Ajeno e indiferente

José María Hernández Navarrete

En unas cuantas semanas, el gobernador Héctor Astudillo Flores cumplirá cuatro años de gobierno en Guerrero, una entidad caracterizada por la violencia y la inseguridad pública. Y también se cumplirá en tiempo la principal oferta política de orden y paz.

La inseguridad que se vive actualmente ha venido dando tumbos a lo largo de los casi cuatro años de Astudillo Flores. Si bien el gobierno local ha obtenido el apoyo del gobierno federal en el combate al narcotráfico, como la principal causa, no se ha contenido y, mucho menos, resuelto.

Durante este tiempo se han dado muchas estrategias, pero así como aparecen han tenido que desaparecer debido a su ineficacia. Si se pudiera regresar al pasado, se observaría que la constitución de las policías comunitarias o ciudadanas ha sido la respuesta de la población ante la ausencia del gobierno, por decir lo menos.

Es decir, se ha permitido en las tareas propias del Estado como proteger la vida y los bienes de la ciudadanía, la creación de una estructura paralela político administrativa en los municipios, la cual es auspiciada por el crimen organizado. O la tolerancia y, muchas veces, indiferencia que se dan desde la estructura del gobierno estatal o federal, o desde ambos, porque no son excluyentes sino complementarios.

A esto se debe, en gran medida, el surgimiento de las policías ciudadanas en el territorio guerrerense. Como la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guarrero (UPOEG) que nació en el gobierno de Ángel Aguirre Rivero, quien no solo les dio su aval para su nacimiento, sino también les entregó recursos materiales y económicos para su consolidación. Les entregó transporte y dineros para el pago de «salarios» para sus activos y la toleró con armas de uso exclusivo del Ejército.

Pero la UPOEG había nacido en el contexto de un gobierno producto de la división interna en el entonces partido hegemónico. Al no obtener la candidatura por el PRI, Aguirre Rivero logra que el PRD lo abanderara y, con ello, ganó la gubernatura. Pero la división en el partido tricolor siguió a lo largo de su gobierno, pero Aguirre Rivero no logró la cicatrización de las heridas. Con la caída de su patrocinador, la organización de Bruno Plácido no tuvo más remedio que acompañarlo y, luego, hacer todo lo posible por la sobrevivencia y, ahora, defenderse de la persecución de que es objeto.

Durante la campaña electoral, Astudillo Flores buscó los favores de la población de la Sierra, pero su relación entró en crisis, a pesar de haber tenido el voto ciudadano, debido al incumplimiento compromisos, entre ellos, la creación de la octava región económica, impulsar en el Congreso la legalización de la producción de la amapola para fines medicinales, promover entre la población serrana los proyectos productivos alternativos y, en fin, la seguridad pública en la región.

Mientras esto desgastaba la relación entre los pobladores de la Sierra y Astudillo Flores, las bandas delincuenciales habían proliferado en la región. No había manera de detener la violencia pues las policías municipales, estatal y federal y el Ejército no eran suficientes para detenerlas. Se habían posesionado de poblaciones enteras y pequeñas comunidades, de caminos y carreteras, pues todo lo que se movía era permitido solo por estos grupos criminales.

Al final del camino, la comunitaria de Tlacotepec logró la unión de todas las comunitarias creadas en los diversos municipios que colindan en la Sierra. Había logrado con éxito combatir las bandas delincuenciales y casi erradicadas de la región, tanto como que la comunitaria de Tlacotepec logró, por ejemplo, abatir a Raybel Jacobo de Almonte, mejor conocido como El Tequilero, que se había destacado por la violencia en San Miguel Totolapan y municipios vecinos.

Con este reconocimiento, la Policía Comunitaria de Tlacotepec funda con las demás policías el Frente Unido de Policías Comunitarias del Estado de Guerrero. Dicen contar con seis mil efectivos, dispuestos a imponer y defender la seguridad entre la población serrana, que parece haber obtenido, cuando menos, en lo que lleva el presente año. También emplazaron al gobierno a darle seguridad a la capital Chilpancingo, pero no hubo resultados, pues la percepción de los chilpancingueños está por el 87% de inseguridad.

Con la aprehensión de El Carrete y la muerte de El Teniente en un enfrentamiento armado de tres días en Corral de Piedra y comunidades aledañas entre Los Rojos –comandados por el primero– y el FUPCEG, prácticamente se terminó con la violencia en la Sierra y, por extensión, en la capital del estado. El hecho relevante es que después del tiroteo, el FUPCEG tuvo en sus manos al Carrete y luego lo entregó a la Guardia Nacional.

Así como la UPOEG le sirvió a Aguirre Rivero de instrumento contra las bandas delincuenciales, ahora esta utilidad puede observarse en el Frente Unido con el gobierno de Astudillo Flores. Es Frente aparece como un cuerpo parapoliciaco y/o paramilitar encargado de «limpiar» los asuntos que desde la institucionalidad gubernamental no se ha podido ni se han querido enfrentar. La comodidad y el confort de la oficina, con el té y el café calientes en medio de una plática sobre el fin de semana.

Esta ausencia, incluso provoca molestia y desconfianza hacia las autoridades, y en primer término hacia el gobernador Héctor Astudillo Flores, quien al igual que sus funcionarios, están más preocupados por la cercana sucesión en Casa Guerrero y las elecciones federales intermedias de 2021, así como las locales. Por eso, la inseguridad no es parte de la agenda del gobernador. Lo importante es mantener el poder local cuando menos otros seis años. Por eso se explica que Astudillo Flores hubiera insistido y presionado para que se entregara cuanto antes el fertilizante a los productores de la Sierra, como una estrategia que lograra la reconciliación, a fin de no perder esa base social que representa muchos votos. Pero esto no le quita la indiferencia con el resto de la entidad.


Los maestros y la «Nueva EScuela Mexicana»

Humberto Santos Bautista

Pedirle al Estado que se desprenda de la Escuela es como pedirle que se desprenda del Ejército, la Policía o la Justicia. Los ideales pedagógicos no son creaciones artificiales que un pensador descubre en la soledad y que trata de imponer después por creerlas justas. Formulaciones necesarias de las clases que luchan, esos ideales no son capaces de trasformar la sociedad sino después que la clase que los inspira ha triunfado y deshecho a las clases rivales. La clase que domina materialmente es la
Anibal Ponce Educación y lucha de clases

Los dirigentes de la Sección XVIII de Michoacán, afiliada a la CNTE, anunciaron recientemente que distribuirán «al menos 48 libros; 28 de primaria y 20 de secundaria, todos ellos elaborados por maestros de la Sección 18 de la CNTE, como parte del Programa Democrático de Educación y Cultura para Michoacán». El anuncio de referencia no tendría mayor trascendencia si no fuera porque los contenidos que abordarán los libros, serán, sobre todo, de carácter doctrinario e ideológico, o por lo menos así se puede entender cuando se pretende incluir «temas como el desembarco del Granma, la Revolución Cubana, Fidel Castro, la Revolución Sandinista, la “conquista y saqueo” de América, historia de Karl Marx y el consumismo, así como información sobre los “grandes monopolios” de la televisión y una crítica social contra la mercadoctenia».

Por supuesto que hace falta una crítica radical al pasado histórico y a la visión anglosajona y eurocentrica que se ha impuesto para el estudio de la problemática latinoamericana, y empezar a mirar con ojos propios nuestra realidad y corregir las deformaciones que se impusieron por la visión colonial desde el momento en que se dio –como decía Luis Cardoza y Aragón– «el encontronazo», porque es evidente que el subdesarrollo en el que todavía se debaten los países latinoamericanos, no se entendería sin esa visión del desarrollo lineal y una idea de progreso que explica el hecho histórico de que –en palabras de Alfonso Reyes– América Latina «siempre llega tarde al banquete de la civilización». Ese retraso eterno hace que nos toquen solo las migajas y que de nada haya servido la abundancia de los recursos naturales de la región, los cuales no solo han sido saqueados, sino que no han servido para potenciar un proyecto de desarrollo propio y, en cambio, han contribuido a un efecto inverso, en el sentido de que que no solo se han incrementado la pobreza y la desigualdad, sino que han traído otros problemas que antes no se tenían con los niveles extremos que ahora existen, como, por ejemplo, la violencia y la impunidad. De esta forma, en nombre del «progreso» y del «desarrollo», los países latinoamericanos han sido empobrecidos y expoliados durante casi dos siglos de vida independiente. El modelo de desarrollo que impusieron los países hegemónicos (EEUU y algunas naciones europeas) nunca ha sido incluyente.

No estoy muy seguro que enseñar el desembarco del Gramma en Cuba con los guerrilleros que hicieron la revolución cubana, encabezados por Fidel Castro, tenga alguna utilidad para entender los problemas emergentes que ahora tenemos en México. ¿Por qué no mejor revisar lo mejor de la traición científica y pedagógica que ha habido en el país? Y por supuesto, también nuestra propia historia con movimientos sociales (el de estudiantes de 1968) y guerrilleros (de los años sesenta y setenta, de Arturo Gamiz a Lucio Cabañas).

En ese contexto, es fundamental entender que si alguna salida posible le queda a países como el nuestro para trascender los problemas que ahora se viven, como la violencia, la desigualdad, los migrantes, el deterioro ambiental, etc, ésta pasa por la cultura y por la educación, tanto porque «el cambio verdadero» es, en realidad, una transformación cultural, como por el hecho de que para empezar a cerrar en parte la brecha de la desigualdad que nos separa de los países con mejores niveles de «desarrollo», necesitamos una reforma profunda en la educación pública, que tendrá que empezar por proponerse como la más alta prioridad, la de ofrecer la mejor educación a los niños más pobres y no seguir con la tradición de que la buena educación, o la menos mala, la deja siempre al alcance de los sectores más favorecidos, y a los marginados pareciera dejarles como única opción «una educación pobre para pobres». La transformación de la República será cultural y educativa o no será.

Sin embargo, una buena educación –«de excelencia», propone la SEP ahora– supone privilegiar los nuevos lenguajes de la ciencia y la tecnología y, desde luego, una formación ética que esté sustentada en los valores culturales y en la historia propia, porque solo de esa manera se podrá aspirar a formar en la escuela sujetos éticos con una sólida formación académica y plenos de conciencia histórica.

Si esto es así, lo que debiera considerar la dirigencia de la CNTE en Michoacán es que los grandes problemas emergentes (la violencia, la pobreza y la desigualdad, la crisis ambiental, los migrantes, la educación, etc.) no tienen cabida en ninguna ideología, porque históricamente está demostrado que las ideologías no tienen capacidad de propuesta y que la dimensión de los desafíos que vienen ya no caben en los estrechos marcos del currículum.

Lo que ahora se necesita, son ideas; es decir, pensar lo no pensado, para poder potenciar la imaginación pedagógica de maestros y alumnos. Lo que se necesita con urgencia es enseñar a pensar a los niños y niñas, a los jóvenes. Y para eso se necesitan maestros capaces de pensar por cuenta propia, para que no solo repitan contenidos obsoletos y mucho menos aprender solo a repetir consignas que de tanto repetirlas han terminado por vaciarlas de todo contenido; es decir, carecen de sentido.

La CNTE debiera de tener claridad en una cuestión muy sencilla: el dogma no derrota al dogma.

Esos son los riesgos de que la disidencia magisterial se quede atorada en las cercas ideológicas y se olvide de un principio básico que enseña que lo que ha hecho avanzar a la ciencia es precisamente aprender a dudar de todo, a pensar aun en contra de la razón.

Por eso, la sola pretensión de imponer contenidos –los libros de texto– solo por acuerdo de la cúpula sindical es ya un problema, porque «las vanguardias esclarecidas» que solo pretenden «interpretar el sentir de las masas», siempre han terminado en el basurero de la historia (De Stalin a Pol Pot no hay mucha diferencia; y son lecciones que la izquierda atrasada debiera haber aprendido).

La propuesta de Michoacán, de Oaxaca y Guerrero (la llamada «Escuela Altamiranista») debieran de ser objeto de un amplio consenso y debate con los padres de familia y con la sociedad en su conjunto, porque se trata de convencer con argumentos a quienes se pretende educar y que supuestamente serán los beneficiarios de una propuesta pedagógica determinada, si no se quiere terminar en un proyecto marginal y marginado, pero sobre todo, sin ningún sustento pedagógico, para ya no decir científico, porque entonces, los profesores michoacanos terminarían reproduciendo lo mismo que ahora niegan: que se les imponen programas que son descontextualizados.

En ese sentido, sería bueno que hicieran una revisión profunda de lo mejor de la tradición pedagógica mexicana y latinoamericana, para que se empiece por entender que las mejores aportaciones a la pedagogía no vienen de los profesores que ejercen la docencia, sino de otros actores que miran desde otro ángulo el problema y, quizá por eso, se sienten más comprometidos con la educación. Eso es lo que enseñaba Marx, en la tercera tesis de Feuerbach y que le gustaba mucho repetir a Paulo Freire: «El educador debe ser educado».

Remington 12

De la década de 1920.

Del 19 al 25 de agosto de 2019

#977

opinion

01 02
V e r
m á s
Menos