Una ojeada a mis libros

Eduardo Añorve

Yo pudiera estar encerrado en la cáscara de una nuez, y creerme soberano de un estado inmenso… Pero estos sueños terribles me hacen infeliz
Shakespeare Hamlet

El pensamiento se eleva, imagina, proyecta, edifica, construye, alígero. No es una ave, sino la metáfora de una ave que se hermana con el sueño, con los sueños, los hijos bastardos del pensamiento. El cuerpo es lento, y lento se desplaza en el terreno, aún fértil, de los hechos. Mover un dedo para iniciar lo proyectado implica un gran esfuerzo, un alto costo que se incrementa a medida que se materializa lo imaginado. La acción del cuerpo es reptante, sinuosa, más mar que reptil, aunque puede ser rauda como un trompo de piedra que girara por acción de las fuerzas centrípetas terrestres, las cuales se trasladan sin trasladarse, pero cuya fuente de energía nos es invisible. ¡Y, sin embargo, nos mueven!

Ésta es la verdad fundamental de la vida, la única que vale la pena tomar en cuenta. Todas las demás verdades lo son solamente un lapso, lo son a medias, son complemento de falsedades; sólo esta verdad es permanente, real, valiosa. ¿La he enunciado? ¡Debes comprenderla! Ha sido enunciado demasiadas veces, en demasiados tonos y disfraces. Es una: decir no es hacer. Y el pensamiento suele ser más rápido (puede reírse al ritmo de la luz) que los hechos; incluso, que la sutil palabra que requiere menos de un instante de segundos para enunciarse, para ser, para elevarse, para imaginar, para proyectar, para edificar, para construir el mecanismo que traducirá la idea, el pensamiento, lo que la mente pare como un disparo rápido e inofensivo, a menos que se hospede en oídos sensibles y llegue a una mente similar. Alguna vez intenté ser filósofo, pero me enredé entre libros. Ahora, colecciono libros. Sigo, pues, entreverado, imbricado, con los libros. Bueno, en los últimos cuarenta años, acumulo libros, los atesoro, los inmovilizo hasta ser materia inerte, en espera de no serlo, de un par de manos, y de ambos ojos, claro. ¡Ya me veo leyendo con un ojo! Antes, a los veinte, leía un libro, y después lo regalaba; ahora, los pido regalados. Después, ya no querré libros ni regalados.

Ocurre que doy una ojeada a mis libros. ¿Cientos?, ¿un millar? Hablo de mis libros físicos, y no me refiero a hojearlos, sino a ojearlos, a mirarlos en grupo, por en-cimita, en bloques, como a un bosque de bloques de libros, y mi pensamiento se plantea leerlos en un tiempo perentorio, tal vez largo, pero definido; mi mente imagina que sería excelente leerlos —la mitad de los no leídos, por decir algo, o por escribirlo aquí— y llego a creer que sí podría leerlos, me convenzo de ello. Pienso esto, y hago abstracción del tiempo que dispongo, de mi tiempo y, por alguna razón no manifiesta, concluyo en el momento, apuntalo esta creencia fugaz de que es sólo un asunto de tener voluntad, lo que me proporciona la sensación, no la idea, la sensación de que es fácil, de que será fácil, de que es suficiente con proponérmelo. Construyo la idea de que allí hay una riqueza que me espera. Y no hablo solamente en sentido figurado. Multiplico: mil libros, a cien pesos (calculo, a ojo de perezoso, acudo a la media, uno de los bichos matemáticos que nos facilitan pensar), taso cada uno en unos jodidos cien pesos, ¡jodido como estoy, y consciente de que con ello no se compra nada (es decir: muy poco); cien mil pesos. ¡Diablos! De todos modos, en medio de esta pobreza, tener a la mano esos billetes sería fabuloso.

Aunque no deja de ser paradójico que, en eso de los libros y sus lenguajes, se tenga como verdad que la mayor riqueza es correspondencia y producto de un menor uso de palabras para expresarse; es decir, la llamada economía del lenguaje es considerada la mayor riqueza de un escritor. Pienso, ahora, en Juan José, hombre de lecturas y de libros, par de aquel ciego argentino cuidador de una gran biblioteca que inició escribiendo como negro, para concluir queriendo ser un escritor blanco.

Los manoseo, los apilo, los reacomodo, los cambio de posición, pensando que, tal vez, el contacto pudiera transmitirme sus contenidos. Leer por contagio, en ósmosis hechicera y efectiva. ¡Oh, falso lector, imantado por ideas livianas y efímeras! Requiere mayor esfuerzo leerlos que pasar hoja tras hoja, a la velocidad de las yemas de los dedos ágiles, finos, suaves, meticulosos; ¿no es paradójico que la inasible y sutil operación del intelecto sea más aparatosa y pesada, cause mayor fatiga que la chocante y minuciosa manipulación de cientos y cientos de páginas?

¡Cuidado con estas ideas perniciosas! Aclaro esto por si el lector es algún infante, o adolescente, o joven, o ingenuo, o presuntuoso. Porque existimos individuos que durante años, décadas, de nuestra vida no entendemos bien que del dicho al hecho no hay sólo trecho; no somos conscientes de que de la teoría a la práctica (y no me pongo académico e intelectual por gusto, sino para hacer saber que sé de esos terminajos)… de la teoría a la práctica, decía, hay una infinidad de obstáculos y situaciones por las que transitar, antes de —pongamos por caso— pasar de pensar en beber un buen café y beberlo. Uno de nuestros padres poéticos putativos lo puso por escrito:

DISTANCIA

 

Del

Dicho

Al

Lecho

Hay

Mucho

Trecho


 

¡Mugre lenguaje, que dice lo que se le antoja si sabe ordenársele! Y la anfibología, su celestina .

Por cierto, ahora que tecleo, ingiero un poco de café cultivado y cosechado en la Sierra de Atoyac, en El Edén, el que ha sido tostado y molido en la ciudad capital. Sin mezcla, muy tostado, hasta que se ponga prieto —dice un amigo—, por ello le llaman cubano. Apestoso y prieto, dicen que dicen quienes lo comercializan, precisamente en un pequeño negocio llamado El Edén. En un pequeño cazo de acero inoxidable vierto dos tazas grandes de agua de la olla [No dejo de pensar en aquello de Vierte, corazón, tu pena…]; tapo el recipiente, y cuando le viene la ebullición al agua, apago el fogoncillo de la estufa y lo destapo. Tomo la de papel estraza bolsa que contiene la semilla prieta y hedionda (sic) y le agrego lo que contienen cuatro cucharadas soperas, colmadas y con copete y, a taparlo. A frase pasada, integro la definición que hace el diccionario: «Papel de estraza: Papel marrón amarillento o gris, muy basto, áspero, sin cola y sin blanquear, que se emplea generalmente para envolver cosas poco delicadas». Cosas poco delicadas. ¡Haberlo leído antes! Lo dejo reposar algunos minutos (cinco, siete; en ese lapso, se decanta la semilla y se deposita en el fondo, dejando de flotar); después, lleno una taza con el líquido, y le agrego un par de cucharadas de miel de abeja. Disgrego: eso del café sin azúcar, me parece un exceso de refinamiento [Recuerdo que Aline Pettersson me comentó que su abuela lo prefería con azúcar, cuando me ofreció una taza en su departamento y lo pedí con, y ella lo bebía sin. Me estaba dando el avió, la maestra.]. En fin. La miel viaja hacia el fondo de la taza. El primer sorbo de café me llega con sabor amargo, con olor apestoso a café muy tostado (o sea, prieto), más espeso que el agua; y a medida que bebo, trago a trago, el sabor viaja hacia lo dulce, el olor va mezclándose con el otro, dulzón, amielado, y el líquido se espesa, sin llegar a tener la consistencia de la miel.

Esta idea, estas imágenes, esta dinámica iría ensartada en un poema que he pensado, pero que no he puesto en letras. He pensado agregarles una presencia. Pero, ya lo dije antes: no es lo mismo pensar las cosas que hacerlas. No es que del plato se caiga la sopa, sino que de la idea hasta los versos y estrofas hay largo camino, en el que se pierden aristas, matices, tonos, que las palabras no capturan, o que la habilidad del lenguaje propio no puede retratar ni dibujar. Ya se verá otro día. ¿Y qué, si del plato cayere la sopa en forma de letras de libros cerrados, sin leerse, pero a los que se les intuye (o atribuye) riqueza inmaterial (si existe) humana?

Pero, en realidad, no ojeo mis libros, sino mi despatarramada biblioteca. Y el deseo de aprenderlo todo domina —trueno y relámpago raudos, volátil ráfaga de viento instantáneo, trepidante y sonoro temblor del suelo bajo mi silla—, pero en segundos apenas, antes de transmutarse en una idea, en un propósito, regresa a su nido, pone los pies en la realidad, y provoca una irónica sonrisa que no se ve, sino que ocurre en el pensamiento. Y se va en fuga el deseo. Y queda un mudo lamento (mental) acerca de mi incapacidad para concretarlo, para aprovechar esta riqueza (es metáfora por: abundancia de conocimientos, de situaciones, de hechos ajenos, de los que uno se apropia a través de la lectura).

La lectura me enseña a que, cuando escribo, estoy condenado a repetir, a remedar, a ser otro, a representar fantasmas de escritores ausentes, quienes habitan mi prosa. En poesía, no lo sé: ¡Es tan fácil escribir poemas que parecen inéditos…! Lo dijo, y dijo bien, el maestro Jaime Ygnacio López: En poesía, es fácil fingir un estilo, engañar al lector, apabullarlo; pero en prosa, no. ¡Allí, me la pelez-prado, en el prosaico mundo literaturezco de la prosa escrita e inscrita en libros, librillos, librotes, libracos, librazos y demás fauna proteica! A pesar de ello, escribo, escribo y tiro todo. Nada tiene sustancia, es escritura de loro. Lo olvido. Le dejo a la memoria la ingrata tarea de filtrar todo lo ajeno, lo adquirido en lecturas, a riesgo de que lo propio (iluso de mí) también se diluya, se filtre, desaparezca, si es que hubiere… A veces, muy de tarde en tarde, alguna idea minúscula, una imagen, una frase, insiste en permanecer, y vuelvo a desmemoriarlas, a someterlas al olvido, con el pretexto de que la vejez me impide tener memoria de largo alcance —lo peor es que, con facilidad, olvido lo inmediato, lo que está ocurriendo: nombres, hechos, palabras, se van así como vinieron, de inmediato, de aire y viento, meros pedos de la imaginación, eructos de la creatividad. No temo al relámpago y sus truenos profundos, no temo al sismo y sus retumbantes caballos de tierra, no temo a la profusa lluvia y sus orugas de mojada agua que apacigua el alto calor; temo al ducho y constante comején que horada, ciego, la memoria, que engulle las palabras impresas, que deglute el papel y que devuelve al pensamiento a su condición de inexistente, apenas encarnado en imágenes, en sonidos o balbuceos de palabras. Espero, sí, espero que la estructura vegetal del pensamiento mío, que la mente orgánica y su cuerpo (el que la piel contiene y conforma) sean un surtidor espontáneo de palabras algún día, tal vez lejano o imposible, al que la muerte trunque… O, no: que lo trunque después de florecido. Ah, que la biomimesis tan deseada. Tal vez tanta vida acumulada germine y coseche un libro que vaya a hospedarse, intacto, a alguna biblioteca lejana.

Escribo estos hechos, no para lucimiento propio y ajeno, sino para dar qué leer a Áyax, transgrediendo esa blandengue verdad incompleta que estipula que la lectura debe ser placentera, libremente elegida, adecuada al lector, y zonceras por el estilo (si es que éstas lo tienen). Leer es un acto obligado; por decisión, por elección, por compromiso; el placer será acto íntimo y callado. Habrá que ver si Áyax quiere leer esto. A que lo obligo. Él es un lector en ciernes, aunque prefiere la pantalla antes que el papel, y lo impelo, autoritario, a encontrar placer en las páginas que pueden ser hojeadas. Ahora surge una duda, súbita e imprevista: ¿Alguien leerá estos libros después de mí? ¿Alguien más los acumulará y los atesorará? ¿O estos estantes serán oscuras tumbas selladas, estancos a la luz y a las miradas? La duda, como duda permanece ante la imposibilidad de conocer lo que vendrá; me queda la mera especulación, pero la guardo. Con permiso, y mutis.

[Escrito con tinta invisible: De todo modos, los libros no irán a ninguna parte, ni se moverán buscando la luz —inertes árboles que no emiten oxígeno. Pero su profundo aliento es perceptible si se les hojea. ¿Es un consuelo?]





Astudillo impulsó proyecto turístico en beneficio de él y allegados suyos

Zacarías Cervantes

Con recursos públicos, el gobierno de Héctor Astudillo Flores promovió la inversión privada en uno de los desarrollos turísticos poco conocidos durante su administración.

Se trata del desarrollo Acapulco Sur-San Marcos, que forma parte del Plan de Desarrollo Integral para Honduras, Guatemala y el Sur Sureste de México.

El proyecto se presentó como una opción al Acapulco actual, agobiado por la violencia que provoca el crimen organizado, y para la generación de empleo, así como para detonar el desarrollo en una zona virgen.

Sin embargo, resulta cuestionable el uso de recursos públicos, sobre todo porque al final el gobierno estatal se haya paralizado totalmente por la falta de presupuesto para cumplir con el pago de salarios, prestaciones, fondos de ahorro y viáticos de miles de trabajadores que se vieron obligados a parar labores y a tomar sus centros de trabajo dos semanas antes del cambio de poderes.

El exgobernador Astudillo Flores, la alcaldesa de Copala, Guadalupe García Villalva, y el alcalde de San Marcos, Tomás Hernández Palma (ambos reelectos por el PRD), supervisaron el sábado 9 de octubre, la primera etapa de la carretera Acapulco Sur-San Marcos.

Este primer tramo de dieciséis kilómetros forma parte del proyecto que promovió Astudillo Flores de la mano de los empresarios Eduardo Sánchez Navarro, del Grupo Questro; Rafael Posada Cueto, de Corporativa Bomeo, y Raúl Morales Berdejo, que dirige Mercatus, en terrenos ejidales, así como de la Promotora Turísticas (Promotur) y de inversionistas privados.

Del proyecto se conoce poco, aunque superficialmente se informó en escuetos boletines del gobierno de Astudillo, como la construcción del tramo de la carretera Costera Acapulco-San Marcos para conectar ese polo turístico también denominado Riviera San Marcos.

El sábado 9 de octubre, el entonces gobernador Héctor Astudillo Flores informó en su página de Facebook que con la alcaldesa de Copala y el de alcalde San Marcos supervisaron la primera etapa de la carretera Acapulco Sur-San Marcos. «Uno de los polos turísticos que logramos impulsar de manera exponencial», presumió.

Agregó que la obra forma parte del desarrollo turístico Acapulco Sur que se contempla en el Plan de Desarrollo Integral para Honduras, Guatemala y el Sur Sureste de México.

«Agradezco a los inversionistas Gabriel Posada, Eduardo Sánchez Navarro, Raúl Morales y Claudio de la Mora por creer en Guerrero», escribió.

En el recorrido estuvieron también el diputado local priista y exsecretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas Rafael Navarrete Quezada; el secretario de esta dependencia en el último tramo del gobierno astudillista, Kozovi Ocampo Guzmán; el en esos días todavía director de Promotur, Noé Peralta Herrera, y el exdirector de la Comisión de Infraestructura Carretera y Aeroportuaria de Guerrero (CICAEG), Javier Taja Ramírez.

Astudillo no lo informó, pero este primer tramo que fue supervisado ese día es de dieciséis kilómetros de un total de treinta y uno que se proyecta construir. Este primer tramo se comenzó a construir el 11 de enero pasado.

Ese día se informó en un boletín de prensa del gobierno saliente que los treinta y un kilómetros de carretera que se construyen tiene como objetivo conectar el polo turístico Riviera San Marcos.

«Además, como parte de su enfoque sustentable, la carretera Costera Acapulco-San Marcos tendrá una ciclopista, lo que motivó a la inversión inmobiliaria a participar en el proyecto en este nuevo polo turístico de la Costa Chica-Acapulco de Guerrero», dice el comunicado.

Ni ese día ni el sábado 9 se informó cuánto destinó el gobierno de Astudillo para los primeros dieciséis kilómetros con los que se está promoviendo la inversión privada en ese polo turístico.

El 7 de abril de 2017, la página Obras por Expansión, en la que se promueven las empresas constructoras, refiere que una de las empresas que están apostando por esta zona es Grupo Questro, «que ya tiene terrenos en el lugar».

La empresa es de Eduardo Sánchez Navarro, propietaria de hoteles de lujo, principalmente en Los Cabos, Baja California, donde construye un Ritz-Carlton.

Refiere que gobierno y empresarios planean una «Riviera Maya para Acapulco» y que «el nuevo Acapulco estará en el municipio aledaño (San Marcos), donde la ciudad busca premiar desarrollos hoteleros de lujo inmersos en la naturaleza».

«Acapulco está inmerso en una crisis, por la inseguridad y la falta de inversiones, que le ha impedido disfrutar del boom hotelero que hay en el país. Sin embargo, el gobierno de Astudillo y los empresarios tenían varios planes para rescatar al destino, entre los cuales estaba desarrollar una nueva zona turística que replique el éxito de la Riviera Maya», explica.

Asegura que el nuevo desarrollo turístico se instalará en terrenos de la zona que son ejidales, otros que son de Promotur, así como de inversionistas privados.

«Hay terrenos hermosísimos para aprovechar el litoral que va hacia Barra Vieja. Son terrenos vírgenes, en zona selvática y con lagunas naturales. Grupos importantes como Questro y otros tienen terrenos ahí, donde quieren hacer desarrollos hoteleros, comerciales y residenciales», se informó en la publicación citando como fuente al entonces gerente de Promotur, Manlio Favio Pano.

Desde esa fecha, Obras por Expansión informó del «plan de construir una carretera de 31 kilómetros a lo largo del litoral, que sea muy similar a la que une Cancún y Playa del Carmen, en línea recta y con accesos laterales a los proyectos inmobiliarios».

Según la publicación, Favio Pano aseguró que el gobierno estatal (de Héctor Astudillo) ya tenía pagado los derechos de vía para la carretera, que implicó una inversión de 2,000 millones de pesos.

«Este proyecto busca que las grandes marcas internacionales de lujo vuelvan a Acapulco, luego de la salida de Fairmont hace algunos años. Hasta el momento, Pano dijo que ya ha tenido reuniones con grupos españoles e inversionistas mexicanos dueños de hoteles de lujo», habría informado el funcionario a Obras por Expansión.

El 27 de septiembre, la revista Forbes México informó que al menos tres grupos empresariales: Questro, que preside Eduardo Sánchez Navarro; Corporativa Bomeo, que encabeza Rafael Posada Cueto; Mercatus, que dirige Raúl Morales Berdejo, y al menos otros dos empresarios mexicanos invertirán más de treinta mil millones de pesos en una primera etapa del centro turístico también conocido como Acapulco Sur.

El proyecto incluye además de hoteles de lujo, cinco campos de golf, club hípicos y hoteles ecológicos, «que darán en los próximos 40 años una reactivación económica y creación de empleos directos e indirectos a la Costa Chica», justificó a la revista el entonces director de Promotur Noé Peralta Herrera.

Refirió que uno de los empresarios, Eduardo Sánchez Navarro «es uno de los inversionistas de mayor renombre en México por estar detrás del boom de San José los Cabos, y la familia Posada ha destacado por levantar Lomas de Angelópolis en Puebla».

«Son inversionistas que han venido comprando parcelas desde hace más de 20 años, pero que requerían del apoyo del gobierno con la carretera costera, que conecta Barra Vieja con San Marcos», dice a Forbes México.

La publicación informó que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) prevé que el nuevo desarrollo turístico Acapulco Sur, en el municipio guerrerense de San Marcos, así como la construcción de una autopista desde el Aeropuerto Internacional de Acapulco, frenará la migración y el desplazamiento de la población de la Costa Chica de Guerrero.

Asimismo, que el centro turístico Acapulco Sur está contemplado como uno de los proyectos prioritarios del Plan de Desarrollo Integral para El Salvador, Guatemala, Honduras y el sur-sureste de México para que la migración sea segura, ordenada y regular, así como para atacar sus causas y que la movilidad humana sea una opción elegida».

Refiere que el Proyecto Acapulco-San Marcos es un proyecto elaborado hace más de veinte años, pero que en 2016, «el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores hizo una gran convocatoria a los inversionistas para que inyectarán capital en desarrollos en la playa del Océano Pacífico», dice la publicación citando como fuente a Noé Peralta Herrera.

Asegura que el gobernador Astudillo Flores «firmó un convenio marco entre los inversionistas y el gobierno de Guerrero para que las autoridades municipales, estatales y empresarios construyan los puentes y la autopista que corre del Aeropuerto Internacional de Acapulco hasta el municipio de San Marcos».

Añade que se propone que éste sea el cuarto polo turístico, ya que reactivará la economía de toda una región que colinda con Oaxaca.

En un boletín de prensa, el gobierno saliente de Astudillo informó el 1 de septiembre pasado que el entonces director de Promotur, Noé Peralta Herrera, se reunió ese día en la Ciudad de México con el embajador de Qatar, Mohammed Alkuwari, a quien junto con el alcalde electo de San Marcos, Tomás Hernández Palma, «le mostraron los avances del proyecto carretero denominado Costera San Marcos y la detonación turística que la región de la Costa Chica del estado tendrá con el desarrollo de la obra costera impulsada por el gobernador Héctor Astudillo».

«Durante el encuentro con el diplomático el director de Promotur y el alcalde, explicaron la obra carretera y los beneficios que traerá al estado con derrama económica, empleo y diversificación integral del turismo, además de solicitarle su intervención con inversionistas de su país que está inmerso actualmente en una gran transformación planificada que durará varias décadas y que pretende conseguir una economía avanzada sostenible y diversificada a fin de promover el turismo», agrega la publicación.

El proyecto suponía el interés del gobierno que encabezó Héctor Astudillo para detonar una zona poco explorada turísticamente, lo cual sería legítimo, si no estuvieran de por medio los recursos públicos para beneficiar no solo a los inversionistas privados, sino a funcionarios y a figuras políticas que se anticiparon, aprovechando la información privilegiada, para comprar amplios terrenos en ese litoral que va desde San Marcos hasta Playa Azul, en los límites de los municipios de Copala con Marquelia, donde ha aumentado de manera exponencial la plusvalía derivado de las obras que realizó el gobierno astudllista para promover el proyecto turístico en mención.

Vecinos de esa franja han informado que en los últimos años resultaron como propietarios de terrenos la familia del gobernador Astudillo Flores, el excandidato a gobernador por la alianza PRI-PRD, Mario Moreno Arcos, el exrector de la Universidad Autónoma de Guerrero, Javier Saldaña Almazán, entre otros.




Astudillo. Hasta el úlitmo aliento.
[Foto: DGCS]

Reencuentro de barrios de Azoyú: perdón y olvido

Kau Sirenio

Desde el punto más alto de la catedral de San Miguel Arcángel, la cúpula de la torre, el tigre alza los brazos al cielo para ofrendar la cadena de flores de cempaxúchitl que sostiene en las manos; la gente que lo ve desde abajo, intercambia cadenas tejidas con flor de muerto, en señal de perdón y olvido. Este ritual de encuentro de los barrios Oriente y Poniente en el centro de Azoyú, al que se conoce como La Llorada de los viejitos o La octava, por celebrarse ocho días después de la fiesta patronal de San Miguel, es una tradición que data de cuando menos hace dos siglos. Ancianos la mayoría, lo hacen como símbolo de despedida a las personas que murieron durante el año.

Los barrios Oriente y Poniente se encuentran cada 6 de octubre para pedirse perdón por los conflictos que mantuvieron durante años. Los conflictos se daban porque a pesar de que ambos barrios son indígenas (me’phaa), los del poniente discriminaban a los del oriente y no les permitían entrar a su barrio.

Esta población se ubica en la Costa Chica de Guerrero, en el territorio histórico de los me’phaa, desde antes de que llegaran los españoles; sin embargo, a causa de la constante guerra con los mexicas, los pobladores se replegaron hacia la montaña de Guerrero. De aquí que la danza de Los Apaches o Los Yopes sea la insignia de rebeldía de este pueblo.

El profesor Santacruz Hernández dice que la división barrial en Azoyú generaba fuertes disputas entre jóvenes: «La división territorial empieza sobre la calle que viene del panteón y termina hacia el camino que va a Cuanacaxtitlán. En esa línea divisoria, los del lado oriente no podían cruzar hacia el poniente, ni los del poniente podían cruzar hacia el oriente. Había peleas entre los muchachos que buscaban llegar al barrio contrario; tampoco se podían casar entre los dos barrios».

Mientras anota en la libreta de la mayordomía del barrio poniente, el profesor agrega otros datos: «Para resolver este conflicto, los señores principales se reunieron con las autoridades religiosas y civiles para buscar acuerdos con el fin de unificar a los barrios, y de esta forma conseguir el desarrollo del municipio, así que organizaron el reencuentro, justo en el lugar donde semanas antes habían peleados los jóvenes. A partir de ahí, se hace cada año».

Este reencuentro fincado en raíces culturales entre indígena, afro y mestizo es la escena más representativa en la historia de México; sin embargo, los jóvenes solo lo ven como «fiesta de los viejitos», por ser ancianos, en su mayoría, los que participan en el intercambio de flores, abrazos; y hasta unos que otros sueltan las lágrimas ante el temor de no volver a encontrarse en el próximo año.

La fiesta del reencuentro comienza por la mañana en la casa de los mayordomos de ambos barrios, con el desayuno; luego sigue la ensarta de las flores que se van a ofrendar en la tarde en la catedral de San Miguel Arcángel. Por la noche se organizan las danzas de la tortuga que visitan los barrios. El de poniente baila en el oriente y viceversa. Esto, en señal de la buena reconciliación entre los pueblos de Azoyú.

A los mayordomos los nombran el cabildo en una asamblea en las casas de los mayordomos salientes. El cabildo lo integran vecinos de los barrios y los encargados de la libreta donde se registran las actas de asambleas y la cooperación que los propios pobladores aportan para realizar las fiestas anuales. «En la asamblea aprueban a la persona que va a recibir dicha mayordomía o, en su caso, el cabildo ratifica al mayordomo saliente para el siguiente año», precisa Santacruz.

En el barrio poniente se organizan en un comité, pero a raíz del asesinato, en 2020, del señor Antonio Paulino Bautista (2020), quien era el presidente del comité, su esposa asumió el cargo que consiste en resguardar las libretas de las asambleas. Para esta encomienda, la señora Justina Mendoza Martínez se acompaña de cuatro señores en las fiestas.

«El 26 de diciembre, la señora Justina Mendoza Martínez entregará, en una asamblea del barrio poniente, todas las libretas que tiene en su poder, para que el barrio nombre un nuevo comité de Tradiciones del Barrio Poniente», explica Santacruz Hernández durante el cambio de mayordomo.

La mayordomía del barrio poniente cambia en relación con el barrio oriente. Para La llorada hay dos mayordomías: la de música y tortuga, y la de misa y gastos. Ambas mayordomías son para la octava de San Miguel Arcángel. Antes de la procesión para el encuentro de las flores, el cambio de mayordomía se realiza en la casa del mayordomo de misa en una sola ceremonia.

Al mayordomo de música y tortuga le corresponde pagar la música durante el cambio de mayordomo y el recorrido de la Danza de la tortuga, durante la noche del 6 de octubre. Años atrás, la tortuga recorría las calles de los barrios hasta la madrugada. Sin embargo, este año, por la pandemia, solo se hizo dos horas.

Antes de que suenen las primeras piezas de la Danza de la tortuga, se somete a consideración del cabildo si se aprueba el recorrido de la tortuga en todas las capillas del pueblo. «Inicia en el calvario, así le llamamos donde antes estuvo el centro de salud, porque ahí fue el primer panteón. Aquí, la Danza de la tortuga es obligatoria, por ser el lugar sagrado, como está cercado, se baila afuera; de ahí, visita otras capillas», explica Santacruz.

Al mayordomo de misa y gasto le corresponde traer, el 5 de octubre, la imagen de San Miguel Arcángel de la iglesia a su casa, para rezarle y después ofrecer pozole al cabildo e invitados; además, paga la misa del 6 de octubre para ambos barrios. «En la mañana del 6 de octubre, invitar a los ancianos para ensartar las flores y cadenas de cempasúchil y flor de pastora para el intercambio.

 

 

El abrazo

 

Con los primeros cohetes en el barrio oriente se anuncia el recorrido de las flores entre las principales calles de Azoyú. El barrio poniente se acompaña del sacerdote, mientras que el oriente viene acompañado de la Danza de la Conquista y el tigre y el alcalde hasta encontrarse en el corazón de la población.

Después de caminar entre música de viento y danzas, los peregrinos se encuentran en el punto de espera. Allí, un representante de cada barrio dirige la palabra al público. El primero en hacerlo es el embajador del barrio oriente, que en este año le tocó al alcalde Luis Justo Bautista. «Pido que este encuentro nos permita construir la unidad y respeto entre nuestro pueblo», expresó.

Luego habló el sacerdote, a nombre del barrio oriente. «Que este encuentro sirva para encontrar el camino del bien y que logremos salir de la crisis por la pandemia que afecta a nuestro pueblo. Que todos unidos construyamos la nueva relación entre hermanos», pidió.

Cuando ambos hicieron votos de unidad, frente a cada contingente se formaron los danzantes de La conquista. De lado oriente, los que representan a los mexicanos: Cuauhtémoc, Cuitláhuac, Moctezuma, Tezcatlipoca, entre otros, con sus brillantes plumajes y trajes bordados con chaquira. Del lado poniente, los españoles: Cortés, Pedro de Alvarado, Gonzalo de Sandoval, entre otros, con sus espadas.

Con el toque de música fúnebre, los danzantes avanzaron hasta encontrarse de frente. Se detuvieron unos segundos, se despojaron de los collares de cempaxúchitl y los colocaron en el cuello del otro; luego se abrazaron. Después se retiraron para esperar el turno de los barrios que realizaron el mismo protocolo.

Una vez que los señores se abrazaron y lloraron, voltearon a ver la cúpula de la torre de la catedral para apreciar la ceremonia del tigre, que ofrenda con las flores de los muertos para después colocarlas en la cruz: «Años atrás, era diferente: no había dos actos; era uno al mismo tiempo. Cuando los señores se abrazan y se entregan las flores, el tigre hace lo mismo como símbolo del perdón con el pasado. Ahora lo hicieron más folclórico», cuestiona el profesor Hernández.




Azoyú. Tradición y comunidad.
[Foto: Kau Sirenio]

Astudillo. Hasta el úlitmo aliento.

Del 18 al 24 de octubre de 2021 al

#1067

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