Proposiciones demográficas [3/3]

Gonzalo Aguirre Beltrán

Año de 1646

 

Indios

 

Hemos dicho ya que la epidemia de matlazáhuatl hizo estragos en la población indígena; el proceso de decrecimiento, alarmante por esta fecha, continuó su curso en los años que siguieron. La Audiencia de México, dirigiéndose al rey, por 1598, expuso claramente la situación: «…los indios van faltando tan apriesa, como lo vemos cada día por las tasaciones… y aun infiriendo de lo pasado a lo porvenir, se entiende que en breves años se han de acabar estos miserables naturales».

Los empleados coloniales, cada vez que realizaban los recuentos de indios, para el cobro de la capitación, encontraban siempre una disminución. Los mismos indígenas elevaban ocursos al virrey pidiendo estos recuentos, cuando los alcaldes mayores, para exaccionarlos, conservaban en vigor viejas tasaciones. Kubler, que verificó un cuidadoso estudio sobre el número de tributarios que por la fecha había, comprueba estadísticamente este notable decrecimiento. En 1569 encuentra en el Arzobispado de México 72 471 tributarios; para 1595 sólo existen 38 161 en el mismo grupo de localidades seleccionadas. Igual proceso comprueba en Oaxaca, donde cuenta 31 132 tributarios en 1569 y sólo 18 480 en 1595. En Michoacán halla 15 340 en 1569 y 8 460 en 1595. Tlaxcala, 32 822 en el primer año anotado y 16 879 en el segundo.

Pero el peligro de quedarse sin mano de obra indígena no impedía a los españoles abusar inmisericordemente de los naturales. Gage cuenta que por 1625 se calculaba solamente en 5 000 el número de indígenas que quedaban en la ciudad de México y, años más tarde, el mismo autor informa que habían sido reducidos a 2 000, consumidos por los hispanos en las rudas labores del desagüe.

El repartimiento de las tierras de los indios —para la fecha llamadas tierras baldías— se había consumado hasta en lugares distantes de la capital del virreinato. No sólo las mejores tierras de labor del altiplano, sino también las de las vertientes habían sido mercedadas a hijos y nietos de conquistadores y pobladores, en pago de los servicios que a la Corona prestaron sus antepasados. Y todas estas mercedes, sitios de ganado mayor y menor, pronto se cubrieron de ganados que dañaban las sementeras de los naturales y se introducían hasta el interior mismo de las iglesias de los barrios, y, ante la queja de los indios, las autoridades virreinales ordenaban la reducción a pueblos, para que los ganados no tuvieran estorbo alguno en su desarrollo. Igual que en España por esta época, la multiplicación del ganado se consideraba preferible a la conservación de los agricultores, y esta política pesando sobre el indio fue motivo más de la despoblación.

Para 1646, Juan Diez de la Calle ofrece números desoladores. Da cifras para el Arzobispado de México y los obispados de Tlaxcala, Oaxaca y Yucatán. Conforme la proporción de decrecimiento hemos calculado los números correspondientes a los obispados de Michoacán y Nueva Galicia y las provincias de Tabasco y Chiapas, obteniendo los siguientes datos.

 

Población indígena en la Nueva España, por 1646

Obispado

Números

México

600 000

Tlaxcala

250 000

Oaxaca

150 00

Michoacán

35 858

Nueva Galicia

41 378

Yucatán

147 265

Chiapas

42 318

Total

1 269 607

 

 

A los 1 269 607 individuos había quedado reducida la población indígena que en 1519 hemos calculado en 4 500 000 y en 1570 en 3 336 830. Por fortuna la cifra primeramente anotada marca el vértice del despoblamiento: a partir de entonces la masa indígena volvió por su antiguo vigor e inició una recuperación, al principio, lenta, y después, acelerada. Una circunstancia favoreció el proceso. Desde los últimos años del siglo anterior la pugna entablada entre los cleros regular y secular se inclinó sensiblemente hacia del triunfo de los últimos. El indio se vio liberado del misionero y pudo asirse de los pedazos de su cultura nativa que habían podido salvarse de la total destrucción. Sucedió esto en aquellos lugares, centros nucleares del indio, donde la acción devastadora de los inflexibles hombres del hábito no pudo llegar. La tolerancia del clero secular —más atento a los provechos mundanales que a las bienaventuranzas ultraterrenas, celoso de congruas y beneficios y a menudo licencioso en materia sexual— permitió la vivencia, dentro de los conceptos cristianos de las creencias ancestrales, favoreciendo, por aculturación, la formación de un sincretismo religioso que es la base histórica del catolicismo que hoy día constituye el patrimonio de la masa campesina de México.

 

 

Blancos

 

La población española, al favor de una inmigración que propiciaron errores de política demográfica en la metrópoli, aumentó en número. Conforme a un curioso fenómeno que fue más aparente en España que quizá en cualquier otro país de Europa, los últimos años del siglo XVI y primeros del XVII se caracterizaron por la formación de latifundios destinados a la cría de ganado, a costa de los terrenos de labor. Los campesinos, despojados de sus tierras, no tenían siquiera —como fue el caso de Inglaterra— la alternativa de ofrecer su mano de obra sin empleo a la industria, ya que en España ésta se encontraba en completa ruina. El empobrecimiento general de las masas, incrementado por otros factores, entre los cuales hay que señalar las onerosas guerras que se sostenían, la expulsión de moros, judíos y sus capitanes, unido a todo ello el irracional costo del lujo de los cortesanos, vino a determinar, como fácil puerta de escape, la migración de gentes desheredadas que muchos autores consideraron la hez de la Península, pero que hoy —libres de prejuicios— sabemos que no por carecer de títulos de nobleza eran individuos física y mentalmente inferiores.

Diez de la Calle da, para 1646, los datos encerrados en el cuadro siguiente, para aquellos lugares del virreinato donde asentaban españoles.

 

Población española en la Nueva España, por 1646

Obispado

Números

México

8 000

Pueala

1 000

Tlaxcala

2000

Atlixco

1 000

Veracruz

500

Valladolid

250

Oaxaca

600

Mérida

400

Campeche

300

Zacatecas

500

San Martín

400

Durango

120

Parral

250

Sinaloa

80

Guanacini

60

San Bartolomé

40

Chiapas

50

Soconusco

30

Total

1 269 607

 

 

Estos desheredados españoles, que venían huyendo de la miseria en que se debatían en la madre patria, al llegar a la Colonia se transformaban en Señores, obligados por un clima psicológico de profundas raigambres económicas, que hacía del peninsular, fuera de su extracción noble o plebeya, fuera de su color rubio o moreno, un hombre blanco, un europeo, decidido defensor de una metrópoli donde, ¡oh, paradoja!, moría de hambre.

 

 

Negros

 

La epidemia de matlazáhuatl de 1576 no provocó en los esclavos negros la hecatombe que destruyó a los indígenas. A diferencia de la epidemia anterior, que no se cebó grandemente en los africanos, ésta parece haberlos encontrado un tanto más preparados. El aumento de la población negra, sin embargo, no estaba principalmente influida por el crecimiento natural, sino por el social, representado por una inmigración que, a partir de estos años, se llevó a efecto con un ritmo acelerado. El decrecimiento de la población indígena, tan brusco, obligó a las autoridades coloniales a substituir la mano de obra nativa. En las instrucciones que el virrey Enríquez daba a su sucesor le decía:

También ha de saber V. S. que el mayor sustento de esta tierra sale de las minas y labores, cuyo beneficio no se sabe hacer sino con indios; y aunque antes de la pestilencia se acudía descansadamente a todo, por los muchos que había, prometo a V. S. que después acá se hace con muchos trabajos; de lo cual no me cabía a mí la menor parte, porque por cabo veía la falta de tantos indios, por otro la necesidad precisa de su servicio, so pena de acabarse todo. El cuidado de cómo se podrá acudir a ello, sin más daño de los indios que quedaban no me daba poca pena, y al fin vine a dar con la trasa… que yo he comenzado a tratar con S. M. de que será servido de mandar que, a cuenta suya, se traigan a esta tierra algunos negros.

El mulato libre, todavía escaso, no alcanzó a sustituir la creciente demanda; además, el mulato tasaba su trabajo en un valor que parecía exagerado a propietarios territoriales que se habían acostumbrado a la mano de obra baratísima del aborigen. De entonces datan las órdenes imperiosas para que substituyeran a los indios «flacos y débiles» que sobrevivían, por negros esclavos, tanto en la labor de las minas, como en los obrajes y trapiches. Y esta substitución se realizó a pesar de la oposición de los mismos colonos, que, en el caso particular de las minas, consideraban el trabajo del indio más renditivo que el del esclavo.

Esta época, que coincidió con la celebración en España de los asientos parciales con los rendeiros, primero, y, después, con la era de los grandes asientos con los portugueses, se caracterizó por la canalización del tráfico esclavista hacia la Nueva España. En efecto, en los referidos asientos Cartagena de Indias y Veracruz aparecen como los puertos de entrada de la mercancía de ébano a las Indias y, según cartas de los interesados en este tráfico, sólo México podía absorber en su mayor volumen las cargazones provenientes del África. El factor del asiento en Cartagena, por 1600, decía a su corresponsal en México: «entraron cinco navíos juntos estando la tierra harta, así que os digo que cada día han de ir negros de acá porque no hay salida para otra parte».

Nada extraño, por tanto, resulta que el padre Vázquez de Espinosa calcule a la ciudad de México, «que vio con sus propios ojos cuando estuvo en ella el año 1612», una población de 15 000 españoles, 50 000 negros y mulatos, más de 80 000 indígenas en su jurisdicción. Es indudable que el cálculo fue exagerado, pero la proporción es significativa. Vázquez de Espinosa visitó la capital del virreinato en los momentos en que aquella absorbía mayor cantidad de ébano. Gage, más ponderado en cuanto a números, al pasar por la ciudad en 1625, informa que tenía entre 30 y 40 000 habitantes. Gage se extasía en larga página describiendo el traje y los encantos de la mujer de color, que de México es lo que parece haberle llamado más la atención, pero no indica el monto apropiado de esta casta, sólo dice que eran multitud, y que mantenían a la ciudad en perpetuo temor de motín.

Otro padre, esta vez jesuita, Andrés Pérez de Rivas, escribiendo a mediados de este siglo XVII la historia de su Orden, nos ofrece una cantidad interesante:

No ha sido —dice— menos trabajo y glorioso el ministerio de catequizar y confesar a los negros bozales que de Angola, Congo, Guinea y otras partes del África venían empeñándose en caridad apostólica, en doctrinar a estos rudos e incapaces, e inmediatamente cortados de las selvas de su gentilismo; los cuales como eran de tres a cuatro mil cada año y con el hambre y desnudez y otras incomodidades que pasaban en la estrechez de un navío llegaban muchos enfermos y perecían algunos sin confesión y bautismo.

Aunque el fraile jesuita, como en lo general todos los cronistas religiosos de la época, echa a volar su imaginación en cuanto a números, parece indudable que la trata de esclavos derivaba la mayor parte de sus cargazones hacia la Nueva España. Los asientos celebrados con Su Majestad no concedieron más de 5 000 licencias anuales, de las cuales los contratadores se obligaban a meter 3 500 vivos en todas las Indias. De aceptar como exacta la cifra del padre jesuita habríamos de conceder que durante la primera mitad del siglo XVII la totalidad de las arribazones descargaban en México, y esto es totalmente falso. El deseo de hacer resaltar la labor evangélica de la Orden a que pertenecía, llevó al padre Rivas a dar el número exagerado. Podemos aceptar que alguno que otro año las entradas de negros llegaron a alcanzar el guarismo de 3 a 4 000 cabezas, mas indudablemente no en todos sucedía lo mismo. Más aproximados a la verdad estaremos si asignamos a la Nueva España solamente las dos terceras partes de las cargazones. Ello nos permitirá realizar el cálculo de la población negra para 1646.

Las sumas de esclavos introducidos a las Indias por la vía legal de 1595 a 1640 fueron aproximadamente: por Gómez Reynel en cinco años, 17 000; por Rodríguez Coutinho en tres años, 10 500; por Váez Coutinho en seis años, 21 000; por Fernández d’Elvas en ocho años, 29 574; por Rodríguez Lamego en nueve años, 31 500; por Ángel y Sossa en nueve años, 22 500; que dan un total de 132 574 negros introducidos a América. Si consideramos, de esta suma, las dos terceras partes, aparecen introducidos a México en los referidos 45 años la cantidad de 88 383 esclavos, de los cuales una tercia parte era mujeres: 29 461, y las dos restantes, hombres: 58 922. Teniendo en cuenta que la vida media de un esclavo no iba más allá de 15 años de trabajo intensivo, llegamos a la cifra de 19 307 individuos del sexo masculino como población probable del año dado, y 19 640 esclavas, si a éstas damos un promedio de vida dos veces mayor que al esclavo, dada su explotación menos ruda. Llegamos así a obtener la suma de 38 974 esclavos de ambos sexos para este periodo. La cifra no es exagerada. A un cálculo semejante se llega si nos basamos en los datos de Diez de la Calle. Este cronista, como sus antecesores, no da sino en determinados casos el número de esclavos; la mayoría de las veces se contenta con escribir, después de anotar el número de españoles, las frases «sin mucha sima de indios, negros y mulatos», o bien «sin gran número de negros y mulatos»; afortunadamente en el caso de Veracruz da el número de 5 000 negros y mulatos, y en el de Zacatecas, 800 esclavos, que pueden servirnos como base para calcular el incremento social de esta población. En efecto, si consideramos que el aumento realizado en Veracruz y Zacatecas son índices válidos para los restantes lugares del virreinato, y todo tiende a señalarlo así, obtenemos las cifras que muestra el siguiente cuadro.

 

Población negra en la Nueva España, por 1646

Obispado

Números

México

10 441

Tlaxcala

5 534

Oaxaca

898

Michoacán

3 295

Nueva Galicia

5 180

Yucatán

497

Chiapas

244

Total

35 089

 

 

Mestizos

 

El incremento social de las poblaciones blanca y negra favoreció el proceso de mestizaje. El español inmigrante era célibe que se casaba o amancebaba con la mestiza, la multa, la negra o la india; el negro, por razones que a su tiempo veremos, prefería el ayuntamiento con la india.

La población mestiza tuvo en el siglo XVII un crecimiento natural acelerado, cuya trascendencia vino a tomar forma estadística hasta el siglo XVIII. No existen datos que puedan sernos de utilidad para afirmar con seguridad la cuantía de esta población. Rosenblat, basándose en apreciaciones históricas, da las cifras siguientes: españoles americanos, 200 000; mestizos, 150 000; y mulatos, 20 000. La exigua cifra que fija a los mestizos predominantemente negros se explica, como hay lo hemos dicho, por el desconocimiento de la importancia histórica del africano en la Nueva España.

Tomando como base los datos calculados para 1570 y para 1742 y extrayendo el incremento anual de las castas en tal periodo, nosotros hemos obtenido las siguientes cifras: Euromestizos, 168 568; Afromestizos, 116 529; e Indomestizos, 109 042. El número mayor de mestizos predominantemente blancos y mestizos predominantemente indios —productos de la mezcla del español con el indígena— sobre los mestizos predominantemente negros —producto de la mezcla del negro con el indígena— debemos explicárnosla, en parte, por las limitaciones que imponía el estado de esclavitud del africano. Adelante veremos que el pase de casta, el cruce de la línea de color, es la explicación real de este fenómeno. En el siguiente cuadro hemos agrupado los datos correspondientes al año de 1646.

 

Población, por castas, en la Nueva España, por 1646

Obispado

Europea

Africana

Indígena

Euro-

mestiza

Afro-

mestiza

Indo-

mestiza

México

8 000

19 441

600 000

94 544

43 373

43 190

Tlaxcala

2 700

5 534

250 000

17 404

17 381

16 841

Oaxaca

600

898

150 000

3 952

4 712

4 005

Michoacán

250

3 295

35 858

24 396

20 185

21 067

Nueva Galicia

1 450

5 180

41 378

19 456

13 778

13 854

Yucatán

700

497

150 053

7 676

770

8 603

Chiapas

80

244

42 318

1 140

1 330

1 482

Totales

13 780

35 089

1 269 607

168 568

116 568

109 042

Relativos

0,8

2.0

74.6

9.8

6.8

6.0

 

[La Población Negra de México]

  • Número 93. Año 3 || 5 de agosto de 2019

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