El tercer elemento: la contribución africana en la construcción de “Guatemala”

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Beatriz Palomo de Lewin

ESCLAVOS URBANOS

Casas grandes

En las ciudades había 2.8 mujeres por cada hombre. Las esclavas trabajaban en «las casas grandes», donde habitaban muchísimas personas, la familia extendida, más los paniagudos (parientes pobres que les era permitido habitar en la casa grande y, por ello, recibían una ración de pan y agua y trabajaban para el patriarca).

En ellas había esclavos que hacían el oficio de mayordomos y cocheros y esclavas que a menudo habían sido parte de la dote del ama: les servían como doncellas y damas de compañía. Las amas mostraban cierto apego a estas esclavas y se negaban a separarse de ellas. Sólo en periodos de penuria económica decidían vender uno o dos esclavos: eran una especie de caja de ahorros. Es este tipo de esclavas y esclavos quienes reciben el don de la libertad por disposición testamentaria de sus amos y amas. Y en algunas ocasiones les heredan un pequeño rancho o algún negocio, como podría ser un cajón en el mercado. Los esclavos domésticos que no contaron con esa suerte, eran heredados hasta a una tercera generación.

Con frecuencia, las esclavas daban a luz niños mulatos que crecían en la casa y que, en muchos casos, eran liberados desde muy temprana edad y se les procuraba una educación para el trabajo artesanal. Además, estaban los indígenas, al inicio del período colonial, prestando servicios personales o, más tarde, trabajos en repartimiento. Los individuos de este grupo, en cuanto tuvieron la oportunidad, regresaron a sus pueblos de origen, y sus puestos fueron siendo paulatinamente llenados por esclavos y esclavas africanas o por negros y mulatos libres.

Artesanos

El sistema de gremios obligaba a los maestros a que en su taller tuvieran aprendices, que, eventualmente, al ser maestros, pondrían su propio taller. Hay casos documentados donde el amo pagaba el entrenamiento de su esclavo y luego, cuando éste se graduaba de oficial, el amo adquiría el derecho de recibir todo lo que el esclavo ganara con su trabajo. Los más prósperos consideraban más rentable entrenar a un esclavo que nunca podría hacerle competencia, ya que, jurídicamente, los esclavos y esclavas no eran personas y, por lo tanto, carecían de capacidad para hacer contratos; en consecuencia, estarían siempre bajo su autoridad.

Sin embargo, a pesar de todas las restricciones, muchos mulatos eran zapateros, tejedores, sastres o barberos. En el siglo XVIII ya había mulatos como oficiales y hasta maestros carpinteros, tejedores, calceteros y curtidores de cuero.

OTRAS OCUPACIONES

La corona utilizó a los esclavos africanos en la construcción de obras públicas y en las de carácter defensivo, siendo el fuerte de Omoa en Honduras, el ejemplo más prominente.

«Negros fueron los primeros mayordomos, los reclutadores de trabajadores indígenas y los conductores de recuas de mulas». Un amo o ama podía disponer de sus esclavos «como cosas»; podía venderlo, comprarlo, alquilarlo, darlo en prenda e, incluso, hacer que cumpliera una condena en la cárcel en lugar del amo. Blas Agustín, por ejemplo, solicitó a las autoridades que le buscaran nuevo dueño, pues estaba cansado de estar en la cárcel por las deudas de su amo, el capitán Juan Gálvez.

Sin embargo, había restricciones: No podía matárseles ni obligarlos a la prostitución. En esta época solamente se considera la prostitución de las esclavas y, en este sentido, si una esclava denunciaba a su amo por obligarla a la «putería», automáticamente la esclava ganaba su libertad al comprobarse el hecho. Sin embargo, en toda la época en que duró la esclavitud africana, sólo se encontró un caso en que hubo una denuncia. Algunos investigadores han insinuado que era algo corriente; sin embargo, no he encontrado pruebas documentales. Se podría especular, pero seguiría siendo especulación.

Por otra parte, el uso del cuerpo de las mujeres esclavas no requería de pago: ellas ya eran propiedad del amo. Es importante tomar en cuenta que para una mujer esclava era ventajoso aceptar los tratos sexuales de su amo, ya que, al procrear un hijo suyo, adquiría ventajas en el conglomerado de la casa grande, siendo el más importante el don de la libertad. Existen varios casos, pero, quizá, el más prominente es el del hermano del Cronista de Guatemala Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, autor de La Recordación Florida. «Felipe de Fuentes y Alvarado, mulato libre, nacido alrededor de 1640, hijo natural del Capitán Francisco de fuentes y Guzmán y de María de Alvarado, parda libre» […] «nació de padre soltero», un encomendero, y creció en la casa del padre; «el joven fue puesto como aprendiz de un maestro de sillería. Más tarde, él mismo llegó ser maestro de dicho oficio y propietario de una tienda ».

Los hombres eran empleados también como guardaespaldas. Este último oficio se ejercía con licencia especial, ya que los negros mulatos e indios tenían prohibido portar armas. En 1568, Pablo Escobar, escribano de cámara, solicita a la Audiencia que le permita traer consigo dos negros con armas, ya que «por haber servido su oficio con limpieza y fidelidad, como es obligado, se le han seguido muchas enemistades».

Asimismo, se sabe que algunas mujeres fueron perseguidas por la Inquisición, por santería o prácticas de hechicería, pero todas eran mulatas libres. Se podría concluir que, como esa actividad es de transmisión oral, que lo aprendieron de antepasadas esclavas, lo que indica que, si se ejercía la santería, no era denunciada por la comunidad esclava ni por los dueños de esclavos y esclavas.

CIMARRONES

El término cimarrón su usó inicialmente para referirse al ganado escapado. Los primeros seres humanos que se llamaron así fueron los aborígenes de las Antillas, por la misma razón. Posteriormente, se llamó así a todos los esclavos que se escapaban de sus dueños; estos esclavos eran difíciles de recuperar, ya que la población en general, o se apropiaba de ellos o los encubría, de manera que para la Corona resultaba demasiado oneroso organizar expediciones para recuperar a los esclavos escapados. Una vez que un esclavo había saboreado la libertad, tenía la tendencia de volverlo a intentar, o de volver para robarse a su familia, por lo que los amos decidían venderlo y ocultar que era un «huidor».

Los cimarrones se congregaban en comunidades llamadas palenques y vivían de lo que podían recolectar, cultivar o robar a los viajantes. Todos los esfuerzos para combatir la cimarronería fueron en vano, al igual que el contrabando de esclavos.

 

1773, EL OCASO DE UNA ERA

Los terremotos de santa Marta de 1773, no sólo destruyeron la ciudad, sino un modo de vida. Pronto se organizó el traslado al Valle de la Ermita y se empezó con la construcción de la Nueva Guatemala. La antigua Guatemala, como se empezó a llamarle, fue condenada a muerte. Se dejó de recoger la basura y se detuvieron los servicios municipales; no había abasto. Aquellos que se negaron a trasladarse, fueron abandonados a su suerte. La nueva ciudad necesitaba de todo, pero, en especial, de albañiles. Todos los que pudieron hacerlo (indígenas, ladinos, mulatos, negros y zambos) se dedicaron al negocio de la construcción. Los gremios ya no tenían el mismo poder y organización que en Antigua, por lo que no estaban en capacidad de controlar los precios ni las calidades.

Fue también un terremoto social. Muchos miembros de las antiguas élites sufrieron movilidad social descendiente. Perdieron sus casas y haciendas, y cuando se trasladaron al nuevo valle, la Corona los dejó en la estacada, no les dio el apoyo prometido. En los barrios pobres vivían tanto españoles, como indígenas, mulatos y negros en la misma casa, pero ya no en la constelación de la casa grande, más bien como un multifamiliar de diferentes grupos étnicos.

Sin embargo, la mentalidad se trasladó intacta. Los miembros de las castas seguían siendo discriminados por parte de los españoles pobres. Lo miembros de las pocas casas grandes trasladaron con ellos a sus esclavas y esclavos, pero ya no era lo mismo que antes. Había una gran cantidad de población desplazada, compuesta en gran parte de pardos, mulatos y negros, que montó campamentos en los alrededores de la ciudad; no estaban bajo el control del Estado, menos de la Iglesia,

El caos de la capital contaminó al interior, o quizás era el aire de los tiempos: «En 1810, los esclavos del ingenio de San Jerónimo iniciaron una rebelión para obtener pago por las horas de trabajo «como si de mozos libres se tratara». El convento de Santo Domingo y la mayoría de esclavos llegó a un convenio. Tanto a las esclavas como a los que así lo decidiesen, se les pagaría un jornal igual que a los mozos libres, y podían trabajar por día o por tarea. Con este trato, los esclavos perdieron el derecho a las raciones, vestuario y cuidado de la salud. Este documento nos permite constatar los oficios que los esclavos ejercían ya en el siglo xix: «Se autorizó un pago de dos reales diarios a los oficiales, artesanos, carpinteros, ebanistas y fundidores y medio real a los aprendices y el horario de ocho horas diarias».

VIENTOS DE LIBERTAD

En esta misma época se empieza a propugnar por la abolición de la esclavitud; paralelamente a esta ideología, la esclavitud había dejado de ser rentable. Sin embargo, «la gesta emancipadora de principios del siglo xix contó con la participación de negros y mulatos […] La promesa emancipadora de las luchas de independencia, se materializó para los esclavos cuando la Asamblea Nacional Constituyente abolió la esclavitud en 1823».

Una vez emancipados, los africanos continuaron con las actividades que habían desarrollado cuando eran esclavos. Muchos de ellos se quedaron sin trabajo. Las autoridades trataron de incluirlos en el sistema de «peonaje por deuda», lo cual no funcionó porque, desde muy temprano, los y las africanas mostraron un carácter individualista e indómito, y desaparecían cuando no se encontraban a gusto.

Por otra parte, la milicia fue un mecanismo de movilidad social para negros, mulatos y zambos que no sólo les aseguraba un salario, sino que les conquistaba prestigio.

REFLEXIONES FINALES

La sociedad guatemalteca requería del trabajo esclavo como un complemento de la economía local, no dependía de la fuerza de trabajo esclava para su supervivencia; por ello, es imposible calificarla de economía esclavista. Por otro lado, sería una exageración el afirmar que eran sólo artículos de lujo. La presencia africana es notoria tanto en el campo como en la ciudad. Todos los viajeros del siglo xix observan que la mayoría de la población en la ciudad es mulata. Esta percepción es un poco simplista, ya que eran miembros de las castas.

Contrario a lo que la generalidad cree, la mayoría de esclavos eran rurales, se concentraron en las haciendas azucareras de la Verapaz y del Valle de las Mesas y en los obrajes de añil de la costa del Pacífico.

Al inicio de la importación había un desbalance entre los sexos; dos siglos más tarde, los sexos estaban equilibrados en la población esclava, en general, pero en el agro había más hombres y en la ciudad más mujeres, hecho que favoreció el proceso de mestizaje, dando lugar a las castas y a la virtual desaparición de esta población, la que fue agrupada en el concepto de ladino, que se usa en la actualidad.

En lo que la estructura familiar se refiere, en el campo formaron núcleos estables, que se rompían cuando un miembro o varios miembros de la familia eran vendidos a otros ingenios o transferidos a la ciudad. Tenían una vida familiar propia. Los esclavos de las haciendas, raras veces eran mulatos.

En la ciudad predominaron las uniones ilegítimas. A pesar de la ausencia de matrimonios entre negros y blancos, en la ciudad nació la mayoría de los mulatos que, posteriormente, se vendieron. Los niños mulatos permanecían al lado de sus madres, aunque frecuentemente eran vendidos a tierna edad.

Puede decirse que, en la ciudad, la familia del esclavo negro tendía hacia la desintegración; mientras que en el campo, no.

Los españoles habían aprendido en las Antillas que la extinción era posible; por ello trataron de proteger a los indios, que habían disminuido visiblemente en número en las primeras cuatro décadas del proceso de conquista. Los españoles decidieron que los africanos eran más fuertes y que podían sobrevivir donde los indios perecían. No fue así, pero, como eran vistos como mercancía, siempre se podían importar más.

En los ingenios eran la eran la médula de la producción de azúcar. De la misma, manera jugaron un papel importante en el transporte de mercaderías y en los oficios artesanales. En las minas eran los responsables de casi todo el proceso; los indios hacían el trabajo más liviano.

Su presencia en los obrajes de añil era un requisito legal, ya que los indios siguieron siendo contratados clandestinamente para dicho trabajo, hasta que éste fue nuevamente autorizado a mediados del siglo xviii, cuando la idea de que los indios recibieran un jornal, que les ayudaría a pagar el tributo en moneda, ya no en especies, les pareció más atractiva.

Se encuentra a esclavos y esclavas en los mercados, como vendedores y vendedoras ambulantes, en la milicia, en las cofradías y en la santería, como guardaespaldas, como cimarrones, en las cárceles y en las iglesias, como sacristanes. Prácticamente están en todas partes, por eso les he llamado el tercer elemento de la construcción de Guatemala.

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  • Número 127. Año III. 18 de mayo de 2020. Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.

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De la década de 1920.

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