[Foto: Yener Santos]

Caminata por la Paz, la Vida y el Valor:

Historias de dolor y lucha

Eduardo Yener Santos

Madres, viudas, hijos, hermanos y familiares de personas desaparecidas y asesinadas en Chilapa salieron una vez más a las calles de Chilapa para demandar justicia. Todos ellos cargan con sus propias historias, su propio dolor y comparten el anhelo de recuperar la paz en Chilapa, porque la violencia no cesa desde el año 2014.

A la Caminata por la Paz, la Vida y ¡el Valor!, que partió del crucero de Tocoyutla, en la vía Chilapa-Zitlala, llegaron integrantes de la familia LeBarón: Adrián, Julián y Brayan, a quienes el 4 de noviembre de 2019 les mataron a nueve de sus familiares en un ataque armado entre los límites de Sonora y Chihuahua.

Al mediodía de este sábado 8, la marcha de más de doscientas personas salió de Tecoyutla rumbo al centro de Chilapa, encabezada por el senador Emilio Álvarez Icaza, los hermanos LeBarón y familiares de personas desaparecidas y asesinadas.

En el contingente va la señora Carmen Abarca Nava, comerciante que perdió a dos hijos, Héctor y Jorge Jaimes Abarca. Héctor, el mayor, de treinta años de edad desapareció en marzo de 2015, y Jorge, de dieciocho años, desapareció la noche del sábado 9 de mayo de ese mismo año.

La señora Carmen se acompaña de sus familiares y de la señora Matilde Abarca Pascasio, madre de Sergio Derramona Abarca, quien desapareció el domingo 10 de mayo de 2015, a la edad de veinticinco años. Sergio se dedicaba a vender frutas y al baile exótico,

Aparte de ellas dos, también marcha Maricruz Gatica, porque su novio, Jorge Luis Salmerón Hernández, estudiante de la Universidad Tecnológica de la región Norte de Guerrero, desapareció el domingo 10 de mayo en Chilapa.

En el contingente, cada persona tiene un familiar desaparecido, cada historia es única, pero la realidad es la misma: desaparecido sin saber de su paradero.

Atrás del contingente va el vocero del colectivo Siempre Vivos de Chilapa, José Díaz Navarro, custodiando por policías federales. Díaz Navarro se ha convertido en activista visible que junto con más de treinta familias demandan la presencia de más de doscientas personas desaparecidas entre los años 2014 y 2016.

José Díaz fue la primera persona en salir a marchar en esta ciudad, el 8 de noviembre de 2014, luego de que sus hermanos, Hugo y Alejandrino Díaz Navarro, así como su primo y dos arquitectos, desaparecieron  en los límites de Chilapa y José Joaquín de Herrera, tras ser interceptados por un grupo armado.

Desde entonces, Díaz Navarro culpa al grupo delictivo Los Ardillos de ser los responsables de haber desaparecido a sus hermanos.

La marcha de este sábado inició en el Memorial de los Desaparecidos, un lugar marcado por una cruz de madera de dos metros de altura, y otras cruces pequeñas.

En ese sitio también están cuatro cruces de mármol con los nombres grabados de los hermanos Alejandrino y Hugo Díaz Navarro, así como los de Vicente Romero Mujica y Vicente Apreza García, cuyos cuerpos aparecieron calcinados la noche del 29 de noviembre de 2014.

La marcha recorrió los aproximadamente dos kilómetros que separan a Tecoyutla del zócalo de Chilapa. Pasó por la glorieta Eucaria Apreza, donde el 9 de mayo de 2015 más de trescientos hombres armados se apostaron y desarmaron a la Gendarmería, encuartelaron a la policía municipal y ‘levantaron’ a jóvenes transeúntes.

También pasó por el puente del río Ajolotero, en el barrio del Dulce nombre de María, donde el lunes 11 de mayo de 2015, se registró un encontronazo entre el grupo de civiles armados que irrumpió en Chilapa con los vecinos que este sábado marcharon, y exigían su salida y la liberación de las personas detenidas.

Para el mitin en el zócalo, el sonido y el micrófono se colocaron donde antes era el escenario para las tardeadas culturales. Estas actividades desaparecieron a finales del año 2011. Antes de esa fecha, todos los domingos por la tarde-noche se presentaban allí, jóvenes músicos, danzantes, cantantes y poetas se concentraban, previa convocatoria.

La primera oradora, María Elena Morera, presidenta de la organización de la sociedad civil (OSC) Causa en Común, demana unidad entre las víctimas y apoyo mutuo, y resalta que al igual que en Chilapa, en otras partes del país asesinan gente impunemente

Después de ella toca el turno a Adrián LeBarón, quien explica a los asistentes que «cuando la casa está sucia ya da pena invitar a alguien a visitarla. Cuando la casa está sucia o tiene cucarachas o el baño está tapado, te da pena invitar a alguien; siento que así en México, ya nos da pena invitar a alguien, por el grado de violencia que hay, por los muertos, desaparecidos y porque no hay mucho que presumir».

El mensaje de Julián LeBaron es más hacia apoyo a la víctimas. «Venimos a darles nuestro amor, nuestro cariño, a caminar con ustedes. Somos muy débiles, estamos desarmados, no podemos confiar en la autoridad, exigen obediencia a las leyes que ellos hacen y ni el poder judicial, ni los jueces hacen algo. Solo vemos una burla en la autoridad que ellos tienen».

José Díaz Navarro apremia al senador de la República Emilio Álvarez Icaza a proponer ante el Senado que Chilapa sea considerada como ciudad de desastre humanitaria. «Tenemos contabilizados más de quinientos desaparecidos y más de mil quinientos asesinatos dolosos; por ello pedimos al senador Álvarez Icaza que haga lo conducente para declarar a Chilapa como municipio como zona de desastre humanitario».

Agrega: «Ya he recibido muchas amenazas de muerte; he denunciado ante las instancias estas amenazas, desde que este colectivo inició hace cinco años. Cuando mataron a dos de mis hermanos, a dos amigos y a otro primo cuando trabajaban en una obra en una escuela, creí conveniente hacer este movimiento que va creciendo».

En entrevista después del mitin, Adrián LeBarón, quien perdió a una hija y tres nietos, sostiene que si bien él no está de acuerdo con que los niños indígenas de Chilapa se armen, en referencia a los diecinueve niños que presentó la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Pueblos Fundadores (CRAC-PF), justifica que la presentación de los menores fue una forma de protesta. «Y en eso sí estoy de acuerdo», subraya.

LeBarón asegura que él no comparte la idea de que los niños se armen. «Yo sí siento que es justificable que los niños huérfanos del mundo protesten. Pude ser una manera muy dramática de hacerlo (armados), pero qué bueno, porque el mundo se está dando cuenta.».

Dice que en el caso de su estado, Chihuahua, no consideran la promoción de armar a niños, pero sí a las mujeres.

La marcha y el mitin que encabezó el Colectivo Siempre Vivos fue resguardada por policías federales, elementos de la Guardia Nacional, policías ministeriales. Pese a la presencia de estas corporaciones, varios participantes comentaron que entre los asistentes se coloraron ‘halcones’ del crimen organizado, cuya función es informar y vigilar las acciones de la población.

En Chilapa, la violencia empezó a escalar a partir del año 2011, y desde entonces hasta septiembre de 2018, se contabilizaron seiscientos treinta y dos asesinatos y más de trescientos desaparecidos, según el informe especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) sobre la situación en materia de personas desaparecidas y delitos vinculados que imperan en el municipio.

El gobernador Astudillo. Reacción extraña.
[Foto: Yener Santos]

Los reclamos de Astudillo a los medios de comunicación

Zacarías Cervantes

El hombre embozado con un paliacate, con el arma empuñada y terciada al frente vestía la playera verde olivo de la Policía Comunitaria. Permanecía parado en la azotea de la comisaría municipal de Alcozacán, precisamente frente donde el gobernador Héctor Astudillo Flores encabezaba la reunión para llamar a la paz entre los pueblos de Chilapa, el 3 de febrero pasado.

La escena, para cualquier reportero que ha cubierto, donde surgen, los conflictos entre policías comunitarias o autodefensas, no tuvo nada novedoso ni extraordinario, salvo que esta vez el hombre armado se encontraba frente al mandatario.

Para un gobernador que conoce su estado, más aún, que sabe la zona donde está y con quien se reúne, tampoco debió tener algo irregular. No ocurrió así. Héctor Astudillo Flores se escandalizó, pero no por las condiciones en que vio al civil, ni mucho menos porque en Guerrero ciudadanos comunes portan armas de ese calibre, propias de las fuerzas armadas y sin que las autoridades hagan algo por impedirlo. No. Se molestó porque los medios de comunicación no publicaron la imagen del comunitario y no destacaron la información del caso.

El 3 de febrero, el gobernador visitó Alcozacán y El Jaguey, en el municipio de Chilapa, dos comunidades enclavadas en la zona donde han ocurrido enfrentamientos, masacres, ejecuciones y ‘levantones’ que se agudizaron desde enero del año pasado.

Alcozacán forma parte del territorio de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores (CRAC-PF), y El Jaguey pertenece a la zona donde opera la Policía Por la Paz y la Justicia, vinculada con el grupo delictivo Los Ardillos.

En ambos lugares fue recibido con reclamos de justicia, con reproches por la impunidad y con demandas de paz y tranquilidad para sus pueblos.

En la zona del primer lugar que visitó, el 27 de enero del año pasado, hubo dos enfrentamientos que dejaron doce muertos de la gente del grupo Por la Paz y la Justicia; y las muertes fueron atribuidas a la CRAC-PF. En el segundo lugar, el pueblo forma parte del grupo al que se responsabiliza la masacre de diez músicos de Alcozacán ocurrida el 17 de enero pasado.

En ambos lados, ante la impunidad, la nula investigación y ausencia de castigo a los responsables, la gente se ha armado para hacerse justicia por su propia mano.

En Alcozacán el 22 de enero fueron presentados diecinueve niños de edades de seis a quince años capacitados para el uso de las armas y dispuestos a defender a sus familias y pueblos. A eso se debió la presencia del gobernador. Fue a ofrecerles acciones de gobierno a condición de que los pueblos ya no usen a los niños para esos fines.

¿Debió ser extraño entonces que el gobernador encontrara en un escenario así a un hombre armado hasta los dientes? Para cualquier otra persona no, pero sí lo fue para él.

Al día siguiente, Astudillo Flores reclamó a reporteros por el hecho de que los medios de comunicación no hayan publicado la información y fotografía del policía comunitario de la CRAC-PF que portaba el arma de alto poder durante la reunión que encabezó.

Sin embargo, cuando el reportero le preguntó que si lo vio por qué no ordenó su detención, argumentó que no podía hacerlo en ese momento.
Al término de la ceremonia de inauguración de la semana jurídica con motivo del aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el vestíbulo del auditorio Sentimientos de la Nación se le preguntó si desarmará a ese tipo de policías comunitarias, luego de que en su discurso había dicho que «la Constitución no contempla ni contemplará que ciudadanos anden armados en demasía».
Pero evadió desde el principio. Argumentó que ya todo lo había dicho en su discurso. «Ustedes quieren discurso y quieren entrevista», reprochó en tono de broma, pero su semblante era adusto.

«Quieren, como lo dije, particularidades, dedicatorias para cada uno; tú quieres las tuya, tú quieres las tuya», expresó señalando a cada uno de los reporteros. «Ahí está el discurso», insistió.
–No, pero precise, ¿va a desarmar a las policías? –inistió el reportero.

–Ahí está mi discurso.

–¿Si se van a desarmarlos?

–El presidente dijo que se van a desarmar –insistió otro reportero.

–Yo no he escuchado que el presidente diga eso. Yo lo que escuché es que el presidente dijo en su conferencia de prensa que iba a revisar, cosa que hay que revisar. No es posible… A ver, ustedes estuvieron ayer. No es posible la persona que estaba armada enfrente, ¿no la vieron, o hacen como que no la vieron?

–¿Pero por qué no se desarmó? –se le cuestionó.

–¿Yo lo voy a desarmar en ese momento? Esas armas están fuera totalmente de lo permitido. Ustedes lo observaron. A mí me extraña, ¿por qué no le tomaron una foto y la sacaron? Me extraña.

El gobernador agregó que ésas son de las cosas que no deben suceder en Guerrero y en el país. «Yo entiendo perfectamente el problema, pero no es posible que enfrente de un evento pongan un encapuchado con un arma que no alcanzo a entender de qué tipo de arma es, y ustedes lo vieron y yo no vi que hicieran ningún comentario».

Es claro que el reclamo del gobernador fue por la presencia del policía comunitario con un paliacate en el rostro portando el arma de grueso calibre, que vigilaba desde la azotea de la comisaria municipal frente al presídium donde se realizaba la reunión encabezada por el gobernador.

Según el cuestionamiento a los reporteros, el gobernador apenas el 3 de enero pasado, vio a uno de esos civiles que portan armas de uso exclusivo del Ejército, y es el que tuvo enfrente, cuando en Guerrero hay civiles armados como ese de Alcozacán en todo el estado.

Se han visto con ese tipo de armas en el retén de los rurales de Petaquillas, en Filo de Caballos, en el Valle de El Ocotito, en la Costa Chica y en la Costa Grande.
En cada cobertura sobre conflictos entre grupos de autodefensa se observa ese tipo de civiles con armas de alto calibre y se ha informado de ello con oportunidad, y muchas veces con imágenes, desde hace varios años.
Sin embargo, el gobernador apenas observó el de ese 3 de febrero y quería que los medios de comunicación destacaran el hecho como algo novedoso o extraordinario. Pero a pesar de que momentos antes había asegurado que «la Constitución no contempla ni contemplará que ciudadanos anden armados en demasía», no quiso responder a la pregunta de por qué no se desarman.
Ya de retirada, cuando hubo terminado la breve entrevista con los reporteros, en tono de reclamo todavía expresó alzando la mano: «¡Ahí les voy a mandar yo la foto; porque no la sacaron!».

No es lógico que el gobernador quiera endosar el problema del uso de las armas de alto poder por civiles a los medios de comunicación. Difundir la imagen de un policía comunitario que porta un arma de alto poder no resuelve el problema de fondo. Es como pretender que se vea el árbol y no el bosque que hay detrás.

A menos que el gobernador pretenda que los medios de comunicación evidencien que solamente los miembros de la CRAC-PF portan ese tipo de armas, con lo que se supondría que hay una intención de que se haga ver que ellos, los de la CRAC-PF, son los victimarios, y los otros, los que visitó despues en El Jaguey, las víctimas.

De ser así, las acciones y resultados se verán después.

Del 10 al 16 de febrero de 2020

#0996

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