El desencanto por la democracia

Humberto Santos Bautista

El término «populismo» no sirve para caracterizar una fuerza política definida. Por el contrario, saca provecho de las amalgamas que permite entre fuerzas políticas que van de la extrema derecha a la izquierda radical. No designa una ideología, ni siquiera un estilo político coherente. Sirve simplemente para esbozar la imagen de un cierto pueblo.
Jacques Ranciére El inhallable populismo

El año que viene —el 2021— será, como dicen los políticos y los politólogos, un año electoral; es decir, se convocará a los ciudadanos para decidir los destinos del país, decidiendo a través de su voto de entre lo que formalmente ofertarán los partidos políticos con sus candidatos, que aspiran a ocupar un puesto público, sea de gobernador, diputado federal o local y presidente municipal. La disputa por el poder se dará, sin embargo, en un contexto muy especial, por la pandemia, que amenaza con hacerse sentir con mayor intensidad en los meses que vienen y que, sin duda, tendrá su rango de influencia en los resultados, aun cuando ningún partido político —ni el gobierno— tiene una propuesta viable frente a este problema que, oficialmente, ya ha cobrado la vida de cerca de cien mil personas. Será, pues, en esta elección de la pandemia donde se decidirá el destino de la nación, que cada vez más parece atrapado en la incertidumbre.

En ese contexto, la pregunta que no se puede obviar es, por supuesto, sobre cuál es el sentido del voto, si no se están planteando alternativas viables a los grandes problemas emergentes. Es cierto que el ejercicio del voto es un derecho y una obligación ciudadana, pero, frente a un ambiente en el que no hay ideas y en donde se aprecia un desgaste profundo de la democracia por el desprestigio que arrastran los políticos por la subcultura de la corrupción que casi se ha convertido en la carta de presentación de la llamada “clase política”, al grado de no diferenciarse en el espectro político la línea que antes separaba al centro de la derecha y la izquierda (la cual, prácticamente, ahora ha desaparecido), porque los partidos se han convertido en agencias de colocaciones, al reducir su oferta política, como una simple mercancía, y a su clientela política la han convertido en consumidores en un mercado electoral cada vez más caro.

Todo esto se puede apreciar en el conjunto de alianzas entre los partidos, que se constituyen con la intención de acceder el poder o no perder los espacios que ostentan. Así, por ejemplo, se anuncian alianzas entre el PRI, el PAN y el PRD, partidos que en otros tiempos tenían diferencias irreconciliables, pero que ahora se ve que no lo eran tanto, o que sus intereses están muy por encima de lo que formalmente los separaba; aunque frente a esta coalición impresentable, aparece otra no menos criticable, como la que representan el Morena y el PVEM, la cual es francamente incomprensible, por decir lo menos. La partidocracia degrada con ello el espacio de la política al empobrecer todavía más el debate político. Ese pragmatismo político termina por hacer que la política deje de ser el arte de lo posible y pase a ser un espacio donde solo los corruptos tienen cabida y, con ello, frustrar las expectativas de la ciudadanía de mejorar sus condiciones de vida, conciliando los intereses sociales.

En lo que toca al estado de Guerrero, los grandes rezagos que tiene la entidad, solo son comparables con los propios rezagos que exhibe su clase política, y esto se deduce del gran desconocimiento que los políticos de todos los partidos tienen sobre los problemas que cotidianamente enfrentan los guerrerenses, como, por ejemplo, ¿cuál es la propuesta para resolver el problema de la inseguridad y la violencia? ¿Qué hacer con el tema de la salud, de la pobreza y de la desigualdad? ¿Qué se piensa hacer con la educación? ¿Hay alguna idea sobre la cuestión de las mujeres y las prioridades de su agenda? ¿Y el asunto de los migrantes? Se puede apreciar que, por la misma complejidad de estos problemas, no tienen cabida ni en la derecha, ni en el centro ni en la izquierda, por lo que exigen pensarse desde su esencia y, desde allí, plantear alternativas. Por supuesto, esto implica también alargar la mirada y empezar por entender que si la realidad ha cambiado y está cambiando por la pandemia, se tienen que cambiar los usos de hacer política. No se puede aspirar a resolver los problemas que actualmente tiene Guerrero si se sigue mirando desde los marcos tradicionales, porque están agotados.

La democracia es algo más que ejercer el derecho a votar o a ser votado. ¿Cómo se puede explicar que desde el poder se afirme con frecuencia, en el discurso de los políticos, que Guerrero es un estado con democracia, cuando las evidencias demuestran que el sesenta por ciento de la población vive en condiciones de miseria? ¿Qué clase de democracia tenemos, que tolera una desigualdad brutal?

Existen, pues, viejos agravios que, en nombre de la democracia, se han cometido en contra de la población, como, por ejemplo, el haber atendido una y otra vez el llamado de los políticos y de sus partidos para emitir el voto, y que los gobiernos que se elige en todos los ámbitos, no hayan sido capaces de moderar la opulencia y la indigencia. ¿Qué clase de democracia es ésa? Se dirá que la democracia no es la panacea de todos los males, pero es entonces cuando cobra sentido la pregunta ¿para qué sirve la democracia?

Se necesita profundizar la democracia, pero eso va más allá de solo acudir a las urnas, y empieza por someter al escrutinio público a todos los que aspiren a gobernar al estado, porque si ya han ocupado cargos de representación y su paso por esos espacios no ha tenido ninguna relevancia, entonces, ¿cuál sería el sentido de votar por personajes que, una y otra vez, han demostrado su ineficiencia? La ciudadanía también tiene que aprender a hacerse responsable de sus actos, por lo que si toma una decisión equivocada, en política, los errores tienen un costo altísimo, y en Guerrero nos hemos equivocado tanto, que los políticos vienen y se van, pero los rezagos permanecen. Ésa es la historia que tiene que terminar. Ojalá y así sea.


Los negros del poder

Eduardo Añorve

Leo una publicación en Facebook y la curiosidad, el morbo, me impele a buscar el videoreportaje de la Agencia Xinhua sobre una «organización (que) se encarga de fortalecer al pueblo afro mexicano en cuestiones culturales, políticas y económicas, en especial a las mujeres en el sureño estado mexicano de Guerrero».

Inicio a mirarlo; apenas transcurren algunos segundos y lo detengo. Me irrita. Me aburre, ya, este tema. Me molesta tanta condescendencia, me irrita tanto servilismo o falta de crítica… ¡Qué digo! Me abruma tanta falta de sentido común en ese periodismo. La pretensión de actuar de manera correcta produce monstruos. El video se titula «Iniciativa para apoyar a las mujeres afro mexicanas en Guerrero».

Es un video para promover algunas actividades recientes de una organización de mi pueblo, Mano Amiga, A. C. Inevitablemente pienso en su creador, el profesor Silvio Jiménez Lugo, un político fallecido hace algunos años, hábil estafador, cuya zalamería le ganaba adhesiones de la gente, de los ciudadanos, de los votantes. Tenía una clientela política abundante y fiel. Era un líder. Fue síndico procurador de Cuajinicuilapa, aunque nunca pudo ser presidente, como aspiraba. Oriundo de Ometepec.

Silvio no hablaba de los negros, ni de los afromexicanos; incluso, se sabía que él y su mujer (maestra también) tenían una opinión negativa de los negros de Cuaji. Un día descubrió que el movimiento político que iba en crecimiento era el de la multiculturalidad, y le dio ese sesgo a su asociación civil, la lucha por los derechos de los afromexicanos, de los negros, y en ese camino coincidió con los hermanos Gallardo, maestros también. Es probable que estos hermanos, sus amigos, lo indujeran en esa vertiente de «la lucha social».

Ahora, a Silvio no se le recuerda por ese activismo a favor de los afromexicanos (incipiente e ingenuo, por cierto), sino por el desfalco de millones de pesos que cometieran él y otras líderes del municipio, con la complicidad del político priísta Nabor Ojeda (cuya operadora en ese programa fue la también profesora Nicolasa Peláez), consistente en cobrar ochocientos cincuenta pesos por un paquete de materiales de construcción a miles de personas de este municipio y de otros aledaños, tanto de Guerrero, como de Oaxaca, los cuales nunca les fueron entregados a los llamados «beneficiarios». Este enjuague se utilizó para «ganar» votos para el perredista Vicente Cortés Rodríguez, quien competía por la presidencia municipal. El maestro Silvio siempre negó que hubiera cometido fraude, y aseguró que se devolverían los dineros o se entregarían los paquetes, pero eso no se cumplió.

Precisamente, el profesor Benigno Gallardo de la Rosa también descubrió el potencial político de la bandera de los derechos de los pueblos negros (después se acomodaría al concepto afromexicanos) y con su hermano Gonzalo Gallardo García emularon el movimiento negrista de la Costa de Oaxaca, fundando sus propias organizaciones y coaliciones para, también, procurar la defensa de los derechos de los pueblos negros, sin mucho conocimiento del asunto.

Desde su Movimiento Nacional Afromexicano, Benigno, proveniente del Partido Alianza Nacional, saltó a ser consejero nacional de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, representando al estado de Guerrero, por designación del gobernador el estado, a principio de la década de los años 10 de este siglo.

Para llegar ahí, Benigno tuvo que pelear, incluso, contra otros «líderes» del movimiento afro en la Costa Chica, quienes lo veían como un arribista y oportunista, y quien podría desplazarlos, como lo hizo, finalmente. Uno de sus oponentes fue el profesor Sergio Peñaloza Pérez, de Cuajinicuilapa, a quien Benigno acusó de beneficiarse con recursos que deberían destinarse a programas sociales y apoyos a los pueblos afromexicanos de la Costa Chica; Sergio actuaba en complicidad con María Elisa Velázquez, del INAH, designada como representante de México ante la UNESCO en las actividades de la «Década de los Afrodescendientes».

«Por eso no querían que yo llegara, porque les iba a descubrir todas sus chanderas», dijo Benigno, al respecto, y se refirió a millones de pesos, que fueron desviados para beneficio personal, aunque no dio más detalles y prometió que los daría.

Acompañaba a los hermanos Gallardo, incluso como antagonista de Sergio Peñaloza, el cuileño Bulmaro García Zavaleta, quien retomó la bandera de la defensa de los derechos de los pueblos negros, afromexicanos, desde ese cascarón que era la fallida Universidad de los Pueblos del Sur (Unisur), consiguiendo ser empleado para las actividades preparatorias del conteo de población que realizara el INEGI en 2015, donde se incluyó una pregunta sobre la adscripción de esta población. Incluso, participó en la organización logística de varias consultas sobre esos derechos.

Pero la suerte lo llevó a ser designado subsecretario de Asuntos Afromexicanos del gobierno estatal por el perredista (en ese momento) Ángel Heladio Aguirre Rivero. De esa época se recuerda en Cuajinicuilapa que a la Unisur le hicieron donaciones de vehículos (dos camionetas, que utilizaban sus hijos, un músico y la actual diputada por el XV distrito local, Perla Xóchitl), que «bajaron» recursos para apoyos de los pueblos afromexicanos, negros, de esta zona, pero que éstos nunca recibieron, sino que se quedaron en familia; así como donaciones en especie (cámaras de video y de fotografía profesionales, etc.). Recientemente apareció en el escenario nacional, al formar parte silente del elenco que le entregó al presidente López Obrador el bastón de mando, en representación de los pueblos indígenas.

Al final, en los últimos cinco años, estos oponentes se perdonaron y decidieron actuar y repartirse los recursos y los cotos de poder o, cuando menos, no estorbarse, aunque no siempre cumplieron el pacto, porque Bulmaro y Sergio se pelearon por los recursos que les dieron para acudir al encuentro de pueblos negros en Múzquiz, Coahuila, y en otros actos de esos grupos y otros del país. Y Benigno, como por arte de enjuagues, heredó el cargo de Bulmaro, y ahora funge como subsecretario de Asuntos Afromexicanos del gobierno del estado, y «se toma la foto» con su «hermano» Sergio.

Sergio Pedro Peñaloza ha «caciqueado» a la organización que le heredara el tobaguense Glynn Jemot, México Negro, A. C., la cual inició como una asociación que luchaba por combatir la pobreza, el desempleo, la falta de servicios de salud pública, de educación de los pueblos negros de la Costa Chica y las que dieron en llamar tradiciones culturales. En algún momento, la funcionaria María Elisa Velázquez se ufanaba en llevar a este cuileño a viajar, con dinero del erario, por varios países, como Brasil, representando a sus paisanos, haciendo «turismo étnico», usurpando una representación que la gente de su pueblo, de los pueblos negro-afromexicanos nunca le dio. Incluso, ni la gente de su pueblo, ni de su barrio, lo apoyó en su pretensión de ser candidato independiente a la presidencia de la República… por los afromexicanos.

Y el episodio más reciente en su trayectoria como líder afromexicano-negro fue la irónica designación que hiciera el gobierno del estado de Guerrero, al otorgarle el premio «Cuauhtémoc» al mérito civil: «Por primera vez en la historia de Guerrero, en este año en el marco de la conmemoración del 171 Aniversario de la Creación de nuestra Entidad Federativa, se otorgará el Premio al Mérito Civil «Cuauhtémoc» a un hermano Afromexicano Pedro Sergio Peñaloza Perez (sic), Presidente de la Organización México Negro A.C. Un merecido reconocimiento a toda una vida de lucha por la visibilización de los derechos y la cultura del pueblo Afromexicano. Nuestra Constitución Local de Guerrero desde hace varios años ya tiene tuteados los derechos del Pueblo Afromexicano, equiparados con los derechos de los Pueblos Indígenas», escribió el secretario de Asuntos Indígenas y Afromexicanos. (Se respeta redacción.)

Estos tres activistas que han enarbolado la bandera de la defensa de los derechos de los pueblos afromexicanos nunca han tenido base social, sino que ésta ha sido escasa, y sí han tenido el rechazo o la apatía de la población que dicen representar ante sus acciones. A menos que den dinero. Es irónico, porque el profesor Silvio, cuando menos tenía gente. Pero las argucias de los poderosos para seducir y cooptar este movimiento son numerosas, y si esa camada de negros ya va de salida, otros más jóvenes, más «preparados» están sustituyéndolos, tal vez porque el botín no se agotará en los próximos años.

En realidad, son procesos que los pueblos deben vivir antes de arribar a la conciencia de sus derechos humanos fundamentales, organizarse y emprender una lucha genuina, colectiva, comunitaria y efectiva por los mismos, por su cultura y sus tradiciones, por su entorno ecológico y por su propia historia, purgada de espurios.

PS: «Negro, en su acepción literaria, es el que hace trabajos anónimamente en provecho y lucimiento de otro, que pone la firma. La expresión es de origen francés –los ingleses usan el término ghostwriter, escritor fantasma– y surgió con la producción en masa de folletines en el siglo XIX, cuando se empezó a llamar négrier –negrero– al que firmaba y nègrenegro– a quien escribía». Tomado de la revista Muy interesante, de España.


De los mitos y leyendas a la infodemia

José Francisco García González

Ni plegarias en los templos, ni adivinaciones fueron suficientes para aplacar la peste.
Tucídides

La historia de la humanidad está plagada de mitos, leyendas e interpretaciones de la realidad, balanceadas entre la ciencia y la ficción. Desde hace tiempo, la vida en la Tierra, en todas sus características y especies (flora y fauna), navegaba entre el calentamiento global, la contaminación de océanos y la misma tierra, las guerras sistemáticas en el Medio Oriente, la pobreza, la hambruna… Pero faltaba algo peor, como una maldición, sin provenir de temblores de tierra, huracanes, erupciones volcánicas ni ningún otro desastre natural por el estilo. Y llegó la peste del coronavirus, y a un año de distancia, sigue cimbrando los pilares de las potencias económicas que se creían blindadas ante cualquier desastre natural, pandémico o económico; al resto del mundo, la peste lo tiene en vilo, sin un camino definido más que esperar lo que sobrevenga y pagar los costos de las desgracias. Acostumbrados a cargar entre los hombros a los poderosos y abusivos países conquistadores e invasores desde la colonización, esta fase incierta y oscura de pandemia, no será la excepción.

Después de que la humanidad ha pasado por experiencias catastróficas de pandemias que han devastando pueblos completos, tal vez se llegó a pensar que difícilmente se volverían a repetir. Pero aquí nos encontramos, en un punto ciego: sin antídoto alguno para atacar el mal que aqueja al mundo. Hace unos cinco meses, en un artículo publicado en este mismo espacio con el título «Pestes indómitas», referí cuán antiguas son las nefastas pandemias para el género humano.

Antes de que el médico griego Hipócrates estableciera las bases de la ciencia médica (460 a.C.), a las epidemias se les consideraba un efecto de la cólera divina, lo que se apoyaba en los libros sagrados y en los textos profanos de la antigüedad, de pensadores como Ovidio, Platón, Plutarco, Tito Livio, Plinio. Según las deducciones de Hipócrates, la peste se propiciaba en las estaciones cálidas y húmedas. En su Tercer Libro de las Epidemias, el padre de la medicina afirma que el estado del aire y los cambios de estación engendraban la peste. Para Aristóteles, éstas provenían de la influencia de los cuerpos celestes.

En estos últimos días, se observa en las redes sociales cómo la gente se está encomendando a su fe, mediante cadenas de oraciones por sus enfermos, y los párrocos, a la distancia, también lo están haciendo, oficiando misas y pidiendo por la recuperación de la salud... una larga lista de convalecientes, y piden por «el eterno descanso» de todos los que han perdido la batalla ante este mal que galopa sobre los hombros de la humanidad, sin excepción. Pese a la fe que puedan tener millones de gentes en el mundo, en épocas antiguas Tucídides escribía en su obra Historia de la guerra del Peloponeso:

«…no aprovechaba el arte humano, ni los votos ni plegarias en los templos, ni adivinaciones, ni otros medios de que usaban, porque en efecto valían muy poco; y vencidos del mal, se dejaban morir. Comenzó esta epidemia (según dicen) primero en tierras de Etiopía, que están en lo alto de Egipto; y después descendió a Egipto y a Libia; se extendió largamente por las tierras y señoríos del rey de Persia; y de allí entró en la ciudad de Atenas, y comenzó en el Pireo, por lo cual los del Pireo sospecharon al principio que los peloponesios habían emponzoñado sus pozos (…) se esparció por todas partes, muriendo muchos más. Quiero hablar aquí de ella para que el médico que sabe de medicina, y el que no sabe nada de ella, declare si es posible entender de dónde vino este mal y qué causas puede haber bastantes para hacer de pronto tan gran mudanza. (…) Hablo como quien lo sabe bien, pues yo mismo fui atacado de este mal, y vi los que lo tenían. Aquel año fue libre y exento de todos los otros males y enfermedades, y si algunos eran atacados de otra enfermedad, pronto se convertía en ésta. (…) Primero sentían un fuerte y excesivo calor en la cabeza; los ojos se les ponían colorados e hinchados; la lengua y la garganta sanguinolentas, y el aliento hediondo y difícil de salir, produciendo continuo estornudar; la voz se enronquecía, y descendiendo el mal al pecho, producía gran tos, que causaba un dolor muy agudo; y cuando la materia venía a las partes del corazón, provocaba un vómito de cólera, que los médicos llamaban apocatarsis, por el cual con un dolor vehemente lanzaban por la boca humores hediondos y amargos…».

En estos tiempos en que seguimos en punto crítico por la pandemia, pareciera que poco se ha hecho para erradicarla de manera definitiva o cuando menos contenerla con medidas más radicales. El ejemplo más patético es el de los países más desarrollados, en donde se han registrado miles de decesos y hasta selectivos, dejando morir a los más pobres y a los de edad avanzada (en la lógica capitalista de que éstos engrosan la población improductiva). Dichos países han quedado evidenciados con todo y su sistema capitalista, tan defendido y vanagloriado por los académicos e ideólogos del neoliberalismo comercial, especulativo y financiero. Lo han hecho con sus teorías y conceptos que envuelven hasta a los sectores de la población menos agraciada por este sistema de imparable depredación de los recursos naturales renovables y no renovables, dicho proceso viene a culminar en un atroz e incontrolable consumismo; por causa de esta absurda e indolente costumbre se ha llenado al mundo de basura plástica y de residuos sólidos y gaseosos, emanados de la industrialización de combustibles, minerales y otras materias primas, quedando reducidas en la fase final en veneno para la tierra, agua y aire. Estamos conscientes del mal gusto, deprimente y pesimista de decir que todavía vendrán peores cosas. Pero seguramente aún nos resta vivir esos momentos espantosos; o tal vez ya los estamos atravesando, pero el cataclismo de la humanidad aún no se refleja en su entera manifestación.

Retomando el hilo, los países más desarrollados han quedado en evidencia por lo que acontece ahora en Europa y en la potencia vecina, Estados Unidos, respecto al rebrote de la pandemia, que deja en claro que se hizo poco en el aprovechamiento del tiempo, por la ruin idea de empalmar los tiempos políticos electorales con el dinamismo del virus, y la gente enferma por el contagio. ¿Acaso no hubo el tiempo y los recursos suficientes para la investigación y generación de una o más vacunas? O ya lo menos, el manejo efectivo de tratamientos para la contención masiva y evitar la propagación de la peste a más lugares. Resulta difícil pensar que a los dueños del mundo hicieron mal sus cálculos con sus dosis de perversidad, muchas veces probadas a lo largo de la historia de exterminios masivos de la humanidad, cuando pensaron que los más afectados serían los países pobres. La verdad así está sucediendo, con la salvedad de que también ellos se encuentran en la lista de la muerte y, según los recuentos estadísticos, les está yendo peor. Están sufriendo por su propia indolencia y condenados por los siglos de explotación a los territorios no habitados por ellos en aquella época de saqueo despiadado y de explotación esclavista.

Hay que reconocer que ese sentimiento inhumano no es privativo de los individuos que lo tienen todo, cuyas necesidades tienen aseguradas por generaciones. Este sentimiento de egoísmo es palpable en todos los individuos que se encuentren alejados y a salvo de desgracias ajenas a sus ámbitos territoriales o las zonas donde viven. Hay que recordar que cuando se comenzó a hablar con más fluidez de la letalidad del virus que estaba ocasionando cientos de muertes en China, surgieron los comentarios de mofa en contra de ese pueblo asiático y su singular forma de sacrificio y consumo de animales. Se hacía referencia también a su lejanía de estas tierras. Cuánta ignorancia se mostraba con dicho argumento de consuelo, cuando se sabe que desde hace millones de años el globo terráqueo no ha parado de dar vueltas casi eternas, como un trompo. Pero además, si en la antigüedad las pestes se propagaban en los desembarques de puerto en puerto o de continente a continente –con todo y que las travesías eran más lentas y algunas ocasiones eran improbables sus arribos a tierra firme por los naufragios que eran comunes en alta mar–; como, por ejemplo, el contagio de la viruela en la gran Tenochtitlan. Ahora que la movilidad de la población es más constante y se da con mayor velocidad, el mundo se achicó a partir del avance de los medios de transporte, los pactos de negocios en el comercio, la fluidez con el que se transportan las mercancías de cualquier rincón del mundo. Es, pues, demasiado complejo poder controlar una pandemia en estas circunstancias de frenética movilidad. Al principio de la incredulidad, se urdieron una serie de mitos que pronto se vinieron abajo; por decir: que el Covid-19 solo lo contraían las personas que venían del extranjero (Asia y Europa) viajando con regularidad por asuntos de negocios o turismo. Los focos de alarma, entonces, se encontraban solo en las áreas de los aeropuertos; el tener contacto muy cercano en tumultuosas concentraciones urbanas con cientos de transeúntes. Otra de estas falsedades en circulación fue la de asegurar de que en zonas de ambientes cálidos, el virus no lograba mantenerse activo el tiempo suficiente para infectar, por lo tanto esa población se encontraría a salvo de cualquier contagio; eso explica que poco antes de anunciarse la cuarentena, esas regiones se vieron invadidas de manera repentina por residentes llegados de otras ciudades, con la probabilidad de ya portar el contagio. En algunos casos, eso fue confirmado. En la región de Tierra Caliente se registraron alrededor de cinco fallecimientos con esas características. Ha sido, por una parte, la mala información que circula por distintos medios; y por otro lado, el sistema de salud pública en el país prácticamente en ruinas, tapada con una enorme cortina llamada Seguro Popular. Detrás de esta faramalla se ocultaba una ola de corrupción en el tráfico de medicamentos, material hospitalario y hasta en la supuesta construcción de hospitales. En conclusión, no existían las condiciones mínimas para la asistencia de los enfermos de Covid y ni los mismos contagiados estaban (siguen) preparados para afrontar su propia situación en desgracia. Hasta la fecha, en México la propagación de datos falsos sigue de manera cotidiana, a lo que habría que agregarle que tenemos en activo a una clase política y empresarial de oposición con una alarmante irresponsabilidad, apostándole al fracaso del Presidente en el objetivo central de su gobierno por combatir la corrupción, lacerante por muchos años en la vida de México, pero que algunos añoran el regreso a ese sistema muy dañino para millones de gente empobrecida, durante la implantación de esas prácticas de gobiernos cleptócratas, gestados desde procesos antidemocráticos fraudulentos.

Encontramos una similitud en los tres grandes lastres que arrastra el país en cuanto a cómo se fue percibiendo en la sociedad. Habría que enumerarlas en su orden cronológico. Primero está la corrupción, después los crímenes por la inseguridad y al final la pandemia. Sobre la corrupción desde hace muchas décadas se escuchaban voces que en las más altas esferas se robaban el dinero de la hacienda federal y los bienes de la Nación. Pero, ¿quien decía algo, si los peores atracos venían desde los tiempos de Antonio López de Santa Ana; de Porfirio Díaz y su sequito de ladrones? Estas prácticas se fueron haciendo comunes hasta el nivel de las alcaldías; obviamente, pasando por los feudos de los gobernadores; y es así hasta la fecha: no ha menguado a pesar de que el gobierno federal aplique políticas de austeridad en su estilo de gobierno. Aquí mismo en Guerrero tenemos un gobierno del estado ineficiente y con alto grado de corrupción. En relación con la inseguridad, cuando se desataron las ejecuciones y el tiradero de muertos a lo largo y ancho del territorio mexicano, solo lo veíamos en la nota roja de los periódicos en donde aparecían los ejecutados. Pero mientras no fueran de tu familia, vecinos o conocidos, nadie se daba por enterado y se cerraban los ojos ante ese cáncer que corroía las arterias del tejido social; y la constante ha sido que son las familias pobres las perjudicadas y siguen pagando la cuota de sangre por la guerra absurda del etílico expresidente Flipe Calderón.

Ante el rotundo fracaso de las políticas de los neoliberales mediocres que estuvieron al frente de la presidencia del país, el gobierno de Obrador ha optado por girar el timón hacia otra forma de conducción del país, no al socialismo, pero sí al humanismo nacionalista, atendiendo a los por décadas desatendidos. Sucede lo mismo con el asunto del brote de contagios por el coronavirus. Estaban registrándose casos, y la gente decía que era una gran mentira, que esa cosa no existía. Hasta la fecha hay quien lo dice. La población se comenzó a enterar y en menor medida a alarmar por los casos registrados en Estados Unidos y en gran medida fue por los primeros paisanos que fallecían en Nueva York y en otros condados en donde los contagios eran imparables y la atención médica era casi imposible para la comunidad latina en situación de indocumentados. Luego con la llegada de residentes de otros lugares a los pueblos, los contagios se incrementaron. También hay que mencionar que se han dado momentos en que la paranoia y la angustia en extremo es factor de mal manejo de la situación sanitaria. Al principio todo fallecimiento se contaba en la estadística del Covid-19. Sin embargo, muchas habrían sido muertes por causas ajenas a la pandemia de moda. Hasta ahora, la población, de manera lenta y preocupante, va teniendo conciencia de la gravedad del problema.

Cabe señalra que, los funcionarios públicos que se encuentran al frente de los municipios y los gobernadores de los estados, se han dedicado a otras cosas menos a brindar la atención adecuada para solucionar los problemas. Desde su visión pírrica de políticos obtusos, en lugar de ponerse a trabajar, están aprovechando con toda desfachatez la pandemia para culpar al gobierno federal desde una displicente comodidad; así mismo, lo han hecho con la inseguridad desde el año 2000 en que la situación se puso más tensa, cuando se les dio libertad de reacomodarse y de operación a los grupos del crimen organizado y por consecuencia, como rémoras, crecieron los grupillos dedicados a los delitos del fuero común.

Desde entonces lo hemos dicho: que todos los asesinatos, tanto los del crimen organizado como los del fuero común se han echado al mismo costal; así mismo, y con el cinismo de la ineptitud se está actuando frente a la pandemia. Y aún faltan cosas por ver; desgraciadamente no son de buen talante. Pero ni para dónde darle, si la gente pobre tiene que seguir saliendo a las calles a ganarse los pesos para medio comer, aunque el día que golpee el virus letal, difícilmente será vencido.


La Revolución en la Montaña de Guerrero

Jaime García Leyva

¿Cómo participaron los pueblos indígenas de la Montaña en la Revolución? ¿Por qué después de que hubo mucha sangre derramada por mejorar las condiciones sociales siguen predominando la miseria y la exclusión social? ¿Por qué después de varios años de lucha, quienes lograron mantenerse fueron los caciques, los terratenientes, los mestizos y los políticos que aprovecharon las circunstancias para volver y seguir en el poder? ¿Por qué los pueblos indígenas, pese a que aportaron su cuota de sangre y sacrificio, después de la Revolución continuaron en el sótano de la desigualdad social?

A ciento diez años de la Revolución Mexicana, la mayoría de los habitantes de la Montaña de Guerrero siguen padeciendo injusticias, se encuentran en el abandono, sin agua potable, sin servicios básicos de salud y educación y excluidos del desarrollo social. A pesar de la sangre derramada muchos siguen en condiciones infrahumanas y tenemos el indigno honor de contar con el municipio más pobre de Latinoamérica, que es Cochoapa El Grande, y nueve municipios de la Montaña se encuentran entre los más pobres del país.

La revolución mexicana de 1910 a 1919 fue, junto a la revolución rusa, una de las más grandes luchas campesinas que se iniciaron en el siglo XX. En México, las causas que impulsaron la gesta heroica fueron la falta de democracia, la explotación económica, el despotismo y poder centralizado en Porfirio Díaz, la pobreza, las injusticias y la desigualdad social. La Revolución, en la Montaña de Guerrero se divide en varias etapas. Los antecedentes que se ubican en las revueltas en inconformidades durante el Porfiriato; la etapa maderista de 1910 a 1911 y posteriormente la fase política militar zapatista comprendida entre 1911 a 1918. Es una historia de la lucha de los pueblos indígenas de la Región por la tierra, sus derechos y justicia social. Las causas del levantamiento regional se ubican en la época del porfiriato.

La lucha iniciada por Enrique Flores Magón, los liberales y después por Francisco I. Madero tuvo ecos en la Montaña de Guerrero. Desde aquí varios rancheros, líderes indígenas, así como pueblos y comunidades participaron activamente en la revolución. La Montaña fue el escenario donde se desarrollaron batallas, tomas de plazas y ciudades, enfrentamientos entre maderistas, zapatistas y el gobierno federal. Muchos indígenas se unieron a la lucha cansados de la explotación y abusos de los prefectos políticos, de los altos impuestos y el despojo de sus tierras.

Los españoles y mestizos que habitaban en las cabeceras municipales de Olinalá, Huamuxtitlán, Xochihuehuetlán y Tlapa eran quienes dominaban la región. Ellos mandaban, ejercían el poder y explotaban a los indígenas. Por ello, al iniciarse la Revolución, las tropas zapatistas, integradas por campesinos e indígenas, al tomar dichos lugares realizaron actos de ajusticiamiento, fusilamientos y arrebataron sus productos a los españoles y mestizos. En la ciudad de Tlapa, que fue tomada en varias ocasiones entre 1912 y 1915 por la tropa zapatista, se incendió el archivo municipal porque ahí se encontraban los documentos que daban cuenta de los agravios, despojos de tierras, demandas, oficios de altos impuestos y numerosos agravios en contra de la población.

En la Montaña, los protagonistas principales fueron los pueblos de la Montaña. Los hombres y mujeres se lanzaron a una lucha por modificar sus condiciones de vida. Estos iban armados de rifles, piedras, hondas, coraje y dignidad. Se levantaron por defender su tierra, por exigir justicia, libertad y mejoras sociales. Primero fueron bajo las banderas del maderismo, después bajo las banderas del zapatismo y se mantuvieron rebeldes durante muchos años.

Como dato, vale mencionar que la ciudad de Tlapa siempre fue un bastión de las autoridades gubernamentales y mantenía una posición económica estratégica. En Tlapa se le rinde honor a la parte oficial y algunas calles llevan nombres como: Añorve, Gálvez, Elpidio Cortés Piza, entre otras que corresponden a nombres de generales y soldados que defendieron la ciudad de Tlapa de los ataques rebeldes. No hay calles que rindan homenaje a héroes como Emiliano Zapata, Cruz Dircio, Crispín Galeana u otros hombres de la región que lucharon por justicia.

La región de la montaña, por su geografía, era un refugio natural para las tropas zapatistas que se movilizaban. Además, tenían respaldo de poblaciones, campesinos e indígenas de varios lugares. Es importante destacar que los pobladores veían con temor el desplazamiento de las tropas federales y zapatistas, porque en ocasiones saqueaban a las comunidades, o bien, los pueblos se aliaban alguna fuerza militar para resolver sus problemas por tierras. Entre algunos dirigentes maderistas y zapatistas de la región estaban Juan Andrew Almazán y Pedro Vivar, de Olinalá; Crispín Galeana, de Malinaltepec; Cruz Dircio, de Acatepec; Baraquiel Ríos y José Salgado, del Cuaulote; Agustín Moyao, de Cualac; Luis Acevedo, de Huehuetecancingo, y Pedro Vivar; Zeferino Leyva Oropeza, de Quiahuitlatzala. Por la parte oficial o gubernamental también hubo participación.

La Montaña de Guerrero tiene una historia aún por escribirse. El escenario regional aporta muchos datos sobre pueblos, batallas, héroes comunitarios, fechas, hazañas y testimonios. La reconstrucción de la historia regional debe ser una tarea que nos obliga a la búsqueda de datos e información en archivos personales, municipales y de instituciones. Para conocernos y comprendernos como habitantes de la Montaña debemos de recuperar y reconocer que tenemos una historia de sacrificios, de injusticias, de sufrimientos y también de esperanzas por modificar las condiciones de vida de la gente. Es importante reflexionar sobre los ideales de justicia, democracia, libertad por las cuales lucharon hace 110 años en la región. conocer nuestro pasado, reflexionar sobre nuestra situación y recordar que la historia la hacen los pueblos, la gente, los hombres y mujeres.

Remington 12

De la década de 1920.

Del 16 al 22 de de noviembre de 2020

#1032

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