Volvemos a vernos las caras

José Francisco García González

Las campañas políticas siempre son ocasión de reencuentros, tanto con enemistades furtivas y ocasionales, como con compañeros de otras luchas y no solamente en el campo electoral. En algunas ocasiones nos hemos topado con añejos compañeros universitarios que aún siguen en la misma línea de la lucha social, con los cuales, con todo y que sus rostros y toda su fisonomía, ya muestran la marca del tiempo en el rostro, como en mi caso, nos identificamos y saludamos con gusto y a la vez nostalgia de otros tiempos, de otras vidas; sobre todo, de los amigos que ya no marchan, por el peso de los años o porque ya no se encuentran con vida. Siempre será oportuno hacer un poco de remembranza de aquellos tiempos, con todo y que se vivían tiempos peligrosos por el mismo sistema político de desigualdades y marcada discriminación hacia las clases empobrecidas, así como por la naturaleza del sistema de corrupción, injusticias y la distribución inequitativa de los recursos públicos.

Las luchas emprendidas desde nuestra condición de estudiantes preparatorianos, cuando demandábamos mejores condiciones de estudio, aumento al subsidio para la Universidad Autónoma de Guerrero, alto al alza de los productos de la canasta básica, no al incremento al precio del pasaje, el reclamo contundente por la libertad de los presos políticos, encarcelados por defender principios y causas justas para cambiar las condiciones de vida de los pueblos más apartados y las colonias populares. En esos tiempos, no esperábamos beneficios económicos, cargos en la función pública o puestos de elección popular. En las décadas de los setenta y los ochenta, la situación era distinta. Estábamos expuestos a la persecución y desaparición, una práctica recurrente del régimen represor, forjado en el priísmo más recalcitrante, para la cual utilizaban a las fuerzas armadas y a los cuerpos de pistoleros del sistema judicial y policiaco.

En Guerrero, costó mucho salir de la encrucijada de violencia a consecuencia de las incursiones de los grupos guerrilleros, encabezados por los profesores Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. A la Universidad de Guerrero le tocó pagar su cuota de sangre. Era tachada desde las más altas esferas del poder político de mala manera, ya que se le estigmatizaba con perversidad de ser una institución protectora de guerrilleros donde se refugiaban activistas que simpatizaban con la vía armada para cambiar el sistema político que hasta la fecha seguimos cargando cual lastre dañino que impide sacar del atraso y la pobreza a millones de mexicanos. Dos meses de que falleciera mi profesor de economía en la preparatoria, tuve la oportunidad de saludarlo. Afortunadamente ya había ganado Andrés Manuel López Obrador. Y digo afortunadamente, porque mi profesor alcanzó a ver ese logro que veníamos buscando desde doce años antes, o incluso desde hace treinta años, con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Después de decenas de marchas, asambleas con estudiantes, gentes del campo, jornaleros eventuales, obreros de la sombrerería, me invitó un agua de melón en pleno centro de mi pueblo y, todavía sin pandemia, me dijo: «Creo… estoy convencido de que ahora sí al país le irá mejor… vamos por buen camino». Yo siempre he tenido mis reservar de creer sin antes analizar los cambios; pero quién era yo para contradecirle o rebatirle su posición de convencimiento, y mucho menos al recordar aquellas largas conversaciones cuando viajamos a la capital del estado para asistir al auditorio Juan R. Escudero a las maratónicas sesiones del consejo universitario con el entonces rector José Enrique González Ruiz. De esos maestros no solo aprendíamos en el aula, sino en las luchas emprendidas bajo su asesoría y experiencia,. Él se encontraba postrado en una silla de ruedas que manipulaba con un motorcito que le permitía avanzar a veces a media avenida Morelos, del pueblo al que llegó y nunca quiso abandonar. Primero como director de una escuela primaria que él llegó a fundar, y después como maestro de la Prepa, una vez concluida la Normal Superior, dependiente de la Universidad Autónoma de Guerrero. Y así muchos de nuestros profesores con los cuales caminamos juntos en esas marchas, poco a poco se están acabando. Primero lo hicimos por la recuperación de las instalaciones de la Escuela Superior de Agricultura (la ESA) y posteriormente por el aumento del subsidio y la defensa de la autonomía universitaria, ante la andanada de amagos en contra de la UAG y otras universidades con posiciones distintas a los gobiernos totalitarios del PRI. Así fueron las presiones durante el gobierno de Miguel de la Madrid, simpatizante e impulsor del neoliberalismo en México. El secretario de educación era en ese entonces el abogado priista Jesús Reyes Heroles, férreo opositor a las universidades públicas contestatarias al régimen y principalmente con la de Guerrero. Este funcionario tuvo una posición de animadversión desmedida y hasta pudiera considerarse enfermiza hacia nuestra universidad. El rector era el abogado Enrique González Ruiz. La lucha era cerrada, y hombro con hombro junto a estudiantes y maestros de pensamiento progresista y no cercanos al régimen, porque hay que saber que muchos trabajadores y maestros universitarios también simpatizaban con los gobiernos en turno y a la vez veían con cierta antipatía al movimiento estudiantil universitario, entre estos podíamos encontrarnos con compañeros de grupo. Algunos nos hemos formado con la idea lógica de que la gente de la misma condición económica o, sobre todo, más deplorable, compartiría la visión de clase, pero no. A lo largo de la vida uno va conociendo cosas sorprendentes, pero a estas alturas las consideramos hasta normales y los entendemos; no obstante, jamás serán justificables. Y no será tanto por el nivel académico, sino porque ésa ha sido parte de vivir en el fatalismo, el aceptar con resignación esa condición económica como algo natural o definitivamente recurrir a las divinidades y postrarse al conformismo. Tampoco pretendemos con este planteamiento inducir a que nuestra situación debiera cambiar para bien a costa de todo y pasar por encima de quien se atraviese, aplastando la dignidad de los demás. No, simplemente es reclamar lo que al Estado le es obligatorio hacer como aparato rector de los bienes nacionales, así como en la distribución de los recursos de la hacienda pública de forma equitativa. Desde siempre, sin infringir la ley y con argumentos válidos, nos hemos opuesto a que sea un reducido grupo de familias las que acaparen las riquezas, impidiendo llegue a otros sectores que también lo necesitan y que por décadas han sobrevivido con un deshonroso salario mínimo, a diferencia de funcionarios, políticos y empresarios (vivales algunos de estos) que se aprovechan para vivir a costillas de los beneficios del dinero de todos, ganando salarios estratosféricos y percibiendo beneficios que en ningún otro país del mundo se permite. Todos aquellos que prosperaron a la sombra del poder político y se hicieron ricos con dinero mal habido, de verdad se merece que se les señale, ante tanto silencio que reinó durante muchos años; eso también podemos entenderlo, porque durante los relevos en el poder había pactos y reglas no escritas para cubrirse mutuamente la espalda, para no descubrir nada del oscuro pasado. Estos pactos aplicaban no solo en lo referente a los desfalcos a las arcas de la Nación. No revelar por ningún motivo los crímenes de Estado; tampoco descubrir los fracasos en la aplicación de políticas desatinadas y erróneas en contra de los mexicanos, como por ejemplo, las devaluaciones del peso en los sexenios de López Portillo y De la Madrid; la imparable deuda externa que hasta ahora rebasa los diez billones de pesos; esto a pesar de que en estos dos años y meses el gobierno de López Obrador se ha negado rotundamente a contratar montos de deuda. Sin embargo, el presidente no se atreve a dar un paso más adelante. Sobre esa deuda debe hacerse un estudio a fondo; no parece difícil descubrir a dónde iría a parar todo ese dinero, si antes iba a parar al caño de la pestilente corrupción, la cual sirvió para enriquecer a unos cuantos. Y como es de entenderse, a los saquedaores les resultaba muy conveniente el silencio de las clases marginadas; es decir, entre menos la gente dijera algo, mejor para los beneficiarios de lo ajeno (público), que al fin y al cabo nadie reclamaba y a pocos les importaba lo que sucedía con esos tramposos y latrocínicos que modificaron artículos de la Constitución a su conveniencia, cortando casi de raíz todas las conquistas de varias décadas de lucha de hombres y mujeres conscientes de lo que sucedía en el país. Ahora, los opositores del conservadurismo gritan y patalean desesperados; como no, si estaban acostumbrados a repartirse el presupuesto y los beneficios por la explotación de los bienes nacionales, para impulsar el desarrollo de la economía nacional y solo quedaba reducido a cubrir los gastos de gobiernos casi virreinales.

Cuando se realizaban las sesiones en la cámara de diputados para la aprobación del presupuesto anual, todo ese tiempo se convertía en un ir y venir de cabilderos profesionales, con maletines llenos de dinero para los sobornos; y por el otro lado, dirigentes de organizaciones sociales, fundaciones, ONG, navegando siempre con la bandera de ser independientes. El Estado debe realizar diversos gastos para poder cumplir con sus objetivos y fines, mediante el diseño de políticas públicas, no solo para un año, sino para el corto y mediano plazos; es por ello que es necesario el análisis y la aprobación con mayoría de votos del Poder Legislativo a través de la Cámara de Diputados, a la que corresponde de manera exclusiva la discusión y aprobación anual del Presupuesto de Egresos.

Pero hablando concretamente de Guerrero y contextualizar los tiempos y las luchas posteriores, nos referiremos a un personaje que jugó un papel importante, respecto a los movimientos populares que se dieron en la entidad.

Con la llegada de Rosalío Wences Reza, un académico con una visión política de izquierda, en los años setenta se inclinó por la defensa de los luchadores sociales y los perseguidos durante la guerra sucia que emprendió el Estado contra grupos guerrilleros; además de que supo combinar su actividad académica con la política. En la universidad guerrerense conformó una corriente de pensamiento tendiente a vincular al pueblo de Guerrero con su universidad, corriente que dominó por varios años la vida política de la máxima casa de estudios estatal. Doctor en sociología, Wences Reza fue profesor e investigador de tiempo completo en la Universidad Nacional Autónoma de México en las décadas de los setenta y ochenta. A la UAG llegó en 1960 como profesor, y en 1972 ocupó por primera vez la rectoría, cargo en el que repitió en 1978 y en 1984. Durante su primer periodo creó el proyecto «Universidad Pueblo», que consistió, como ya se mencionó, en replantear el programa de extensión y vinculación universitaria que existía con el anterior rector, para convertirlo en un factor de lucha social y política, con trabajo en las comunidades, mediante el servicio social y acercar la educación y la cultura a los pueblos en una especie de retroalimentación. En la Universidad ya no solo decidirían los académicos y trabajadores cercanos al régimen, también se estaban abriendo las puertas a la participación de los partidos, particularmente el Partido Comunista Mexicano.

Al concluir su tercer rectorado, la UAG sufría un embate que se había iniciado seis años antes, al comienzo del gobierno de Rubén Figueroa Figueroa, quien vinculaba a los estudiantes con grupos guerrilleros, muchos de los cuales fueron muertos o desaparecidos en esos años.

Después de haber salido de esa etapa de constantes sobresaltos en la lucha estudiantil, tras haber perdido la vida un buen numero, principalmente dirigentes estudiantiles. La otra etapa fue la efervescencia de millones de mexicanos que se volcaban a apoyar la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Rosalío Wences Reza decidió participar en el Frente Democrático Nacional (FDN) y fue postulado candidato a diputado federal por el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (el también llamado Ferrocarril, de Aguilar Talamantes y Jesús Ortega), y al crearse en Guerrero el Partido de la Revolución Democrática (PRD), con la fusión los integrantes del FDN y el Partido Mexicano Socialista, Wences Reza fue su primer dirigente. Y fue a quien le tocó enfrentar la ferocidad represiva del gobierno de José Francisco Ruiz Massieu, que en el primer trimestre desalojó ocho alcaldías ocupadas por perredistas en protesta por los fraudes electorales.

La marcha convocada por simpatizantes de Félix Salgado Macedonio el pasado jueves 1 de abril, sirvió como catarsis y no solo para protestar en contra de la extralimitada decisión del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) al retirarle por mayoría la candidatura por Morena a Félix Salgado Macedonio. Con siete votos a favor y cuatro en contra, el Consejo General determinó que la irregularidad de Morena y su candidato, Salgado Macedonio, de no presentar en tiempo y forma el informe sobre gastos de precampaña, y aun sin haber registro oficial de precampaña el INE determina suspenderle el registro de la candidatura y por ende con el alcance de eventualmente quitarlo de la boleta electoral en una elección local. Una especie de derrota en la mesa por default. Por ello, el candidato aludido se declara violentado en sus derechos ciudadanos y dice que defenderá su designación ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) e incluso ante organismos internacionales, porque en Morena no hubo precampaña. En parte le asiste la razón, porque todos tenemos a salvo nuestros derechos de votar y ser votados, pero cuando tus adversarios son de peso completo y estás en la mira de esos personajes que tienen bastos intereses en Guerrero, entre otros, los Salinas, por la vía directa de los Ruiz Massieu, Diego Fernández de Cevallos con punta diamante y muchos otros que aún no sacan la cabeza, pero les conviene que las cosas sigan igual en Guerrero, incluyendo los dos sexenios de los supuestos perredistas: Zeferino Torreblanca Galindo y Ángel Aguirre Rivero.

No es para tanto. Lo más seguro es que estén viendo moros con tranchetes. Félix Salgado, hasta ahora no ha planteado hacer cambios de fondo o ha dicho nada de investigar a los que malversaron recursos públicos y para meterlos a la cárcel; es más, hemos observado que hasta es condescendiente con el actual gobernante Héctor Astudillo, que dicho sea de paso, ha sido muy bueno para solucionar nada y se la ha llevado de a muertito durante todo este tiempo. Y le han favorecido muchas cosas. Habría que preguntarnos a dónde van a parar los recursos que se asignan al estado, por la inoperatividad a consecuencia de la pandemia. Desde hace más de un año, las oficinas gubernamentales quizá funcionan en un 30 o 40 % de su capacidad, así que no hay gastos de energía eléctrica, reparación de vehículos, gasolinas, telefonía, papel, mantenimiento a aparatos de computo, agua… y todo lo que se eroga en gastos fijos y corriente para las oficinas.

Quizá algún día salga a la luz cómo la pandemia benefició a los que manejan presupuesto público, y le pegó fuerte a los que sobreviven al día en un estado politizado, pero pobre.

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Morena, pragmatismo ciego

Humberto Santos Bautista

...no somos personalistas, somos partidarios de los principios y no de los hombres.
Plan de Ayala (1911).

En el contexto actual, parece que el Morena todavía no ha entendido que para poder transformar la República no basta con ganar elecciones, puesto que un cambio de esa magnitud también es una tarea cultural que solo es posible cumplirla si se acompaña con los mejores hombres y mujeres probados en las luchas, para que tengan claridad en los fines que persigue el movimiento. Morena, que se presenta, conforme a su slogan, como «la esperanza de México», no parece estar interesado en mantener la lealtad con los principios que formalmente lo definen como partido y como opción alternativa, y ha optado, más bien, por un pragmatismo ciego en la selección de sus candidatos a los diferentes cargos para el proceso electoral de este 2021, teniendo como único fin ganar las elecciones, aunque eso no necesariamente signifique ganar el poder. En un escenario, donde han sido excluidos cuadros con un largo historial de lucha en la izquierda y han incluido a otros militantes de la derecha con un oscuro pasado, uno como ciudadano no deja de preguntarse, ¿cuál es el sentido de votar si las opciones que se presentan son las de quienes en otros tiempos eran precisamente los más férreos defensores del antiguo régimen neoliberal?

En el Morena pareciera que el partido tiene prisa por encaminarse a una involución que terminará frustrando las esperanzas de cambio de todo el país, porque al presentar como candidatos propios a viejos militantes del PRI, del PAN y del PRD, que han sido los más interesados en mantener el régimen de privilegios que el presidente Andrés Manuel Lopez Obrador ha dicho una y otra vez que hay que terminar para para lograr un cambio verdadero. Sin embargo, en el Morena pareciera no entenderse que para consolidar la llamada 4T, no solo se necesita ganar la mayoría de los diputados que integrarán la nueva legislatura, sino de promover una profunda reforma cultural y educativa que permita el diseño de políticas públicas de Estado para atender los grandes problemas emergentes del país y, específicamente, el tema de la desigualdad. Pero, ¿cómo puede pensarse que los mismos que se encargaron de instalar el régimen neoliberal en México, ahora van a estar interesados en impulsar un proyecto que tenga como fin atender las brutales desigualdades que ahora caracterizan al país?

En el caso del estado de Guerrero, ese pragmatismo solo traerá una mayor pobreza porque no podrá salir de la pobreza económica si no se supera la pobreza política. ¿Cómo vamos a salir de la pobreza si se sigue pensando que la democracia solo consiste en ir a votar el día de la elección y solo por cualquier candidato que el partido designó por arreglos cupulares y sin el menor respeto por la militancia y menos por el pueblo? ¿Cómo salir de la pobreza si no se entiende que la democracia no solo es un régimen jurídico (para elegir autoridades), sino un proyecto fundado en el mejoramiento constante de las condiciones de vida del pueblo? ¿Cuántos candidatos a los diferentes cargos por Guerrero, tendrán siquiera una idea lejana de nuestro concepto de democracia plasmado en la Constitución?

Por eso la imperiosa necesidad de quien aspire a encabezar un gobierno que pretenda un cambio de fondo en el estado, de rodearse de los mejores cuadros, mujeres y hombres, para acompañar una tarea que tenga como prioridad esos fines superiores, para lograr que llegue la 4T a Guerrero, y luego, su consolidación.

La desgracia es que parece que el Morena no está a la altura de la 4T, y la selección de candidatos que las dirigencias estatal y nacional han hecho y están haciendo en el estado, reviviendo la subcultura del dedazo y proponiendo candidatos impresentables, puede terminar convirtiendo la esperanza en una frustración temprana. Y en el páramo de la desolación, solo se confirmaría una vez más que la izquierda no aprende y, reducida a lo electoral, termina reproduciendo los mismos vicios de corrupción que tanto le critica a la derecha. La izquierda no sabe leer sus propias circunstancias. Para la dirigencia del Morena en Guerrero, la prioridad son los cargos y no los problemas del estado. No aprenden de la historia y se les olvida que en otros tiempos, Francisco I. Madero ganó también abrumadoramente una elección y, por esa visión pragmática, terminó haciendo alianzas con los conservadores de entones y haciendo a un lado a los revolucionarios que habían hecho posible su acceso al poder; sobre todo, a los ejércitos campesinos que comandaban Francisco Villa y Emiliano Zapata –uno en el norte y el otro en el sur–, y terminó confiando en personajes oscuros como Victoriano Huerta, quien finalmente lo traicionó y con ello volvió a enfrentar al país y se frustró el cambio al que se aspiraba.

Ése es el espejo donde ahora le hace falta mirarse al Morena.

aa

Desplazados de la sierra. Abandono gubernamental.

Del 5 al 11 de abril de 2021 al

#1049

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