La esclavitud, la abolición y los afrodescendientes

Memoria histórica y construcción de identidad en la prensa mexicana, 1840-1860

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Jorge E. Delgadillo Núñez

INTRODUCCIÓN

En sus interpretaciones de la historia nacional, escritores clásicos del siglo xix como Lucas Alamán, José María Luis Mora o Lorenzo de Zavala minimizaron tanto la existencia de la esclavitud como la presencia de la población afrodescendiente en México, a la vez que algunos de ellos exaltaban el abolicionismo mexicano.Por ejemplo, en su obra, Zavala afirmaba sobre el estado de Yucatán que: «la raza negra apenas se ha conocido en aquel estado, en donde no pasaba de doscientos el número de esclavos, cuya mayor parte estaba en Campeche». Por su parte, Mora aseveraba: «Los negros del África siempre han sido en México muy pocos, y de veinte años a esta parte ha cesado del todo su introducción», de tal suerte que en México «puede asegurarse ha sido desconocida la esclavitud; así es que no ha costado trabajo el abolirla, y en el día no hay un solo esclavo en todo el territorio de la República».

La influencia de estos autores en generaciones posteriores sentó las bases de una narrativa histórica en la que la esclavitud y los afrodescendientes son apenas mencionados. Diversos investigadores han tratado de desmantelar esta narrativa desde hace ya varias décadas; sin embargo, la mayoría de sus esfuerzos se han concentrado en el periodo virreinal o en la época contemporánea. Para algunos, está claro que la esclavitud y los afrodescendientes «desaparecen de la historia nacional» pocos años después de la Independencia, o que estos temas fueron silenciados o invisibilizados durante el proceso de construcción del Estado-Nación, especialmente después del decreto de abolición de la esclavitud de Vicente Guerrero en 1829. A pesar de la notoria e innegable minimización de estos temas por parte de algunos escritores del siglo xix, una lectura de los periódicos mexicanos más importantes de esa época evidencia que la esclavitud y la presencia de los afrodescendientes en el país siguieron siendo temas de interés público.

En este sentido, el propósito de este artículo es mostrar que estos temas siguieron formando parte de la vida pública mexicana por medio de la prensa entre las décadas de 1840 y 1860. Sin embargo, más allá de devolverle visibilidad a estas cuestiones, la relevancia de exponer su vigencia en esa época radica en el poder retórico que tuvieron, es decir, en los usos políticos que los escritores hicieron de estos temas, y en su papel como referentes en la construcción de identidades y narrativas históricas que siguen ejerciendo una influencia en el mundo actual. Asimismo, analizar las discusiones sobre la esclavitud, la abolición y los afrodescendientes en periódicos mexicanos revela diversas conexiones atlánticas. Esto es, el escrutinio de estos temas en la prensa nos lleva a considerar la resonancia de la esclavitud transatlántica y de los movimientos abolicionistas de mediados del siglo xix en México. Este análisis, entonces, nos ayuda a situar a México como parte de procesos más amplios y a mostrar de qué manera México participó, a la vez que amplió, en los debates internacionales sobre la esclavitud y la abolición, al ligarlos con discusiones sobre hispanismo y latinidad.

Este artículo está dividido en tres secciones. La primera parte establece un contexto histórico e historiográfico que enmarca la pregunta sobre por qué es relevante considerar que la esclavitud y la abolición siguieron siendo temas discutidos durante el siglo xix, a pesar de que en México la esclavitud africana ya no existía durante esa época. La segunda parte analiza los diferentes usos que los escritores le dieron a estos temas en los dos periódicos más importantes del país durante la época, El Siglo Diez y Nueve y El Universal, así como el poder retórico que tuvieron estas cuestiones, especialmente en los procesos de construcción de identidades y narrativas históricas nacionales. Por último, la tercera sección amplía el análisis anterior y examina cómo, al discutir sobre la esclavitud y la abolición, estos periódicos contribuyeron en la formación de las ideas mexicanas sobre Hispanoamérica y Latinoamérica.

 

LA HISTORIOGRAFÍA SOBRE LA ESCLAVITUD, LOS AFRODESCENDIENTES Y LA PRENSA MEXICANA

Desde la llegada de los españoles a lo que actualmente es México en el siglo xvi y hasta la primera mitad del xviii, cuando se registró el desembarco de la última nave esclavista en la Nueva España, se estima que entraron a dicho territorio más de 300 000 esclavos africanos. Aunque la población negra nunca superó el 2% del total de la población del virreinato mientras duró el tráfico transatlántico, su gradual liberación, reproducción y mezcla con los demás grupos dio origen a una de las poblaciones afrodescendientes libres más grandes del continente a finales del siglo xviii y principios del xix. Estimaciones recientes sostienen que antes de la guerra de Independencia aproximadamente 10% de la población del virreinato era afrodescendiente, o, en la terminología de la época, negros, mulatos, pardos y moriscos. De estos, es probable que al menos 10 000 aún fueran esclavos antes de la Independencia.

A pesar de que actualmente sabemos bastante sobre las poblaciones afrodescendientes del periodo virreinal y de la época actual, es poco lo que conocemos sobre lo que pasó con los afro-descendientes, libres o esclavos, una vez concluida la guerra de Independencia. En efecto, como se dijo al principio, es como si la esclavitud y los afrodescendientes desaparecieran de la historia una vez terminado el proceso de Independencia. De aquí resulta la relevancia de resaltar que estos temas siguieron vigentes en los periódicos de mediados del siglo xix. En las siguientes líneas, entonces, se trata de establecer la trayectoria de los estudios sobre afrodescendientes en México y de enfatizar la necesidad de un estudio sobre este grupo en el siglo xix que tome en cuenta a la prensa como fuente para la historia cultural de la esclavitud.

El estudio de la esclavitud y la población afrodescendiente en México data de la primera mitad del siglo xx, con un trabajo de Gonzalo Aguirre Beltrán. Sin embargo, los investigadores no empezaron a prestarle atención al tema sino hasta hace unos 30 años. Desde entonces, numerosos historiadores en México y Estados Unidos han expandido nuestro conocimiento sobre este grupo poblacional. En conjunto, estudiosos como Luz María Martínez Montiel, María Elisa Velázquez, Juan Manuel de la Serna, Adriana Naveda, María Guadalupe Chávez y Cristina Masferrer en México, así como Ben Vinson III, Herman Bennett, Patrick Carroll, Nicole von Germeten, Joan Bristol, Frank Proctor y Pablo Sierra en Estados Unidos, sólo por mencionar unos pocos, han ampliado las fuentes que usamos para estudiar estos temas y las preguntas que nos planteamos sobre su historia. Gracias a estos autores ahora tenemos cifras más precisas sobre el tráfico de esclavos hacia la Nueva España; ahora sabemos que los afrodescendientes participaron en la Conquista de México; que su presencia se extendió a lo largo de todo el territorio que ahora es México; que participaron en prácticamente todas las actividades económicas importantes; y que, a pesar del lugar subordinado que ocuparon, construyeron comunidades y tuvieron un rango de maniobra para negociar su lugar dentro de la jerarquía social.

A pesar de estos grandes progresos sobre la historia de la esclavitud y los afrodescendientes, uno de los temas que aún necesitan ser más estudiados es el complejo proceso por el cual la esclavitud africana llegó a su fin en México. El abolicionismo mexicano, ciertamente, ha recibido atención desde el siglo xix, pero aún no queda claro ni el alcance ni la efectividad de los distintos bandos y decretos que trataron de abolir la esclavitud en las primeras décadas del siglo xix. Sin embargo, gracias a los trabajos de Juan Manuel de la Serna, Adriana Naveda y María Guevara Sanginés, por ejemplo, sabemos que a pesar de que la esclavitud estaba en declive en México desde el siglo XVIII, en algunos lugares pudo haber persistido hasta 1830 y en otros hasta 1840, es decir, después de la abolición de Hidalgo en 1810, la de Vicente Guerrero en 1829 y de la ley de 1837. Además, aunque este artículo se enfoca en los afrodescendientes, vale la pena señalar que algunos autores han demostrado que la esclavitud, particularmente la indígena, siguió existiendo bien entrado el siglo xix. Por lo tanto, es factible decir que más que tener que ver con las leyes, el fin de la esclavitud en México tiene que ser explicado por otros factores. Empero, esto no quita relevancia al tema del abolicionismo mexicano, pues, como se verá en la siguiente sección, afirmar que México desempeñó un papel pionero en este proceso ha sido una estrategia retórica fundamental en la formación de narrativas e identidades.

Ahora bien, los estudiosos de las poblaciones afrodescendientes que viven en el México moderno se han interesado en la construcción de identidades. En particular, en cómo estos grupos forman su identidad considerando la ideología de mestizaje, que privilegia las herencias indígena y europea de la nación, a la vez que minimiza la herencia africana. Al menos dos corrientes diferentes pueden distinguirse en estos trabajos. Por una parte, investigadores principalmente formados en Estados Unidos utilizan en sus estudios nociones surgidas de la realidad histórica de las poblaciones afroamericanas, tales como negritud (blackness), raza o diáspora. Autores como Christina Sue, por ejemplo, han argumentado que los negros de Veracruz no se identifican a sí mismos de esta manera debido a la hegemonía de la idea de mestizaje. Por otra parte, otros estudiosos argumentan que los modelos surgidos de la academia estadounidense no explican las diferentes realidades históricas de las poblaciones afrodescendientes de México. Ellos prefieren hacer un análisis de las diversas formas en que estos grupos se autoidentifican antes de imponer cualquier marco teórico. Laura Lewis, por citar un caso, ha descubierto que los pobladores de San Nicolás, Guerrero, han creado su propia versión del mestizaje al afirmar que ellos son morenos, producto de la mezcla indígena y africana.

Un problema con los trabajos sobre las poblaciones afrodescendientes contemporáneas es que, al explicar los procesos de construcción de identidad, obvian o desconocen procesos del siglo xix que desembocaron en las situaciones que ellos estudian. Análisis demográficos de la Nueva España, en específico de ciudades como Guadalajara, Oaxaca y México, han descubierto que mientras la población de españoles, indios y mestizos crecía a fines del siglo xviii y principios del xix, la de negros, mulatos y moriscos disminuía, a la vez que la población total aumentaba. Para los autores de estos estudios, es poco probable que los individuos que ahora llamamos afrodescendientes hayan muerto o migrado en mayor porcentaje que los otros grupos; por el contrario, es muy probable que hayan dejado de identificarse a sí mismos como negros y mulatos, para decir que eran mestizos o indios.Por lo tanto, los procesos que sociólogos y antropólogos describen en la época actual tienen sus raíces en el siglo xix.

En años recientes, autores como María Camila Díaz, María Dolores Ballesteros, América Nicte-Ha López y Peter Guardino han contribuido al entendimiento de cómo los afrodescendientes desaparecieron de los registros oficiales y cómo dejaron atrás sus identidades de negros, mulatos o moriscos. El consenso actualmente es que este proceso fue multifactorial, aunque algunos autores se enfocan más en unos aspectos que en otros. Algunos enfatizan que los afrodescendientes y la herencia africana de México fueron silenciados debido a prejuicios raciales.Otros, sin negar la discriminación existente, aseguran que después de la Independencia los propios afrodescendientes empezaron a identificarse a sí mismos simplemente como mexicanos para tratar de mejorar su situación social; resultando, inadvertidamente, en su propia invisibilidad. Este argumento, además, es consistente con los descubrimientos de la historia demográfica. Una limitación de estos trabajos es que se detienen antes de 1850, y con ello, de alguna manera refuerzan la idea de que la esclavitud y los afrodescendientes dejaron de ser relevantes después de la Independencia. Asimismo, a pesar de los avances logrados, estos estudios le han prestado poca atención a la prensa como fuente para devolverle visibilidad a estos temas o para conectarlos con otros que ya hayan sido trabajados. Es decir, al no enfocarse en la prensa, estos trabajos no han capturado el carácter público que estos temas siguieron teniendo a mediados del siglo xix.

En ese sentido, una contribución de este artículo es aprovechar una fuente poco utilizada en los estudios sobre la historia cultural de la esclavitud y la memoria histórica, en lo que se refiere a los afrodescendientes. La prensa jugó un papel fundamental en el desarrollo de la vida política y de la opinión pública en el México del siglo xix. Impresores, editores y libreros de la época cumplieron la función de mediadores culturales. Esta élite intelectual contribuyó en el proceso de construcción nacional de diversas formas; por ejemplo, preservando ciertos valores y principios hispánicos de la época colonial, que ayudaron a la creación de una incipiente identidad; asimismo, favoreciendo la diseminación de nuevas ideologías o dando a conocer las tendencias o movimientos culturales de la época. Los editores mismos eran conscientes de su papel dentro de la sociedad de la época. Por ejemplo, El Siglo Diez y Nueve reprodujo en 1857 un artículo en el que la prensa sudamericana reflexionaba sobre su lugar en la sociedad y en el cual afirmaba: «La prensa comprendió su misión en toda su estensión [...] por esto fué por lo que ella proclamó el derecho humano en todas las manifestaciones de la vida social, la abolición de la esclavitud, la destrucción de los privilegios, la igualdad ante la ley». Los periódicos, entonces, fueron el lugar por excelencia donde se discutieron los problemas más importantes de la nación. Las publicaciones periódicas del siglo xix han sido una de las fuentes más importantes para el estudio de este periodo tan trascendente en la historia de México. Sin embargo, las discusiones sobre la esclavitud y su abolición en la prensa mexicana han sido relegadas a un lugar secundario, en comparación con temas como la formación de facciones o partidos políticos durante la primera mitad del siglo xix, los debates parlamentarios durante la Reforma, o los intentos por construir una identidad nacional. El considerar a la esclavitud y a los afrodescendientes como algo del pasado, como se ha visto, es la razón principal por la cual estos debates no han recibido atención.

Utilizar la prensa como principal fuente, sin embargo, implica ciertos problemas. En primer lugar, los periódicos fueron un producto de las élites, por lo que estos reflejan los puntos de vista de este grupo específico y no necesariamente de la sociedad en su conjunto. En segundo lugar, y en relación con lo anterior, los periódicos necesariamente reflejan la posición política de sus creadores, por lo que es necesario contrastar distintos periódicos de diversas facciones políticas para obtener un panorama un poco más completo de los procesos estudiados. Es por eso que la investigación para este artículo se basa en la lectura sistemática de todas las notas relativas a la esclavitud, abolición, raza y negritud en el periódico El Universal —quizá el periódico conservador más importante de la época—, desde su primera publicación en 1848, hasta su final en 1855; asimismo, de los artículos relacionados con esos temas publicados por El Siglo Diez y Nueve —el periódico liberal más importante–, entre 1841 y 1858, año en que la divulgación de este periódico fue suspendida por un lapso de dos años. Los ejemplares de estos periódicos fueron consultados en línea a través del sitio web de la Hemeroteca Digital Nacional de México y del World Newspaper Archive.

Además de este análisis sistemático, por medio de la herramienta de búsqueda avanzada del sito de la Hemeroteca Nacional, se hizo un análisis más general con el propósito de saber la frecuencia con la que estos temas eran discutidos y su importancia relativa en comparación con otros. La búsqueda de los términos esclavo, esclavos y esclavitud en todos los periódicos mexicanos disponibles en dicha base de datos entre 1840 y 1860 arrojó un total de 7 750 menciones en 72 periódicos de 11 estados del país. Los dos periódicos seleccionados para este artículo fueron los que más prestaron atención a estos temas, de ahí que hayan sido elegidos. En contraste, el término indios, por ejemplo, contó con 7 825 menciones en 73 publicaciones también de 11 estados. Ambos están muy lejos de términos como religión, que es mencionado más de 21 000 veces en los periódicos de la época, o nación, que cuenta con casi 40 000 menciones en el mismo periodo. Un análisis más puntual de los dos periódicos seleccionados, además, revela que, en promedio, dos notas o artículos por mes hablaban de la esclavitud durante el periodo de estudio.

De lo anterior, se puede concluir que, en términos de visibilidad y alcance, los temas aquí analizados estuvieron a la par de los que fueron elegidos para comparar. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de la frecuencia en que aparecían en los periódicos. Es decir, aunque todos estos temas fueron discutidos en la misma cantidad de publicaciones disponibles en los mismos lugares, las cuestiones aquí analizadas no aparecían tan frecuentemente en los periódicos. Entonces, la relevancia de resaltar el carácter público de las discusiones sobre la esclavitud, la abolición y los afrodescendientes no radica en la frecuencia con que estos aparecían en la prensa, sino en los usos políticos de esos escritos y en el poder retórico de estos temas para la creación de narrativas e identidades que aún siguen teniendo influencia.

 

LOS USOS POLÍTICOS Y EL PODER RETÓRICO DE LA ESCLAVITUD Y LA NEGRITUD EN LA PRENSA

El 16 de septiembre de 1857, El Siglo Diez y Nueve publicó un artículo editorial con motivo de un aniversario más del inicio de la guerra de Independencia. En éste, Francisco Zarco, el autor, destacaba el carácter y las acciones individuales de los insurgentes, así como el legado que cada uno de ellos había dejado a la nación y al mundo. Iniciando con el padre Miguel Hidalgo, Zarco señalaba: «La gloria de HIDALGO consiste a los ojos de la humanidad entera, haber sido el primero en proclamar la abolición de la esclavitud, gloria que es hoy de la nación, y que nadie puede empañar». Después de repasar el temperamento y las obras de varios de los insurgentes, como José María Morelos, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, entre otros, el autor pasaba a reflexionar sobre los actos colectivos de estos personajes y sus repercusiones para el México de su época: «los insurgentes caminaban sin plan; adelantándose a su época iban en pos de instituciones liberales y humanitarias, proclamaban la igualdad de todas las razas, abolían la esclavitud y los tributos, querían alojar a México entre las naciones cultas de la tierra». Recapacitando sobre su propio tiempo, Zarco se lamentaba de que después de medio siglo el legado de los insurgentes siguiera enfrentando las mismas «calumnias» y «resistencias». A pesar de esto, el autor concluía su nota esperando que los mexicanos pudieran corresponder al legado de los insurgentes: «El más digno homenage que este pueblo puede ofrecer a la memoria de HIDALGO y de MORELOS, consiste en las conquistas de la civilización».

Aunque México fue con certeza un país pionero en la abolición de la esclavitud, actualmente sabemos que estas afirmaciones de Zarco no son históricamente precisas, ya que diversos territorios abolieron dicha práctica antes o al mismo tiempo que México. Independientemente, esta nota ejemplifica la manera en que la prensa —en este caso, la liberal— reinterpretó el pasado esclavista y abolicionista de México a mediados del siglo xix con el fin de construir una narrativa sobre la cual fincar una identidad nacional centrada en valores modernos como la igualdad y la libertad, y que fue opuesta a la idea (también producto de la prensa) de Estados Unidos esclavista.

La vigencia de ésta y otras narrativas en el mundo actual y su importancia en la formación de identidades de algunos mexicanos no puede ser sobrestimada. En efecto, a pesar de que la esclavitud continuó, aunque en decadencia, por al menos dos décadas después del bando de Hidalgo, este acontecimiento ha pasado a formar parte de la memoria histórica de los mexicanos por encima del decreto de 1829 o de cualquier otra ley posterior aboliendo la esclavitud. Así, los libros de texto gratuito de cuarto grado de primaria sólo mencionan el bando de 1810; además, los informantes o colaboradores de estudiosos de las poblaciones afrodescendientes en el México moderno recuerdan la abolición de Hidalgo y le otorgan un lugar central en su identidad como mexicanos. En este sentido, lo que aquí se pretende es mostrar el papel de la prensa en la reproducción, cimentación incluso, de una memoria histórica que sigue vigente.

Estas narrativas comenzaron a gestarse en los años siguientes al conflicto contra Texas y, posteriormente, durante la guerra con Estados Unidos. Hablar de la igualdad de todos los seres humanos y sostener una posición fundamentalmente opuesta a la esclavitud fue una estrategia —al menos a nivel discursivo— de las élites nacionales para diferenciarse de Estados Unidos (y en ocasiones de España y otras potencias europeas), y para argumentar que México tenía una posición moral más elevada. Por ejemplo, el 15 de noviembre de 1841, El Siglo Diez y Nueve publicó una nota que enumeraba los progresos de México desde su independencia, a la vez que aludía sutilmente al esclavismo texano y al reconocimiento de este territorio como república, por parte de Inglaterra: «¿Cuánto más honor no hace á la república mexicana la abolición de la esclavitud, como una de las primeras leyes, que a ciertas otras naciones el reconocimiento de esa esclavitud, introducida en un suelo que estaba prohibida, inconsecuentes con los principios que tienen proclamados?». Las otras naciones de esta cita son, desde luego, aquellas que reconocieron y apoyaron la independencia de Texas.

Posteriormente, el 25 de octubre de 1842, el mismo diario publicó un discurso pronunciado con motivo del fin del año escolar en Guanajuato, en el que claramente se entrelazan nociones de igualdad:

México toma el mayor empeño por la enseñanza de la multitud, estendiendo la instrucción á todos los ramos posibles: es decir, que no se limita a la igualdad ante la ley, principio fundamental de su pacto; sino que trata de proporcionar á los individuos que forman las masas la más noble de las igualdades, la igualdad intelectual, hasta donde esta pueda caber en la raza humana;

concepciones sobre la libertad: «México aspira á una libertad omnímoda, que no confunde con el libertinage; sino que hace consistir precisamente en la sujeción de todas las clases de la sociedad á una sola ley equitativa»; y una posición radicalmente antiesclavista:

[...] sin que en México se piense en libertad para unos y en esclavitud para otros, como se practica vergonzosamente en algunos países, que de un modo gratuito se han creído el emporio de la ilustración y de la justicia, cuando con un pretesto criminal á par que ridículo, el color de una piel, atan perpetuamente las manos de nuestros semejantes, y ponen sobre sus cervices un yugo de hierro [...] ¡Oh! [... ] México jamás pensará de esa manera.

En ese mismo año, y mostrando aún resentimiento por la guerra contra Texas, El Siglo Diez y Nueve, en línea con la opinión de este periódico sobre la esclavitud en general, publicó sobre el futuro de este territorio como país independiente: «nos parece muy difícil que Tejas llegue a formar una nación digna de alternar con los pueblos civilizados mientras mantenga en su seno la esclavitud».

También, entre enero y febrero de 1849, cuando el congreso mexicano discutía una nueva ley de colonización, la cual permitiría entrar al país a extranjeros sin pasaporte, El Siglo Diez y Nueve consideraba que quizá el ejemplo de orden y prosperidad de Estados Unidos perjudicaría cualquier intento de México de atraer nuevos colonos. Sin embargo, esperaban que las ideas sobre la libertad y la igualdad manifestadas en el país desde su independencia lograran atraer más población. Así, deseaban que «el estrangero inteligente y virtuoso se decida mas bien por el delicioso clima de nuestro país y por la posesión de algunas ventajas importantes, entre otras, la de la abolición de la esclavitud, decretada hace años en esta parte del continente americano». Similares ideas seguían presentes en 1855, cuando el mismo periódico tradujo una nota de la Sociedad Religiosa de los Amigos de la Gran Bretaña e Irlanda, en la cual se exhortaba a la abolición de la esclavitud en el mundo a nombre de la religión cristiana.

  • Número 119. Año III. 23 de marzo de 2020. Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.

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